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¿Un default improbable? Así se prepara Wall Street para el gran impago de EEUU

Sede de la bolsa de Nueva York en Wall Street. Foto: iStock

A medida que las conversaciones entre los representantes políticos de EEUU han fracasado, grandes firmas y operadores de Wall Street se han estado preparando para un cataclismo derivado de la crisis del techo de deuda que vuelve a experimentar el país. Sigue acercándose junio, erigido como fecha límite, y demócratas y republicanos han sido incapaces de alcanzar aún un acuerdo para que el gobierno no se quede sin dinero para pagar las facturas a partir de la conocida como fecha X. La nueva reunión este lunes a última hora entre el presidente Joe Biden y el presidente del Congreso, el republicano Kevin McCarthy, fue calificada por este último de "productiva" y ha arrojado algo de optimismo, pero el pacto aún no llega. Aunque se confía en un acuerdo de última hora que evite el temido default, como ya ha pasado otras veces, esta vez el miedo es mayor y eso se nota en las precauciones que se están tomando en el universo financiero.

Es cierto que el sector ya se ha preparado antes para una crisis de este tipo, la última vez en septiembre de 2021. Pero esta vez, el plazo relativamente corto para llegar a un compromiso tiene a los banqueros en vilo, reconocen altos directivos. Quedan menos de dos semanas para el 1 de junio, cuando el Departamento del Tesoro ha advertido de que el gobierno federal podría no ser capaz de pagar todas sus deudas.

En las últimas horas, la secretaria del Tesoro, Yanet Jellen, ha dicho que el límite podría alargarse hasta mediados de junio, pero varios analistas, entre los que destacan los de ING, lo ven como una maniobra para "calmar la ansiedad del mercado". Los analistas de Goldman Sachs señalan el 8 o 9 de junio como la fecha en la que el Tesoro verá caer sus niveles de efectivo por debajo de los 30.000 millones dólares que señalan como el mínimo para cumplir con las obligaciones federales que vencen.

La consejera delegada de Citigroup, Jane Fraser, ha afirmado que esta crisis sobre el techo de la deuda es "más preocupante" que los anteriores. El consejero delegado de JP Morgan Chase, Jamie Dimon, ha asegurado que el banco está convocando reuniones semanales sobre las implicaciones. "El riesgo en torno a esta crisis del techo de deuda es el más elevado de los últimos diez años, y los riesgos para las calificaciones son más pronunciados que nunca, en una época de mayor polarización política y déficits más elevados tras las recientes crisis económicas", sostiene Dennis Shen, analista de deuda soberana de Scope Ratings.

La deuda pública estadounidense sustenta el sistema financiero mundial, por lo que es difícil calibrar plenamente los daños que provocaría un impago, pero los ejecutivos prevén una volatilidad masiva en los mercados de renta variable, deuda y otros. Es notorio que la capacidad de negociar con posiciones del Tesoro en el mercado secundario se vería gravemente afectada.

"Las letras del Tesoro a corto plazo probablemente subirían, mientras que los bonos a dos años repuntarían y los rendimientos a más largo plazo se endurecerían aún más. Los diferenciales de crédito se ampliarían, mientras que el dólar estadounidense caería frente a otras divisas refugio como el yen japonés, el euro y el franco suizo. Las divisas de los mercados emergentes probablemente se debilitarían frente al dólar estadounidense, mientras que la renta variable se vendería en un movimiento de reducción del riesgo que haría que la bolsa estadounidense obtuviera peores resultados que la renta variable de otras regiones en un entorno de menor riesgo", enumera Jack Janasiewicz, portfolio manager en Natixis IM.

Los ejecutivos de Wall Street que han asesorado las operaciones de deuda del Tesoro han advertido que la disfunción del mercado del Tesoro se extendería rápidamente a los mercados de derivados, hipotecas y materias primas, ya que los inversores cuestionarían la validez de los bonos del Tesoro, ampliamente utilizados como garantía para asegurar operaciones y préstamos. Las instituciones financieras podrían pedir a sus contrapartes que sustituyeran los bonos afectados por el impago, según los analistas.

Incluso un escenario bastante contemplado, como el de un breve incumplimiento, algo así como un impago técnico que fuera sucedido de un rápido acuerdo entre los políticos, podría acarrear un repunte de los tipos de interés, un desplome de los precios de las acciones e incumplimientos de los pactos en la documentación de los préstamos y los acuerdos de apalancamiento. Los mercados de financiación a corto plazo probablemente también se paralizarían, señalan desde Moody's Analytics.

"Cualquier retraso en los pagos de las obligaciones federales no relacionadas con la deuda y un despido de empleados federales provocaría importantes desafíos legales que cuestionarían cualquier trato preferente de este tipo a los tenedores de deuda", apunta también Shen, de Scope.

Es por todo ello que, en los principales 'cuarteles' de Wall Street se está llamando a todos los 'soldados a filas'. Los bancos, los intermediarios y las plataformas de negociación se están preparando para una importante perturbación en mercado del Tesoro, así como para la volatilidad general. Los estrategas intentan planificar cómo se gestionarán los pagos de los valores del Tesoro y anticiparse a cómo reaccionarán los mercados de financiación críticos. Del mismo modo, es clave asegurar la infraestructura tecnológica y la capacidad de personal para hacer frente a grandes volúmenes de operaciones y calibrar el posible impacto en los contratos con los clientes.

