Opinión

El coronavirus también infecta a la economía mundial

Fuerte impacto del coronavirus en la economía

Se dice que toda enfermedad afecta fundamentalmente a dos colectivos, en primer lugar a los propios enfermos, pero también a las personas encargadas de su cuidado. El coronavirus, además de enfermos y familiares, también está teniendo una importante afectación sobre la economía mundial, en un momento en el que todos los indicadores anunciaban una ralentización de la misma y algunos analistas ya estaban hablando de escenario de precrisis.

Uno de los mercados más afectados está siendo el bursátil, con caídas en todas las plazas no vistas desde la última crisis económica, lo cual está descapitalizando a importantes compañías de múltiples sectores e incluso a grandes bancos. El miedo y la incertidumbre no gusta a los inversores que, llevados por un pánico escénico, están abandonando la renta variable para refugiarse en valores más seguros como el oro, la deuda pública o incluso el dólar. Ni tan siquiera se ha librado bitcoin, cuyo precio también está cayendo por sorpresa de todos, puesto que hasta ahora su cotización siempre se había mantenido al margen de los vaivenes de la economía.

Por otra parte, el confinamiento de millones de personas en amplias zonas de China ha comportado el cierre de numerosas fábricas y cierta parálisis de la economía del gigante asiático que, en una economía globalizada, está causando problemas de abastecimiento en industrias de todo el mundo, como por ejemplo la de la automoción o de la telefonía móvil, pero también en la enorme red mundial de comercios y bazares regentados por ciudadanos de aquel país. De modo que, a medida que se expande la enfermedad, crece el número de industrias y comercios alrededor del mundo que se ven obligados a reducir su actividad o incluso a cerrar temporalmente.

Asimismo, otra de las industrias especialmente afectada es la del turismo, sobre todo en aquellos países, regiones y ciudades con un importante nombre de afectados. La irracional cancelación masiva de vuelos y reservas hoteleras, junto al cierre de monumentos y la suspensión de eventos de todo tipo, ha frenado en seco uno de los principales motores del intercambio económico mundial y ha encendido las alarmas en aquellos países cuyas economías dependen de forma importante de la llegada de turistas y, obviamente, de sus divisas. Incluso la OPEP se ha tenido que reunir de urgencia para intentar frenar el desplome del precio del petróleo ante la importante bajada de la demanda mundial de crudo.

España no es ajena a todas estas consecuencias. A la sonada cancelación del Mobile World Congress de Barcelona, se ha sumado el batacazo del IBEX35 que ha perdido en una semana un 12%, situándose en niveles de 2010, y el cierre de algunas plantas de fabricación de automóviles por falta de piezas procedentes de China. La afectación en el turismo de momento no se observa pero dependerá de la propagación de la enfermedad en nuestro país y, sobre todo, de la gestión de la información que medios públicos y privados hagan de la misma.

Es evidente que la globalización no sólo se explica por Internet, la economía digital o la posibilidad de viajar a bajo precio, también tenemos los desastrosos efectos del cambio climático, el injusto reparto de la riqueza mundial debido a la elusión fiscal de las multinacionales y ahora la emergencia sanitaria internacional causada por un virus desconocido que no sabe de fronteras. Todo lo cual nos urge a tomar medidas globales que permitan configurar un nuevo orden mundial a todos los niveles y que aseguren la sostenibilidad del planeta y el bienestar de sus habitantes. Ya no estamos ni en el siglo XIX ni el XX, de modo que los países y sus representantes deberían de dejar de lado sus políticas egocentristas, cortoplacistas y electoralistas, y empezar a tener altura de miras para comprender que el futuro de nuestro mundo depende de ello.

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