Bolsa, mercados y cotizaciones

Los activos alternativos deben pesar un 10%-20% en cartera

  • Los inversores buscan opciones ante los escasos retornos de la bolsa y los bonos
  • Estos activos prometen rentabilidades de un dígito alto...
  • ...pero son ilíquidos e implican plazos más largos

"A los activos alternativos habría que cambiarles el nombre a activos mainstream [convencionales]", comenta -medio en broma, medio en serio- Miguel Zurita, presidente de Ascri (la Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión) y co-CIO (chief investment officer) de Altamar Capital Partners.

Se refiere a que cada vez es más habitual que las carteras incluyan un porcentaje de activos que se salen de los tradicionales y que presentan una baja correlación con ellos en cuanto a su comportamiento. Tiene todo el sentido del mundo: según el Barómetro de Expectativas de Rentabilidad (BER) elaborado por elEconomista, de cara a los próximos 12 meses el inversor puede esperar solo un 5,9% de la bolsa y un anémico 1,4% de la renta fija, así que es lógico que las entidades se revuelvan en busca de retornos para sus clientes. 

¿De qué hablamos cuando nos referimos a activos alternativos? De muchas cosas, en realidad. Del capital privado -es decir, de la inversión en empresas no cotizadas en diferentes estadios de su desarrollo-; de activos inmobiliarios no cotizados; de infraestructuras -torres de telecomunicaciones, plantas fotovoltaicas- o de préstamos directos -deuda privada; ver gráfico-. Pero hay más ejemplos. Los royalties -cánones sobre una patente- son activos alternativos; las carteras de litigios -la financiación de juicios a cambio de una parte de los ingresos tras la resolución- también. Y la entrada en estos activos suele realizarse a través de fondos especializados que invierten en ellos, o vía fondos de fondos.

El acceso a ellos cada vez es más fácil, dado que casi todas las bancas privadas españolas ya tienen, desde 2019, en su paleta de comercialización algún vehículo con un subyacente alternativo, y en muchos casos las carteras discrecionales los incluyen también. Para las entidades, estos productos ofrecen el atractivo de carecer de un valor liquidativo diario que el cliente pueda vigilar... y angustiarse si cae. 

Santander creó en 2019 y BBVA está en proceso de lanzar su tercera solución en capital privado

"Estos activos están en ebullición", afirma Sergio Míguez, socio fundador de Alternative Ratings, que añade: "Observamos un interés creciente de los inversores con los que trabajamos -instituciones y family offices- por buscar retornos más altos". Lo mismo detectan desde entidades como Tressis, Banca March, BBVA,etc. Esta última está en proceso de lanzar su tercera solución en capital privado, y sus carteras discrecionales ya tienen entre un 5% y un 15% de su patrimonio en alternativos. Santander AM, por su parte, creó en 2019 su equipo de Alternativos, y el pasado diciembre lanzó la unidad de Alternativos ilíquidos. Tras haber ido reforzando esta pata con nuevas incorporaciones, el equipo cuenta con más de diez profesionales.

Entre los grandes bancos españoles, Bankinter es el más avanzado en este tipo de productos: acaba de crear Bankinter Investment, marca dentro de su banca de inversión, que ya ha movilizado más de 3.000 millones hacia alternativos en tres años y que espera "más que duplicar" esa cifra en los tres próximos ejercicios. Desde el banco señalan que impulsan esta actividad como propuesta "para los clientes institucionales y de altos patrimonios en un entorno complicado para la inversión más tradicional".

Más allá de las grandes entidades, entre las principales firmas dedicadas a este tipo de inversiones en España se encuentran Portobello, Miura, Altamar Capital Partners, MCH o Magnum Capital IP, entre otros. En el caso de Altamar, el 30% del capital levantado procede de bancas privadas. "El banquero privado está satisfecho porque son productos bien diversificados y con retornos interesantes", explica Miguel Zurita. El cliente de banca privada suele entrar a través de fondos de fondos.

Qué presencia darles

¿Qué presencia deben tener en cartera los alternativos? "Para el ciclo económico que tenemos por delante tiene mucho sentido que alcancen entre un 10% y un 20%", señala Paulo Gonçalves, analista senior de estrategia de mercados de Banca March. Con él está de acuerdo Ignacio Perea, director de inversiones de Tressis, que matiza que el plazo es fundamental: "Lógicamente, si mi horizonte de inversión son tres años no voy a entrar en este activo; pero si estoy pensando en mi jubilación a 15 años vista, probablemente les daría en torno a un 20%", explica. Con una horquilla de entre el 10% y el 20% se sienten cómodos tanto Fernando Luque, editor senior de Morningstar, como Sergio Míguez. 

