Opinión

El 'lebensraum' de Trump (III)

El presidente de EEUU, Donald Trump.

En 2015 Obama dijo en la ONU: "Dirijo las fuerzas armadas más fuertes que el mundo haya conocido. Y nunca dudaré en proteger a mi país, unilateralmente y mediante la fuerza donde sea necesario". Con ello, el Premio Nobel de la Paz subrayaba el epitafio que cubría la losa funeraria de las NNUU desde la intervención de la OTAN en Yugoslavia en 1999 y la invasión de Irak decretada por Bush hijo en 2003. Una intervención con la anuencia servil y co-responsable de Aznar, Tony Blair y Antonio Gutierres, actual Secretario General de las NNUU. Al final de su mandato de ocho años, Obama podía exhibir una hoja de servicios de guerra permanente en Afganistán, Irak y Siria y, además, con intervenciones militares para luchar contra el terrorismo en Libia, Pakistán, Somalia y Yemen.

El que el gasto militar de Trump se haya disparado, y sea la mitad del mundial, o que no se vean indicios de que desaparezcan algunas de las 800 bases de EEUU en el mundo, o alguna que otra de las 11 flotas permanentes surcando los mares, no puede hacernos olvidar que el imperialismo norteamericano viene de lejos. Las paroxísticas amenazas y declaraciones del actual presidente son y representan la consciencia de que el Nuevo Orden Internacional basado en la Pax americana ya no es ni tan inexorable ni tan generalmente aceptado. Y de ahí la extrema peligrosidad de la situación. Durante más de un siglo a la opinión pública americana se le ha ido inculcando cuatro ideas-fuerza: la primera, que sustenta la ideología exclusivista del mercado y la competitividad, y sanciona como antihéroe al loser (perdedor en la vida social). La segunda eleva a EEUU como campeón de la libertad y la democracia, aunque a veces "incomprendido por los beneficiaros" de sus esfuerzos. La tercera se asienta en la permanente existencia de un enemigo interno y externo en constante actividad conspirativa y subversiva contra el modo de vida americano: comunistas, terroristas, eje del mal, etc. Y la cuarta, manifestada por el Presidente Quincy y John Foster Dulles, Secretario de Estado: "Los Estados Unidos no tienen amigos sino intereses".

El Nuevo Orden impuesto por EEUU ya no es tan generosamente aceptado

¿Y cuáles son los intereses patrios de USA? A poco que se cotejen y comparen las características con las que Lenin describió al Imperialismo, observaremos que coinciden con el despliegue económico, comercial, político y militar de USA desde la I Guerra Mundial. Los acuerdos de Bretton Woods, la creación del Banco Mundial y FMI en 1944, la inconvertibilidad del dólar en oro en 1971, la creación del GATT (Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles) en 1947 o la creación de la OMC en 1995 han sido hitos en la hegemonía económica y financiera de EEUU. Incluso la ampliación de la UE a los antiguos países de la órbita soviética es el resultado de la estrategia americana cara a Rusia. Y todo este despliegue acompañado de la existencia de un poder militar incontestado y exhibido en guerras y operaciones militares puntuales.

Este panorama ha empezado a cambiar en los últimos veinte años. La aparición del Órgano de Cooperación de Shanghai en 2001, de carácter económico y militar, formado por Rusia, China, India, Pakistán y otras repúblicas asiáticas, la Deuda norteamericana en manos de China, la pérdida de cuota de mercado, la consiguiente hostilidad de Trump hacia la OMC y la vuelta al proteccionismo han hecho saltar por los aires la visión religiosa del libre comercio. EEUU mantiene intacto su poder militar y la nostalgia de un lebesraum económico y comercial que decae en medio de un mundo multipolar.

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