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¿Debe preocuparse el dólar por la entrada de Arabia Saudí en el club de los BRICS?

Imagen: iStock

La adhesión de Arabia Saudí al club de los BRICS, la alianza de economías emergentes que busca actuar como contrapeso a Occidente y que responde a las siglas de sus impulsores (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica), podría abrir un nuevo capítulo en la lucha de fondo de los rivales geopolíticos de EEUU contra la hegemonía mundial del dólar.

La mayor sorpresa de la 15ª cumbre del club, que estos días se celebra en Sudáfrica, afirman los analistas internacionales, ha sido la incorporación del reino saudí. Se daba por seguro que Emiratos Árabes Unidos (EAU), Egipto y Bangladesh serían invitados a unirse, dado que ya formaban parte del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS. Pero al final, no sólo se ha invitado a EAU y Egipto, sino también a Arabia Saudí, Irán, Argentina y Etiopía. En el caso de Arabia se había rumoreado que quería entrar en el grupo, pero la situación geopolítica -dadas las tensas relaciones con Occidente- suscitaba dudas sobre si el país formalizaría lazos políticos y económicos con el clan de los emergentes.

La decisión adoptada parece inclinar la balanza de nuevo a un alejamiento de Arabia Saudí con el bloque liderado por EEUU tras el acercamiento que supuso hace unos días el acuerdo entre ambos países para el reconocimiento de Israel por parte de Riad. Los lazos entre el reino y EEUU se han ido deshilachando desde hace algún tiempo, con la excepción de un breve paréntesis con el presidente Donald Trump. Ha habido recurrentes informaciones de que Arabia Saudí aceptará el yuan para sus exportaciones de petróleo a China (petroyuanes) y, a finales de 2022, el reino desoyó las súplicas del presidente Joe Biden de aumentar la producción de petróleo, optando en su lugar por impulsar la decisión de la OPEP+ de recortar agresivamente la producción. Y a principios de este año, China medió en las conversaciones para restablecer los lazos diplomáticos entre Arabia Saudí e Irán.

Para los economistas de ING, esta llegada de Arabia Saudí al club da, como mínimo, un nuevo impulso al debate sobre la desdolarización, el proceso de poner en entredicho el dominio del dólar estadounidense en el comercio mundial. La preponderancia del dólar otorga a EEUU un enorme poder sobre el comercio mundial y los flujos financieros. La primera potencia mundial ha estado ejerciendo cada vez más ese poder, como se vio con las fuertes sanciones financieras a Rusia tras la guerra en Ucrania. Al hacerlo, expuso hasta qué punto las transacciones internacionales de otras economías dependen de la misericordia de Washington.

Esto ha estimulado las pretensiones de los adversarios geopolíticos de EEUU de contrarrestar la hegemonía del 'billete dólar', acusando incluso a la Administración de Joe Biden de usarlo como un "arma" más de guerra. En el debate se han cruzado amagos como el citado petroyuan, la posibilidad de una moneda 'sur' entre Brasil o Argentina o incluso la idea espoleada por Rusia de una nueva moneda común para el bloque de los BRICS. "Junto con sus compañeros exportadores de petróleo y gas, Irán y los EAU, la admisión de Arabia Saudí en la agrupación BRICS centrará inevitablemente el debate sobre el uso de monedas distintas del dólar en el comercio", explican los analistas Chris Turner, Warren Patterson y Dmitry Dolgin en una nota para clientes.

La suma de estos países de Oriente Próximo a la alianza aumenta el dominio energético del grupo, especialmente en lo que se refiere al crudo. En la actualidad, los miembros de los BRICS representan alrededor del 20% de la producción mundial de petróleo. Con la incorporación de Arabia Saudí, los EAU e Irán, el grupo representaría casi el 42% de la producción mundial de crudo, sobre todo porque Arabia Saudí es el mayor exportador mundial. En 2022, Riad exportó alrededor de 7,3 millones de barriles al día, lo que supone algo más del 17% de las exportaciones mundiales de crudo. La mayor parte de estas exportaciones (76%) se dirigen a Asia, de las cuales el 35% a China e India, miembros de los BRICS.

"Dadas las ambiciones de los BRICS de desdolarizarse, no cabe duda de que aumentarán las especulaciones sobre la posibilidad de que Arabia Saudí adopte cada vez más divisas no denominadas en dólares para el comercio de petróleo. Para algunos, podría tener sentido que el reino empezara a aceptar el yuan chino y la rupia india para vender su crudo. Y ha habido mucho ruido y, al parecer, discusiones entre Arabia Saudí y China sobre el asunto", señalan los estrategas de ING.

Sin embargo, matizan, hasta ahora no parece que los saudíes se hayan mostrado dispuestos. El hecho de que el rial saudí esté vinculado al dólar estadounidense (3,75 riales por billete verde desde la década de 1980) podría significar que los saudíes son reacios a iniciar el cambio, plantean. "Las autoridades saudíes han combatido rápidamente los brotes ocasionales de especulación contra el rial, principalmente a través del mercado de divisas a plazo. Si los saudíes empezaran a desdolarizar su economía mediante el aumento de los ingresos en divisas distintas del dólar, los inversores podrían empezar a preguntarse si se producirán cambios en la paridad. Por ejemplo, si el rial debería gestionarse frente a una cesta de divisas en lugar de sólo frente a la divisa americana", avisan desde el banco holandés.

