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Luces y sombras de la gestión en activos chinos

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La economía china empezó el tercer trimestre del año con más signos de debilidad. Casi todos los datos e indicadores se situaron por debajo de las previsiones de consenso. Además, las recientes noticias sobre los problemas de los principales promotores inmobiliarios del país (siendo Country Garden el caso más sonado), que no pagaron o aplazaron los pagos, han aumentado la inquietud en los mercados de renta variable y renta fija.

Las dificultades en el sector inmobiliario están dañando la confianza de los hogares, a través de un efecto riqueza negativo, reduciendo su propensión al consumo. El IPC, ya en terreno negativo, ha abierto la puerta a un escenario de deflación y ha puesto de manifiesto la debilidad de la demanda. Es, cuanto menos, un panorama complejo para la gestión de activos de China.

Los dos elementos más favorables a la hora de la gestión de activos chinos, en especial en renta variable, son la valoración y el posicionamiento. Los múltiplos chinos, aunque no están en los niveles mínimos alcanzados en el segundo semestre de 2022, siguen estando por debajo de la media histórica, lo que ofrece margen para la recuperación. Además, el posicionamiento de los inversores extranjeros parece bastante moderado, lo que podría generar fuertes entradas en caso de que empecemos a recibir buenas noticias desde el gigante asiático.

En el lado negativo, los riesgos de una mayor desaceleración económica y los posibles efectos negativos sobre los beneficios previstos de las empresas siguen llamando a la cautela. A corto plazo, la cuestión clave es si las autoridades de país asiático serán capaces de reequilibrar la economía evitando el estancamiento y la deflación, y esto por ahora no está del todo claro.

Por otro lado, los inversores deberían tener en cuenta que las autoridades chinas son capaces de proporcionar enormes medidas de apoyo, en caso de que la desaceleración económica supere los umbrales de tolerancia (más altos) del Gobierno. En este caso, podrían surgir interesantes oportunidades de inversión.

Dicho esto, a medio plazo China sigue siendo una importante oportunidad siempre que los inversores discriminen más, en comparación con lo ocurrido en el pasado, desde el punto de vista de los sectores, los estilos y los temas.

Ante la preocupación sobre la forma en que puede afectar la actual situación china a los mercados internacionales, el riesgo más importante es que una crisis crediticia sistémica en China se extienda al mercado crediticio mundial. Esto desencadenaría un movimiento masivo de aversión al riesgo por parte de los inversores. Por el momento, este parece ser un escenario de riesgo de cola.

Sin embargo, los efectos de la ralentización del crecimiento chino ya son visibles en algunos sectores mundiales concretos, en particular en los relacionados con la energía y las materias primas no energéticas. El impacto también fue significativo para algunas economías desarrolladas, especialmente en Europa, dada su mayor exposición a la economía china, siendo Alemania un ejemplo importante.

La economía y los mercados bursátiles de estados Unidos parecen, hasta el momento, menos expuestos a la zozobra china, aunque el todavía elevado vínculo comercial entre ambos países podría desencadenar importantes efectos de contagio si continuara la desaceleración del país asiático.

Por último, es necesario considerar la posibilidad de que otras economías en desarrollo se propongan como alternativa a China por razones tanto económicas como geopolíticas. Es el caso, por ejemplo, de la India, Vietnam o incluso México, donde algunos nombres importantes entre las empresas occidentales ya han aumentado su presencia diversificando la localización de sus centros de producción.

Se trata de un fenómeno que habrá que seguir de cerca en un futuro próximo, ya que podría tener importantes repercusiones incluso si China consigue estabilizar de nuevo su senda de crecimiento.

La palanca de la política fiscal

El Banco Popular de China relajó durante el verano su política monetaria en medio de unos datos decepcionantes. De cara al futuro, aunque la política fiscal ha introducido un conjunto de medidas graduales, parece reacia a recurrir a un paquete de medidas más decidido. Las esperanzas puestas en ello se han desvanecido.

Un objetivo natural sería el sector inmobiliario. Sin embargo, esto equivaldría también a contrarrestar en cierta medida la anterior política de desapalancamiento (y, por tanto, podría aumentar el temor de los mercados a que crezcan los problemas a largo plazo). Vemos más probable que la política se quede en medidas de apoyo locales.

Otro candidato a vivir ajustes si el deterioro económico se acentúa es el consumo privado. Dado que el ciclo manufacturero mundial se mantendrá débil durante un tiempo y provoca vientos en contra para las exportaciones, una demanda doméstica más fuerte podría ser positiva. Sin embargo, tradicionalmente la política fiscal china sólo apoya la producción (inversión), pero no el consumo.

Salvo sorpresa, la demanda global de China seguirá siendo débil y la política monetaria seguirá una senda de nuevas medidas de relajación.

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