Internacional

La crisis de Irlanda del Norte abre otro camino para detener el Brexit sin acuerdo

  • Si el Gobierno quiere un Brexit duro, deberá resolver la crisis en Irlanda
  • Los laboristas dan un paso clave para apoyar la permanencia en un referéndum

Nuevo intento de obstaculizar el Brexit duro. El grupo de sospechosos habituales, los rebeldes 'tories' que planean hacer todo lo posible para evitar una salida de la UE sin acuerdo, se han vuelto a sacar una enmienda de debajo de la manga para evitar el peor desenlace. El objetivo de la propuesta es prohibir una suspensión del Parlamento entre septiembre y octubre, de forma que el próximo primer ministro -probablemente Boris Johnson- no pueda mandar a los diputados a su casa mientras el país se lanza por el 'barranco' del Brexit duro, como vienen sugiriendo los brexiters más radicales desde hace meses.

La excusa para el cambio legal es la crisis que lleva atenazando Irlanda del Norte desde hace dos años. En 2017, los dos grandes partidos de la región -el DUP, socios de Theresa May, conservadores, pro-Brexit y defensores de la soberanía británica; y Sinn Féin, izquierdistas, anti-Brexit y partidarios de la reunificación con Irlanda- y los dos bandos que lideran empataron a votos y escaños. La ley establece que el Gobierno de la provincia debe incluir al menos al principal partido de cada bando -unionista y proirlandés-, pero la igualdad de fuerzas y las acusaciones de corrupción de Sinn Féin contra la líder del DUP, Arlene Foster, rompieron las negociaciones y llevaron a la provincia a la parálisis.

En estas circunstancias, tras 25 días sin acuerdo, el Gobierno debería haber disuelto el Parlamento local y gestionado Irlanda del Norte desde Londres. Pero para evitar esta situación, políticamente muy tóxica, el Ejecutivo de May lleva dos años prorrogando la fecha límite cada pocos meses. Y la enésima ley de prórroga, que tocaba antes del verano, resulta ser el vehículo perfecto para detener el Brexit.

La nueva prórroga está prevista hasta el 21 de octubre. Así que los anti-Brexit han aprovechado para presentar una enmienda en la que prohíben suspender el Parlamento hasta entonces, por si es necesario aprobar alguna nueva medida sobre la crisis de Irlanda del Norte o una nueva extensión del plazo. Por casualidad, esa fecha coincide casi exactamente con la fecha límite del Brexit, por lo que el nuevo primer ministro tampoco podría cerrar la Cámara y mandar a los diputados a casa para que no puedan frenar un Brexit duro.

Pero los rebeldes, liderados por el ex fiscal general Dominic Grieve han decidido ir un paso más allá. La enmienda obligaría al Gobierno a presentar una moción el 9 y el 23 de octubre sobre la situación de Irlanda del Norte. Mociones que los diputados, una vez presentadas, podrían enmendar para obligar al Gobierno a actuar de una forma u otra en cualquier otro asunto, como, por ejemplo, el Brexit, dado que una salida sin acuerdo afectaría a Irlanda del Norte de una forma especialmente pronunciada.

Si se aprueba esta enmienda -que podría contar con el apoyo de varios miembros del Gobierno conservador saliente como advertencia a sus sucesores-, la única forma de escapar sería que el próximo Ejecutivo solucione la crisis política de Irlanda del Norte antes de octubre, cuando empezarían a aplicarse estas cláusulas. Un incentivo para que el ganador de la primarias 'tories' elija: o da la voz a los diputados sobre el Brexit, o resuelve en dos meses la crisis que lleva paralizando la región más crítica del país desde 2017. Si quiere un Brexit duro, al menos que arregle los problemas internos.

Los laboristas cierran filas en torno al referéndum

Mientras tanto, los principales sindicatos del país, con voz y voto en las deliberaciones del Partido Laborista, llegaron por fin a una posición conjunta sobre un segundo referéndum del Brexit, una posibilidad que lleva triturando al líder izquierdista Jeremy Corbyn en las encuestas desde hace meses.

El acuerdo, que se espera que adopte como propio el principal partido de la oposición en pocos días, supone apoyar la convocatoria de un segundo referéndum sobre cualquier acuerdo que apruebe el próximo Gobierno o, en su defecto, sobre si aceptar o no una salida sin acuerdo. En esa votación, los laboristas apoyarían la permanencia en la UE.

Por contra, si hubiera unas elecciones y las ganara Corbyn, intentaría renegociar el acuerdo con la UE y, posteriormente, convocaría un referéndum. Si las condiciones fueran mejores que las ofrecidas a May -muy improbable-, los laboristas apoyarían el nuevo acuerdo. Si no, si la UE insistiera en el pacto ya cerrado, defenderían de nuevo la cancelación del Brexit.

El nuevo cambio de rumbo vino precedido del anuncio de que varios de sus diputados 'brexiters' más duros abandonarían sus escaños en las próximas elecciones, en un giro europeísta ante el desangre que está sufriendo en las encuestas ante los partidos firmemente anti-Brexit, como los Verdes o los Liberal-Demócratas.

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