Opinión

El 'Lebensraum' de Trump (II)

EEUU ha intervenido militarmente en numerosos pa?ses.

La Alemania nazi utilizó la palabra Lebensraum (espacio vital, hábitat) para justificar y desarrollar su proyecto de expansión, incorporando manu militari territorios de otros Estados, como fueron los casos de la anexión de Austria a Alemania (Anschluss) en marzo de 1938, o la de los Sudetes checos en octubre del mismo año. Tanto en un caso como en otro, Francia y Reino Unido cedieron, pensando que era lo mejor, para evitar una guerra que, al final, llegó. El soporte ideológico del Lebensraum lo constituían tres pilares: la pretendida superioridad aria, la supuesta necesidad de ampliar Alemania como consecuencia de su presión demográfica y la revancha contra el Tratado de Versalles de 1919, que la Alemania vencida en la I Guerra Mundial se había visto obligada a firmar. El creciente proceso de rearme y la prioridad a la industria militar, confirmaban que el proyecto expansionista y bélico de Hitler iba en serio.

Los hechos anteriormente expuestos, junto con la II Guerra Mundial provocada por el régimen nazi y el holocausto de los campos de exterminio que organizó, siguen produciendo el rechazo y la condena de la opinión pública y de la publicada. Sin embargo, ante nuestros ojos se producen hechos y situaciones análogas que, mutatis mutandi, reproducen los momentos previos a la gran conflagración mundial de 1939-1945. Veamos.

Para situarnos, hagamos una reflexión previa en torno al acuerdo entre Trump y Netanyahu sobre el futuro de los territorios palestinos ocupados ilegalmente por Israel y sobre el futuro de Jerusalén. Un acuerdo que se suma a las incontables violaciones de la legalidad internacional de Israel. Ni la ONU ni la UE (¿qué hace Borrell?) han dicho nada serio ni digno. Por otra parte, el silencio connivente de las diplomacias occidentales ante este fait accompli no hace otra cosa que advertirnos, por desgracia inútilmente, sobre el peligro de la desmemoria. A pesar de ello, hagamos un esfuerzo para rememorar la Historia.

Desde la Guerra de Cuba en 1898, EEUU ha intervenido militarmente en otros países de América en 14 ocasiones y 21 en otros continentes, incluidas las dos Guerras Mundiales. La Carta Fundacional de la ONU en su artículo 2.4 obligaba a los Estados a abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia de cualquier Estado. El artículo 44.1 de la Carta otorgaba al Consejo de Seguridad la responsabilidad de intervenir militarmente en los casos excepcionales que lo demandasen y siempre bajo dirección de un Comité Militar elegido para ello. También el Consejo de Seguridad podía delegar en una potencia la tarea de dirigir una misión bélica multinacional que desarrollase la misión acordada en el Consejo de Seguridad. Fue el caso de la Guerra de Corea (1950-1953). Luego, EEUU organizó la invasión de Cuba (1961) e intervino en Granada (1983) y Panamá (1989), sin mandato de la ONU. Pero fue en 1999 cuando Clinton, junto a la OTAN, ordenó bombardear Yugoslavia sin autorización del Consejo de Seguridad y con respaldo del Gobierno de España. Aquella ilegalidad, incursa en la tipificación de guerra de agresión, fue reconocida como tal por el Kofi Anann, secretario general de la ONU, en su comparecencia ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso en 1999. EEUU quebraba la legalidad fuera del continente americano. En ese mismo año la Cumbre de la OTAN de Washington decía en su comunicado que se independizaba de la ONU y se atribuía la capacidad de actuar fuera de las fronteras de los países miembros. Continuaba la preparación de un Nuevo Orden bajo la égida de EEUU.

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