Opinión

El dilema Pizarro/Solbes

  • El sábado volvimos a ofrecer nuestra alternativa sólida y fiable
  • Cabemos todos en el coche, pero sólo pueden tomar el volante quienes saben conducir
  • El PP ha hecho visible su compromiso con España
El pol?tico y empresario espa?ol Manuel Pizarro.

Pasa Manuel Pizarro por ser un humanista, con una formación brillante y una trayectoria profesional incuestionable, de esos hombres que arraigan con la tradición de los aragoneses ilustrados y reformistas del siglo XVIII. Como buen aragonés, es perseverante y contumaz, a sabiendas que en el tesón está la virtud y la mesura de lo bien hecho. Como amigo, y bien que lo sé, de los mejores que he conocido.

Cuando el sábado en Córdoba, al inicio de la Convención económica, nos saludamos nuevamente a la sombra de la catedral, más allá de la conversación íntima que tuvimos, me vino a la mente aquel debate icónico de 2008 y que constituye ya un referente en la historia de la economía española de las últimas décadas.

Hay dos formas de enfocar los problemas de la economía española: por un lado, desde el diagnóstico veraz y responsable que permita adoptar las decisiones oportunas que impulsen el crecimiento económico, la creación de empleo y la satisfacción de los servicios públicos esenciales de modo eficaz y eficiente, y, de otra parte, desde la negación permanente de la realidad con el objetivo último y único de identificar espuriamente responsables ajenos al deterioro de la situación y abdicar así de las obligaciones inherentes a una correcta gestión política. En suma, el dilema Pizarro/Solbes vuelve a estar de rabiosa actualidad y no podemos volver a equivocarnos en la elección del ganador.

Nuestro programa económico es el más ambicioso y el más idóneo para enfrentar los retos

El presidente del Gobierno proclamó hace unos días que se avecinaba una crisis. Fue el presidente del Gobierno y no el Partido Popular el que emitió esa opinión y pronunció una palabra que nos lleva directamente a enfrentarnos a la más áspera realidad. El deterioro económico se agrava a unos ritmos que el Gobierno no pudo ni supo anticipar. En el primer trimestre de este año crecíamos a un ritmo del 0,7 por ciento, en el último trimestre apenas alcanzaremos el 0,4 por ciento. El bloqueo político provocado por Sánchez también ha llegado al empleo. En septiembre el paro ha aumentado en 13.907 personas y se han creado sólo 3.224 empleos. La menor creación de empleo desde 2013. Hoy contamos con 19.323.451 afiliados. El último septiembre gobernado por el PP se crearon 877 empleos al día, con el PSOE sólo se han creado 107 empleos diarios. Además, es muy grave que el nuevo emprendimiento se ha reducido a un tercio respecto al año anterior, o que en el último año, 60.367 mujeres han abandonado las listas del paro, 20.992 menos que en el 2018 (cuando se redujo en 81.359 mujeres). 22.694 jóvenes de 25 años han perdido su empleo el último mes. Y, por último,  la contratación indefinida se sigue desplomando: en septiembre de 2018 crecía a tasas del 20,80 por ciento anual, y en septiembre de 2019 cae su crecimiento al 2,56 por ciento anual. La contratación temporal se incrementa en 12,4 puntos este año en detrimento de la contratación indefinida. Los indicadores, en definitiva, son elocuentes. No es alarmismo, es simplemente realismo.

El PP tiene un patrimonio de política económica basado en el rigor y en la sensatez, y la experiencia lo demuestra. Ese caudal político nos hace predecibles y generadores de la confianza necesaria para impulsar un proyecto político que no arrastre a los españoles a las tensiones a las que se les arrojó en la anterior crisis.

Los españoles pueden escoger uno de estos dos refranes: "no hay dos sin tres" o "a la tercera va la vencida". Porque hasta en dos ocasiones, gobiernos del PP tuvimos que contrarrestar los graves desequilibrios presupuestarios y, ante todo, reducir los indicadores de desempleo que tanta pobreza y desigualdad generaron. La Convención de Córdoba volvió a demostrar que los equipos están preparados, con profesionales con una dilatada experiencia de gestión, y que allí donde ya gobernamos, hemos cumplido con nuestra agenda reformista.

La Convención económica del PP ha sido una oportunidad para volver a hacer visible nuestro compromiso con España que es nuestro compromiso con el crecimiento económico, la creación de empleo, la mejora de la competitividad en un entorno de transformación digital, la reforma de las Administraciones Públicas y el bienestar individual de todos los españoles. Es la razón de ser de la política.

El sábado volvimos a ofrecer nuestra alternativa, sólida y fiable, pero sobre todo creíble y eficiente. El PP mantendrá su compromiso con una política fiscal y presupuestaria estable, con su agenda reformista, con su impulso a favor de la libertad de empresa en un mundo de economía global, a la investigación y al desarrollo protagonizados por nuestros excelentes investigadores y la remoción de aquellos obstáculos que todavía impiden el pleno desenvolvimiento de las potencialidades de nuestros autónomos y emprendedores. Nuestro programa económico es, con diferencia, el más ambicioso y el más idóneo para hacer frente a los nuevos retos, incluyendo un sistema tributario justo que suprima figuras impositivas anacrónicas como el impuesto sobre el patrimonio o sobre sucesiones y donaciones, y que reduzca la carga fiscal en la imposición directa tanto de las personas físicas como de los autónomos y sociedades.

El poder político es un vehículo que circula por una carretera donde cabemos todos y donde el diálogo social y la concertación son necesarios. Un vehículo donde es necesario activar las luces cortas, pero sobre todo donde es necesario saber iluminar también con luces largas, al uso webberiano, los desafíos de una nueva era caracterizada por una crisis demográfica sin precedentes y por un cambio de modelo productivo que nos conduce a una nueva aldea, la aldea tecnológica, productora de nuevos modelos de convivencia y de trabajo. Cabemos todos pero solo pueden sentarse al volante aquellos que sepan conducir este automóvil. ¿Pizarro o Solbes?

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