El caso de Irán sí opera en esta dirección. Dadas las sanciones internacionales contra el país impulsadas por EEUU, cualquier comprador de su crudo pagará en divisas distintas del dólar. China es actualmente el mayor comprador de petróleo iraní y, al parecer, paga en yuanes. Sin embargo, su notablemente inferior producción petrolera disminuye la magnitud del posible efecto.

Todo este cuadro no parece que pueda alterar en exceso la dinámica actual, aunque sí puede contribuir lentamente a la tendencia que ya se aprecia en el horizonte: una mayor fragmentación según bloques. "La energía sólo representa el 15% del comercio mundial y que el hecho de que Arabia Saudí fije el precio de las exportaciones de petróleo a China e India en divisas distintas del dólar no significa el fin del dólar como moneda internacional de elección", aclaran los economistas de ING.

"La ampliación de los BRICS está impulsada por el deseo de construir una alternativa a un sistema internacional centrado en la hegemonía estadounidense", afirma a Bloomberg Hasnain Malik, estratega de Tellimer en Dubai. "Hay que distinguir entre el uso del dólar estadounidense como moneda comercial, que puede erosionarse a medida que muchos busquen una alternativa, y como moneda de reserva, con la que casi ningún otro país o grupo de países tiene el tamaño, la credibilidad institucional y las características de libre convertibilidad para rivalizar."

Hacia un mundo multipolar

"El papel de responsabilidad de una moneda internacional es de crucial importancia. Hasta que los emisores e inversores internacionales no se muestren dispuestos a emitir y mantener deuda internacional en divisas distintas del dólar -y la aceptación de los 'bonos Panda' en yuanes ha sido muy lenta-, sospechamos que la progresión hacia un mundo multipolar durará una década, un mundo en el que quizás el dólar, el euro y el yuan se conviertan en las divisas dominantes en América, Europa y Asia, respectivamente", añaden Turner y sus colegas.

Más duro se muestra Neil Shearing, economista jefe en Capital Economics, poniendo énfasis en que cualquier impulso dentro del bloque BRICS puede verse obstaculizado por la división de prioridades geopolíticas de los miembros. En particular, la relación entre los dos miembros económicamente más importantes, China e India, que es "más complicada y enconada de lo que se suele decir", defiende el experto. La escala también importa. "Los envíos entre China y Arabia Saudí representan menos del 0,5% del comercio mundial. El comercio entre las actuales naciones BRICS representa sólo el 2% del comercio mundial. Es improbable que el yuan desafíe seriamente al dólar en la escena mundial y la idea de una moneda BRICS es una fantasía aún mayor", sentencia. Los propios representantes de Sudáfrica en la cumbre han dicho que esta moneda única nunca se ha considerado en serio.

Con los datos en la mano, el papel del dólar en los pagos internacionales nunca ha sido tan importante, según los últimos datos sobre transacciones recopilados por el servicio mundial de mensajería financiera SWIFT, el sistema de pagos mundial de referencia del que se excluyó a Rusia en los primeros paquetes de sanciones por la guerra de Ucrania. Las cifras muestran que las transacciones relacionadas con el billete verde aumentaron hasta un récord del 46% en julio, frente a algo más de un tercio hace una década. El dólar fue la divisa que más transacciones registró, seguida del euro, la libra, el yen y el yuan.

Para Ulrich Leuchtmann, economista de Commerzbank, esta pugna contra el dólar por parte de estos países emergentes carece de fundamento. "Los BRICS afirman, de forma más o menos explícita, que Occidente (especialmente el G-7) goza de una ventaja injusta que impide al Sur Global ponerse a su altura. Una de sus metáforas es el supuesto "privilegio exorbitante" del que goza EEUU gracias al estatus de moneda de reserva del dólar. Llevo años presentando argumentos contrarios esta hipótesis, pero mi desacuerdo se debe en realidad a otra cosa: que no me creo la tesis del Sur Global desfavorecido", expone en su último informe sobre divisas.

"Mi generación de economistas fue educada en el espíritu de la Nueva Teoría del Crecimiento, que por un lado cree que la prosperidad de las naciones no es un juego de suma cero en el que el Sur Global sólo puede ganar si Occidente renuncia a la prosperidad. Creemos que lo cierto es lo contrario. Y parece que las exitosas historias de crecimiento de las últimas décadas (con China a la cabeza) nos dan la razón. Por otra parte, creemos que la prosperidad sin riqueza de recursos requiere que confluyan muchos factores positivos. Desde este punto de vista, la historia de las desventajas del Sur Global es una excusa para distraer la atención de los fracasos políticos de esos países", desarrolla. "La burocracia bizantina de la India, la corrupción de Sudáfrica y las desastrosas políticas monetarias y fiscales de Argentina son obstáculos al crecimiento que no tienen nada que ver con cuestiones de divisas de reserva o similares", concluye.

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