Bolsa, mercados y cotizaciones

Las tres rutas que pueden traer de vuelta la inflación a EEUU en los próximos meses

  • Las expectativas de inflación en EEUU han pasado del 1 al 2,3% en meses
  • El petróleo y un mayor gasto en consumo impulsarán los precios estos meses

¿Volverá la inflación a EEUU? Todo apunta que sí y que lo hará por la puerta grande. La cuestión es si este auge de los precios tendrá un carácter temporal o permanente. Por ahora, todo hace indicar que los precios subirán de forma temporal a causa de varios factores que tenderán a agotarse. También en la zona euro. Sin embargo, se puede observar cómo las expectativas de inflación a largo plazo en EEUU han subido también con fuerza.

El rápido crecimiento de la oferta monetaria de EEUU y el aumento de los precios de las materias primas están despertando el temor de un retorno de la inflación. El precio del petróleo ha subido a 50 dólares el West Texas y a 55 dólares el Brent (de referencia en Europa) tras haber llegado a caer por debajo de 20 dólares en abril y mayo, mientras que la masa monetaria en EEUU ha crecido un 25%, el ritmo más rápido registrado. Estas preocupaciones se reflejan en los valores vinculados a la inflación, con la tasa de inflación de referencia a 10 años en EEUU pasando del 0,5% en marzo a poco menos del 2%.

Las preocupaciones existen y Keith Wade, economista jefe de Schroders, ver tres áreas de preocupación que podrían ser rutas de incremento de la inflación.

-Ruta 1- Inflación subestimada. La primera ruta es muy técnica: la inflación no se mide adecuadamente y se subestima por los índices habituales. Hay que admitir que está habiendo problemas para medir los precios de los servicios durante la pandemia. El cierre de muchos establecimientos ha significado que no ha sido posible recoger datos de manera normal. En cambio, algunos precios se han estimado o simplemente se han registrado como no disponibles.

La mayor fuente de error en la medición, sin embargo, proviene del cambio en los patrones de gasto durante la pandemia. El covid-19 ha forzado un cambio en los gastos. Los consumidores han reducido los viajes, o las comidas fuera y han aumentado el gasto en comida y bebida en casa, por ejemplo.

Como consecuencia, las ponderaciones utilizadas en los índices de IPC - que se basan en los patrones de gasto normales - no recogen el cambio en la economía más limitada por el covid-19. Dado que los precios de los alimentos se aceleraron y los precios del transporte cayeron en casi todas las regiones durante la pandemia, esto hace que la inflación se incline hacia abajo. Las estimaciones del FMI y nuestros cálculos sugieren que esto supone entre 0,3 y 0,4 puntos porcentuales en EEUU

Claramente hay un problema exclusivo de la pandemia; sin embargo, debería desvanecerse a medida que los patrones de gasto vuelvan a la normalidad en 2021. La distorsión creada por el coronavirus lleva a una modesta subestimación única de la inflación, pero no debería persistir.

-Ruta 2 - Los hogares aumentan sus gasto. La segunda preocupación sería que el aumento de la masa monetaria represente un exceso de liquidez que cree un incremento del gasto una vez que se normalice la actividad. La mayor demanda obligaría a los precios a subir.

Si bien la correlación entre el dinero y la actividad es mixta, el fuerte crecimiento reciente representa un crecimiento de los depósitos bancarios, en particular en el sector doméstico, donde se ha reducido el gasto. Los depósitos de las empresas también han aumentado. Esto se ha reflejado en el aumento de la tasa de ahorro, que sigue siendo elevada a pesar de las recientes disminuciones, como se muestra en el gráfico que figura a continuación.

Aunque un aumento de los depósitos de efectivo no es inusual durante una crisis, un aumento de esta escala ha sido exclusivo del covid-19. La pregunta clave es si estos depósitos se gastarán y, en caso afirmativo, con qué rapidez.

Podría parecer que la gente estará deseando volver a la normalidad y gastar, pero bien podría haber "cicatrices". Los hogares podrían tardar un tiempo en recuperar la confianza. Algunas aerolíneas han dicho que no esperan una vuelta a la normalidad hasta 2024, por ejemplo. Algunos patrones de gasto cambiarán permanentemente a medida que la gente elija trabajar más desde casa y desplazarse menos.

El aumento de los ahorros se ha producido en todo el mundo, pero se ha concentrado entre los trabajadores y jubilados mejor situados. Por ejemplo, una encuesta realizada en los hogares de Reino Unido para el Banco de Inglaterra reveló que el 20% de los ahorros durante la pandemia se ha concentrado entre las clases más ricas y los jubilados. Los grupos de bajos ingresos tendieron a disminuir o dejar de ahorrar, mientras que los desempleados y los que estaban en planes tipo de los Ertes agotaron sus ahorros, según el experto de Schroders.

Los grupos con ingresos más altos tienden a ahorrar más y gastar menos y la encuesta lo confirma. Sólo el 10% de los hogares que aumentaron sus ahorros (menos del 3% de toda la muestra) planean gastar el dinero. Alrededor del 70% dijo que planeaban seguir manteniendo los ahorros en sus cuentas bancarias. Otros planeaban usar sus ahorros para pagar deudas, invertir o completar sus pensiones.