¿Qué ofrecen, y a cambio de qué?

Más allá de su definición, ¿qué retornos prometen estas inversiones y a qué plazo? "Ofrecen rentabilidades medias a partir del 6, 7 u 8%" a cambio de una duración de, "al menos, siete a diez años", señala el socio fundador de Alternative Ratings. "El objetivo está muy claro: es el de ofrecer en torno a 5 puntos más de rentabilidad media que la bolsa", apunta Miguel Zurita. "Los buyouts -el segmento más relevante del private equity- tienen unos 30 años de historia, y durante todo este tiempo han demostrado dar, consistentemente, una rentabilidad media superior a la del S&P 500". La inversión en otros activos privados, como las infraestructuras, es más reciente, por lo que aún no hay datos de cómo se comportan a largo plazo.

"Está claro que estos activos deben pagarte una prima por iliquidez", explica Sergio Míguez, que añade: "Hay mucha gente buscando esos yields, buscando rentas y diversificación. Porque se nos han caído los bonos, y las instituciones -como las aseguradoras- necesitan encontrar alternativas". Y las buscan en deuda privada, que es un activo ilíquido, en el que uno debe permanecer, fácilmente, entre siete y diez años.

Lo que el inversor debe preguntarse es si está dispuesto a sustituir un 10% de su inversión en bonos o acciones a cambio de aguantar 10 años en un producto ilíquido

"Algunos fondos de direct lending -préstamos directos- en España que te pagan TIRes de entre el 5% y el 7%. Quizá te parezca poco, ¡pero compáralo con un bono alemán en negativo!", señala. Lo mismo ocurre con las acciones: los inversores buscan alternativas a las empresas cotizadas y las encuentran en el capital privado. "Lo que el inversor debe preguntarse es ¿estoy dispuesto a sustituir un 10% de mi inversión en acciones a cambio de aguantar durante diez años en un producto ilíquido, pero que me va a dar un retorno de 5 o 7 puntos por encima de la renta variable?", se pregunta Míguez. 

En palabras de Ignacio Perea, de Tressis, "en el mundo institucional y, particularmente, en el asegurador, existe una necesidad imperiosa de obtener márgenes. Es un sector que tradicionalmente ha estado en el mundo de los bonos y lo que más se parece a ellos, en el universo de lo ilíquido, que además puede generar un flujo de caja -esto más bien en los préstamos o en las infraestructuras- es el capital privado". "A mí, la idea de sustituir los bonos por activos alternativos me parece una barbaridad", replica Víctor Alvargonzález, socio fundador de Nextep Finance. "Las inversiones alternativas deben estar en las carteras, pero no pueden reemplazar a los bonos. Son valores poco líquidos, que ofrecen menos información que los valores cotizados, y eso puede ser un problema", alerta.

Fuentes de Fidelity añaden: "2020 nos trae un entorno complejo, y las inversiones alternativas de este tipo que además generen rentas periódicas -como los alquileres- nos pueden ayudar a conseguir un posicionamiento más defensivo; otros ejemplos son las infraestructuras sostenibles, como las energías renovables, y posiblemente inversiones que ofrezcan dichas rentas a través de cánones seguros". 

Dispersión de rentabilidades  

Entre las características de los activos alternativos están su descorrelación con los tradicionales y su gran dispersión, la enorme distancia entre los que mejor y los que peor lo hacen. Lo explica Paulo Gonçalves: "Desde 2008, los fondos de private equity obtienen una rentabilidad anualizada ligeramente inferior al 10%, pero debemos tener en cuenta que el primer cuartil -los mejores- han dado casi un 20% y el peor cuartil -los menos rentables- un 0%, lo que revela que existe una gran dispersión, y es importante tenerla presente". De ahí que, como enfatiza Perea, la selección del gestor cobre más relevancia: "Se trata de un mundo ilíquido, y en algunos casos entras en ideas de negocio que están levantando su primer capital, lo que no tiene nada que ver con entrar cuando la compañía tiene cierto tamaño; por esto, la experiencia del gestor es fundamental", explica el director de inversiones de Tressis.

Entre los contras de este tipo de activos está la inversión que exigen. Pese a que la oleada de lanzamientos que se ha producido los ha abaratado, los tickets mínimos pueden rondar, en los mejores casos, los 150.000 euros. Tampoco pueden olvidarse los costes: quien se dirija a una entidad especializada en estos activos debe asumir las comisiones del fondo, que se sitúan en torno al 2%, más otros gastos que podrían rondar entre el 0,8% y el 1%.

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