Inversión sostenible y ESG

Siemens Gamesa: 'viento' renovable por mar, tierra y en la raíz

  • Siemens Gamesa aparece en la quinta posición del ranking ESG de elEconomista
Molinos en el mar de Siemens Gamesa.
Madrid

En 2019, el fabricante de aerogeneradores tomó una decisión pionera: incorporar el ESG al departamento financiero, y consiguió ser neutro en carbono. El movimiento y el hito reflejan la importancia de la sostenibilidad en su actividad, más allá de la coherencia para un grupo de renovables. El ESG ya se incluye en el plan de negocio y en 2023 pasará de lo etéreo a cifras concretas en los resultados.

Hasta 50 reuniones con inversores en los últimos seis meses para resolver cuestiones sobre criterios medioambientales, sociales y de gobernanza de la compañía. Isaac Ruiz, director de ESG de Siemens Gamesa, explica su trabajo sin dar muestras de fatiga. Todo lo contrario, se filtra orgullo en las palabras del que sabe que está acometiendo una tarea crucial para su organización: gestionar el creciente interés en las buenas prácticas corporativas para tomar decisiones de inversión.

Siemens Gamesa aparece en la quinta posición del ranking ESG de elEconomista, solo por detrás de Endesa, Inditex, Ferrovial y Naturgy, y destaca su participación en los índices Dow Jones de sosteniblidad global y europeo, "en los que estamos reconocidos como líderes del sector", señala Isaac Ruiz, o "la excelente" calificación recibida recientemente por la agencia S&P en materia de inversión responsable, para la que merece 97 de 100 puntos, entre otros puestos de honor en otras clasificaciones de referencia en estos aspectos: 94 de 100 para Sustainalytics, 8 de 8 para CDP o 2 [del 1 (mejor) al 10 (peor)] para ISS.

El fabricante solo emite 2,9 toneladas de gases nocivos por cada 1.000 millones de euros que ingresa

Sin duda, el mercado reconoce a Siemens Gamesa como pionera en ESG, la tendencia que está marcando la inversión en el presente y que está llamada a hacerlo también en el futuro. Y sirven las principales actuaciones y decisiones para entenderlo. En 2019, el grupo, que nació de la fusión de la división de energía eólica de Siemens y de Gamesa en 2017, incorporó el ESG al departamento financiero. Un movimiento que acompañó incluyendo estos criterios en el plan de negocio, en la estrategia.

Ese mismo año, consiguió ser neutro en carbono, "cinco años antes de lo previsto, mediante una combinación de reducción y/o compensación del CO2 generado directa o indirectamente por la empresa", según explica la empresa. En 2020, "Siemens Gamesa incorporó un objetivo a largo plazo: alcanzar las emisiones netas cero para 2050, que significa cero emisiones absolutas sin el uso de compensaciones y esto incluye las emisiones indirectas derivadas de nuestra cadena de valor, es decir, de nuestros proveedores", continúa.


Estos hitos reflejan la importancia de la sostenibilidad en su actividad, más allá de la coherencia exigible para un grupo de renovables. "El carácter de nuestro negocio (la fabricación y mantenimiento de aerogeneradores) supone una contribución directa al ahorro de emisiones de CO2", reconoce la compañía, que indica que "la capacidad total instalada en parques eólicos, que asciende a 107,5 GW, ha evitado la emisión de 281 millones de toneladas de CO2".

En bolsa, esta cara cotizó con intensidad en 2020. Desde los mínimos posteriores al crash de marzo, las acciones de la empresa del Ibex 35 llegaron a recuperar un 250%, hasta máximos históricos, en los 38,5 euros del 7 de enero de 2021, por la expectativa de una creciente demanda ante el sesgo verde de la reconstrucción económica en prácticamente todo el mundo y por su liderazgo en el offshore (instalaciones de molinos en el mar, las más eficientes), pese a los problemas de rentabilidad que todavía arrastra. Desde aquel techo, corrigen un 30%, en plena recogida de beneficios tras la escalada.

El 40% de los consejeros de la compañía son independientes, pero apenas un 20% mujeres

La otra cara, el ESG interno, en la que trabajan Isaac Ruiz y su equipo, es más difícil de poner en números que se trasladen a los resultados. Y existe el riesgo de que caiga en el greenwashing, apenas una capa de pintura, de medidas más o menos reales, para atraer los flujos de inversión que siguen las tendencias. Las regulaciones y el volumen que va a venir de financiación sostenible deberían poner las cosas en su sitio.

"El dinero que se mueve hacia criterios ESG en el mundo está incrementándose fuertemente, y en Europa, junto a Estados Unidos, está creciendo con mayor intensidad", relata el responsable de la materia de Siemens Gamesa, quien apunta a que "el ESG ya tiene un impacto en el acceso a la financiación, pero también en la reducción de costes (en términos energéticos, de reciclabilidad...), en la imagen de marca o en la relación con los clientes que exigen esos criterios".

Todos ellos son factores que ya pesan en la cuenta de resultados, aunque todavía "no se puede establecer un impacto directo", añade Isaac Ruiz. "Mi estimación es que en 2023, en el momento en el que todas las compañías tengan que reportar qué porcentaje de sus principales ratios financieras están asociadas a aspectos sostenibles, va a haber un impacto directo, lo que va a servir para diferencias el greenwashing de lo que no lo es y va a marcar una diferenciación en la captación de capitales, eso es lo que la UE está buscando", concluye.

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