Por supuesto, también hay que tener a punto las pilas de efectivo para hacer frente a esta contingencia. Los grandes inversores en bonos han advertido de que mantener altos niveles de liquidez era importante para soportar posibles movimientos violentos de los precios de los activos y para evitar tener que vender en el peor momento posible. La plataforma de negociación de bonos Tradeweb ha informado de que está en conversaciones con clientes, grupos del sector y otros participantes en el mercado sobre planes de contingencia.

La Asociación de la Industria de Valores y Mercados Financieros (SIFMA), uno de los principales grupos del sector, cuenta con un libro de jugadas en el que se detalla cómo los participantes en el mercado del Tesoro -el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, la Corporación de Compensación de Renta Fija (FICC), los bancos de compensación y los intermediarios del Tesoro- se comunicarían antes y durante los días de posible impago de los bonos del Tesoro.

La SIFMA ha considerado varios escenarios. El más probable sería que el Tesoro ganara tiempo para pagar a los tenedores de bonos anunciando antes de un pago que prorrogaría el vencimiento de esos valores, prorrogándolos un día cada vez. Esto permitiría que el mercado siguiera funcionando, pero probablemente no se devengarían intereses por el retraso en el pago, señalan desde Reuters.

En el escenario más grave, el Tesoro no paga ni el principal ni el cupón y no prorroga los vencimientos. Los bonos impagados ya no podrían negociarse y dejarían de ser transferibles en el servicio de valores Fedwire, que se utiliza para mantener, transferir y liquidar bonos del Tesoro. Cada escenario provocaría probablemente importantes problemas operativos y requeriría ajustes manuales diarios en los procesos de negociación y liquidación.

El Grupo de Prácticas del Mercado del Tesoro -un grupo del sector patrocinado por la Reserva Federal de Nueva York- también tiene un plan para la negociación de bonos del Tesoro no remunerados, que revisó a finales de 2022, según las actas de la reunión de su sitio web fechadas el 29 de noviembre. Además, en anteriores enfrentamientos por el techo de la deuda -en 2011 y 2013-, el personal de la Fed y los responsables políticos elaboraron un libro de jugadas que probablemente proporcionaría un punto de partida, siendo el último y más delicado paso retirar por completo del mercado los valores impagados.

El precedente de 2011

"Es probable que el gobierno de Biden tenga sobre la mesa una estrategia de contingencia por si se da el peor de los escenarios, es decir, el cierre efectivo de parte del gobierno para pagar el servicio de la deuda, en caso de que sea necesario. En 2011, se elaboró un plan de contingencia para frenar el impago a corto plazo. Este plan reflejaba posibles retrasos en los pagos a agencias, contratistas, beneficiarios de la Seguridad Social y proveedores de Medicare para mantener el servicio a los tenedores de deuda del Tesoro", plantean desde Scope Ratings.

En 2011, cuando el techo de la deuda se elevó cuando solo quedaban dos días, la reacción del mercado estuvo ligada a una grave pérdida de confianza, con los bonos del Tesoro estadounidense repuntando a pesar de la pérdida de su calificación AAA, las divisas refugio registrando mejores resultados y los diferenciales de crédito ampliándose.

No obstante, Paul Grainger, responsable de renta fija global y divisas de Schroders pide tener cuidado a la hora de hacer comparaciones directas con este periodo: el entorno de mercado era muy diferente entonces. "Esta vez, nos acercamos al final de los ciclos de subidas de tipos más agresivos de los últimos 40 años y los tipos de interés ya están mucho más altos. Además, también tenemos el viento en contra que supone para el crecimiento el endurecimiento de las condiciones crediticias", avisa.

Daño a la economía global

Las implicaciones macroeconómicas también están en el horizonte. "Si se incumpliera la fecha límite, una situación poco probable pero posible, el Gobierno se vería obligado a recortar significativamente su gasto, posiblemente recortando o poniendo fin al pago de pensiones y prestaciones, lo que afectaría a los ingresos de los estadounidenses. La Casa Blanca ha publicado una nota en la que evalúa el impacto de un incumplimiento de la fecha X, que muestra un aumento significativo del desempleo en EEUU, pérdidas en el PIB estadounidense y volatilidad en los mercados de renta variable y renta fija", alerta Lizzy Galbraith, economista política de abrdn.

Galbraith también hace hincapié en que un impago de la deuda estadounidense provocaría graves perturbaciones para el dólar: "Dado que más de la mitad de las reservas mundiales de divisas se mantienen en dólares, esto tendría un grave impacto adverso a nivel mundial. Como es probable que EEUU se enfrente a una grave recesión, es previsible que Europa también se vea arrastrada a una recesión debido a los fuertes vínculos económicos entre ambos mercados".

Las estimaciones de los efectos económicos de la Casa Blanca en el tercer trimestre de 2023 oscilan entre el -0,3% y el -6,1% de crecimiento anualizado del PIB real estadounidense. Teniendo en cuenta que EEUU representa el 15% del PIB mundial, el impacto podría ascender hasta el -0,9% en el escenario más grave, aunque el más improbable, cierra François Raynaud, gestor de fondos en Edmond de Rothschild.

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