Bolsa, mercados y cotizaciones

Cómo domar una inflación desbocada en tiempos recios

  • Los expertos consultados por 'elEconomista.es' proponen soluciones
La inflación es como la pasta de dientes, dijo Karl Otto Pöhl. Foto: Dreamstime.

Desde establecer un pacto de rentas a reducir el gasto público, subir impuestos e incluso crear un IVA más elevado para los bienes de lujo, un grupo de economistas consultados por este periódico apunta las claves para frenar la escalada en el precio del dinero a niveles no vistos en décadas.

Hay frases tan célebres que trascienden a sus emisores. La que nos ocupa, la pronunció Karl Otto Pöhl, presidente del Banco Central de Alemania (Bundesbank) de 1980 a 1991: "La inflación es como la pasta de dientes. Una vez que está fuera, difícilmente se puede volver a meter. Así que lo mejor es no apretar demasiado el tubo", concluía el alemán.

Muchos esperaban esta semana que el IPC de agosto en EEUU fuese inferior al 8,1% resultante y no fue así, pero sorprendió que el índice subyacente (sin alimentos ni energía), aumentase al 6,3%. A este lado del Atlántico, el IPC de agosto en la Eurozona fue del 9,1% -dos décimas más que el dato de julio- y cruzó por primera vez la línea del 9%; mientras que el índice subyacente marcó un nuevo máximo en la región al situarse en el 4,3%.

"Lo que ha ocurrido es que ha habido un incremento brutal de la masa monetaria durante la crisis de la pandemia, afortunadamente", sostiene Antonio Miguel Carmona, profesor de economía y vicepresidente de Iberdrola España. "Una vez que ha pasado eso y hemos solventado la crisis de la pandemia, lo que ha ocurrido es un incremento de precios", relata. "Después ha ocurrido lo del gas, lo del transporte y lo de los microchips", matiza, y añade que "esto solo se puede parar con política monetaria restrictiva".

Llegar a acuerdos

¿Qué medidas se pueden adoptar entonces para frenar la inflación, entendida como el aumento continuado y generalizado de los precios? "Si el país es más pobre [porque se encarecen la energía y los alimentos que importa], el tema es cómo se reparte esa pérdida de riqueza entre los diferentes agentes sociales. Si hay un pacto de rentas y todo el mundo acepta que es un poco más pobre, entonces será más fácil y rápido y menos doloroso rebajar la inflación, porque el banco central no tendrá que ser tan duro con la politica de los tipos de interés", explica Esteve Sanromà i Meléndez, catedrático de Economía de la Universitat de Barcelona e investigador de IEB.

En lugar de pacto de rentas, Alicia Coronil Jónsson, economista jefe de Singular Bank, preferiría reeditar los Pactos de la Moncloa de 1977, "donde se sienten todos los agentes sociales, incluido el Estado, y veamos cómo podemos intentar distribuir esta erosión de los beneficios empresariales, y erosión de la capacidad de compra" y, apostilla, "cómo podemos hacer para mantener algo que es vital como el empleo y evitar la destruccion del tejido empresarial".

En este sentido, apunta que se debería dar "más flexibilidad al mercado laboral español" para que "las negociaciones salariales se hagan a nivel de empresa, porque no todas las empresas tienen la misma situación financiera".

También se muestra a favor de los acuerdos pero a un nivel mundial Santiago Niño-Becerra, profesor de Economía en IQS School of Management, de la Universidad Ramon Llull. "Ninguna economía interglobal como la nuestra, ni siquiera el gobierno de EEUU, puede tomar medidas efectivas y que tengan un efecto claro o arreglador. Tienen que ser acuerdos internacionales", sugiere el economista.

Según él, hay que ponérselo fácil a la oferta para que se recompongan las cadenas globales de valor y se reduzca el precio de los fletes. "Medidas del tipo reducir 20 céntimos el precio del combustible o reducir el IVA de la electricidad, creo que no son medidas adecuadas porque favorecen el consumo", asegura, "y si se considera que se ha de ayudar a colectivos vulnerables, personas en concreto, me parece bien, pero con nombres y apellidos. El cafe para todos no ayuda".

"Veo que subir los tipos va a dificultar mucho la financiacion de empresas y familias -es verdad que la demanda acabará bajando, pero de forma muy lenta-", prevé Niño-Becerra. Por eso, propone subir impuestos y crear un IVA de lujo, con una serie de artículos gravados con un tipo del 30% o 33%.

Intervenir o no intervenir

Sobre el papel de las instituciones, Carmona apunta que "los gobiernos no tienen en sus manos solucionar la inflación: lo que tienen en sus manos es no estropearla más. Para no estropearla más hay que recortar gasto público, o sea, recortar déficit público".

Explica Sanromà que hay dos razones para no tratar la inflación como un fenómeno fiscal: una es que "si bajo los impuestos, he de bajarlos continuamente y eso no tiene ningun sentido"; y dos, "si cuando suben los precios, bajan los impuestos, el consumidor no capta el encarecimiento del producto y no toma las medidas de ahorro y ajuste necesarias". A eso añade que una política fiscal expansiva sería contraria a la política monetaria contractiva, de los bancos centrales.

"Deberíamos adoptar medidas para el control de los precios y los salarios. Esto ¿qué va a suponer? Pues un sacrificio que debe ser compartido", advierte Abel Fernández, decano del Colegio de Economistas de Asturias. "Y sería muy necesario tomar medidas en el ámbito fiscal y tributario: como mínimo deflactar las tarifas del impuesto sobre la renta para que este impacto que tiene la inflación se vea reducido", subraya.

Por último, Jacobo Blanquer, CEO de Tressis Gestión, recomienda que "el déficit debería ser cero vía reducción de gasto para controlar el consumo de nuevas unidades monetarias por parte del Estado, que pesa hasta un 50% del PIB". Si bien subir los tipos es una condición necesaria, cree que no es suficiente. "En los años 70 se tardó una década en bajar la inflación y la deuda y el déficit eran mucho menores", recalca. "Tuvo que llegar Reagan y Thatcher y cortar gasto público masivamente para controlarla".

WhatsAppTwitterTwitterLinkedinBeloudBeloud