Esto no descarta un rebote en el gasto de los consumidores, ya que la normalidad vuelve y los hogares pueden dejar de acumular ahorros y empezar a gastar de nuevo. Sin embargo, sugiere que no habrá un fuerte repunte de la demanda acumulada. Es probable que quienes tengan un exceso de ahorro sean cautelosos, lo que concuerda con otros estudios sobre el gasto después de una pandemia.

La política fiscal puede ayudar a este respecto dirigiéndose a los hogares de menores ingresos. Sin embargo, en última instancia, es probable que el exceso de ahorro o de liquidez en el sector doméstico se disipe gradualmente, con lo que se ejercerá menos presión sobre la capacidad económica y menos sobre la inflación.

Desde BCA Research creen que la inflación aumentará de forma modesta durante los próximos años antes de acelerarse a mediados de la década. No obstante, los riesgos apuntan a un aumento pronunciado a corto plazo de la inflación en EEUU y, en menor medida, en las demás economías importantes". Estos expertos creen que las materias primas y el gasto de los consumidores impulsarán los precios.

-Ruta 3 - Un shock por el lado de la oferta. La tercera preocupación es más a largo plazo y reflejaría el impacto estructural del covid-19 en la economía.

Volviendo a los efectos de cicatrización, si hay cambios permanentes en los patrones de gasto como resultado de la pandemia, será necesario que haya una reasignación de recursos. Los trabajadores se desplazarán a los sectores que siguen teniendo demanda. Esos cambios son un desafío. Puede que no sea fácil para un trabajador volver a capacitarse para las nuevas ocupaciones. También es posible que tengan que desplazarse y moverse, lo que también puede ser un desafío para quienes tienen familia y otros vínculos.

El impacto inicial que supone esto es deflacionario, ya que el desempleo aumenta y puede persistir durante algún tiempo. La amenaza inflacionaria llega más tarde, cuando los gobiernos y los bancos centrales interpretan erróneamente el alto nivel de desempleo como algo cíclico más que estructural.

El exceso de estímulo monetario y fiscal puede entonces crear inflación, ya que la capacidad de oferta de la economía no es tan grande como sugieren las cifras de desempleo. Las crisis inflacionistas de los años setenta tuvieron su origen en una política que no reconoció los cambios adversos en el lado de la oferta.

En este sentido, el desafío que ha supuesto el Covid-19- no es único. No obstante, es demasiado pronto para evaluar si dará lugar a otro error importante de política. Y esta preocupación no es ciertamente el motor del reciente aumento de las expectativas de inflación en los mercados financieros. Lo mismo se aplica a los temores sobre la desglobalización y la potencial reconfiguración de las cadenas de suministro después de la crisis.

¿Qué significaría una mayor inflación para los mercados?

El economista jefe de Schroders explica que los inversores tienen buenas razones para temer una inflación más alta. "Socavaría las valoraciones del mercado de valores que actualmente dan por supuesto, no sin razón, que los tipos de interés muy bajos, cercanos a cero, se mantendrán casi indefinidamente. La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), por ejemplo, confirmó en sus últimas proyecciones económicas que no tiene intención de aumentar el tipo de interés oficial durante tres años", sentencia.

Esta perspectiva asume que la inflación sólo aumentará lentamente hasta alcanzar el 2% a finales de 2023. Sin embargo, si la inflación vuelve rápidamente y se mantiene, habría que reevaluar las perspectivas de la política.

Los bancos centrales de todo el mundo se verían presionados a endurecer sus políticas y frenar la liquidez, aunque quizá no puedan hacerlo. Los mercados de bonos comenzarían a descontar tipos más altos y, a medida que los inversores reevalúen las valoraciones de las acciones, se produciría un período de volatilidad financiera con caídas tanto de los mercados de acciones como de bonos. Sin embargo, los bancos centrales se lo pensarían dos veces. Un subida de tipos de interés en medio de montañas de deuda privada y pública puede desencadenar reestructuraciones masivas de deuda que dañarían la economía. 

"Dicho esto, es difícil ver una gran amenaza de inflación en el panorama actual. Ha caído durante la pandemia. Los niveles actuales son bajos en todo el mundo, con tasas anuales del IPC inferiores al 2% en las principales economías desarrolladas", explica el economista de Schroders.

Japón y la Eurozona están de nuevo en terreno de deflación y Reino Unido está por debajo del 1%. La caída de los precios del petróleo está jugando un papel importante, pero si quitamos la energía y los alimentos, podemos ver que las tasas de inflación básica también están en niveles bajos: más cerca del 1% que del 2% en EEUU, Reino Unido y la eurozona, y por debajo de cero en Japón. En este sentido, el economista para Europa de Schroders, Azad Zangana, ha señalado recientemente que la probabilidad de deflación ha aumentado en la pandemia.

La crisis no se ha ido. Los nuevos confinamientos y las medidas de distanciamiento social seguirán lastrando al sector servicios: "Es probable que los precios de los servicios sigan disminuyendo en los próximos meses antes de estabilizarse a medida que el sector vuelva a la normalidad una vez que se distribuyan las vacunas. El aumento de los precios de los bienes básicos también debería disminuir, ya que gran parte de la reciente subida se ha concentrado en la venta de coches usados durante el verano, pues la gente se inclinó a evitar el riesgo de contacto en el transporte público. Este impulso relacionado con el covid se está desvaneciendo y puede resultar un hecho aislado a medida que la población gane inmunidad", culmina el experto.

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