Opinión

Inestabilidad desde España hasta China

Se debe huir del alarmismo respecto al coronavirus

Parece que el mundo se mueve (me cuesta escribir que avanza) a trompicones de forma que a períodos de relativa calma siguen otros de actividad frenética. Y estos días han ocurrido y siguen ocurriendo muchas cosas dentro y fuera de nuestras fronteras que merecen nuestra atención.

Por comenzar por casa, me sigue pareciendo un error la designación de Dolores Delgado como Fiscal General del Estado. No dudo de su competencia, que viene avalada por una brillante carrera en el mundo de la Justicia. Dudo de su idoneidad para un cargo extremadamente sensible en el momento de la actual política española, porque va a ser inevitable que algunas decisiones suyas, que pueden estar basadas en serios argumentos sean sin embargo vistas como resultado de presiones del Ejecutivo. Y eso no es bueno, es muy malo desde que Montesquieu inventó esa división de poderes que Alfonso Guerra declaró un día muerta porque "el que se mueva no sale en la foto". Y la división de poderes es esencial en toda democracia. Por eso la Fiscal General del Estado no solo debe ser independiente,sino que debe parecerlo. Como la mujer del César.

A pesar de salir victorioso, Trump no podrá quitarse   la mancha del 'impeachment'

En Cataluña el señor Torrent, president del Parlament, ha quitado el acta de diputado al señor Torra, president de la Generalitat. Que se cumplan las sentencias de los tribunales es algo que no merecería comentarios por ser lo normal, o por deber serlo, porque resulta que últimamente no es lo que ocurre en Cataluña. Sea bienvenido el respeto a la Justicia, así como la convocatoria de nuevas elecciones que esta decisión ha traído consigo, pues con suerte saldrá un Ejecutivo que comience a preocuparse por los auténticos problemas de los catalanes tras estos años en que la Generalitat ha estado ocupada por activistas sectarios.

Lo de Venezuela es de aurora boreal, tanto el feo que Pedro Sánchez le ha hecho a Guaidó, recibido con honores por Merkel, Johnson y Macron (y luego por Trump), como el esperpento del ministro Ábalos en el aeropuerto con la vicepresidente Delcy Rodríguez, del gobierno de Maduro, que tiene prohibida la entrada y el tránsito por los países de la UE. Sobre el trato a Guaidó, el gobierno es libre de cambiar su política (aunque la política exterior debería ser de Estado y no de Partido) pero Pedro Sánchez debería tener la amabilidad y valentía de explicarlo en el Parlamento. Para saber dónde estamos. Y lo de la vicepresidente Delcy Rodríguez, el ministro Ábalos debería saber (a la vista de sus contradicciones y balbuceos no debe saberlo) que un auto del Tribunal Constitucional de 6 de marzo de 1996 establece sin lugar a dudas que la zona internacional de los aeropuertos y su espacio aéreo son territorio español. O sea que cometió una infracción. Quiero pensar que por pura ignorancia aunque siempre queda en todo esto de Venezuela la alargada sombra de Unidas Podemos y de sus relaciones con Chaves y Maduro.

Hay que reconocer la gravedad del coronavirus pero se debe eliminar el alarmismo actual

En positivo queda el papel protagonista del Rey Felipe VI en las conmemoraciones de la liberación de Auschwitz, tanto en Jerusalén, donde habló en nombre de otros 40 invitados en la cena ofrecida por el presidente Rivlin, como en luego en Polonia. No hay que olvidar que el Rey de España lo es también de Jerusalén por esas cosas de la Historia (el título le llega por herencia de Fernando el Católico, que a su vez lo había recibido del Rey de Nápoles), igual que nunca hay que olvidar la terrible tragedia de la Shoah para que nunca más se pueda volver a repetir una barbaridad semejante, sonrojo de la humanidad. Y en negativo el numerito montado por los grupos parlamentarios que no acudieron a la apertura de la Legislatura por el Rey y se manifestaron en la Carrera de San Jerónimo diciendo estupideces como la de que Don Felipe "no es nuestro rey" o que la Monarquía "es heredera del franquismo. En su actitud se combina ignorancia, mala educación y una soberbia empanada constitucional. Son más o menos los mismos que prometieron sus cargos con folclóricos añadidos. Antes de tomar posesión estos diputados (me cuesta llamarles "señorías") deberían asistir a un curso acelerado sobre lo que dice la Constitución que les permite estar donde están.

En el plano internacional también son cuatro los aspectos a comentar. La despedida británica de la UE, en la que todos perdemos aunque ellos aún no se hayan dado cuenta. Nada cambia tras el 31 de enero (salvo que los británicos no votarán en Bruselas) pues tenemos en principio hasta fin de año para negociar nuestra relación futura y entonces sí habrá cambios. No será una negociación fácil ni por el temario ni por las prisas que el premier Johnson les quiere imprimir.

El proceso de destitución de Donald Trump se ha saldado con el triunfo de los Republicanos y con un presidente más crecido que nunca, como mostró en su discurso sobre el Estado de la Unión. Pero las dudas sobre su honestidad planearán sobre las elecciones del 3 de noviembre porque si lo ha hecho antes, lo puede volver a hacer. El sistema queda tocado y tampoco él podrá nunca eliminar de su currículo la mancha del Impeachment. El último capítulo sólo se escribirá cuando los norteamericanos acudan a las urnas, aunque hoy la reelección de Trump está más cerca que antes.

En Washington Trump ha dado a conocer el "Acuerdo del Siglo", su plan de paz para israelíes y palestinos, totalmente sesgado a favor de los primeros y que a mi juicio no tiene ningún futuro. Pero tiene presente como el "Regalo del Siglo" que les viene muy bien tanto a él como al primer ministro de Israel. A Trump, porque distraía del momento crucial del proceso de impeachment y porque le traerá votos en noviembre, y a Netanyahu porque también distrae de sus acusaciones de corrupción y le da una baza fenomenal para las elecciones del 3 de marzo. La prueba de que es bueno para ambos es el momento elegido para hacerlo público. Aquí los palestinos parecen ser los que menos importan.

Finalmente, el coronavirus se extiende implacable desde China. Preocupa su novedad, su resistencia y lo rápidamente que se multiplica, aunque su índice de mortalidad es del 2%, aproximadamente como una gripe normal. Igual que preocupan también sus fuertes consecuencias económicas, que se extienden más allá de China. Todo esto es grave pero sobra alarmismo. Al menos por ahora.

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