Internacional

El caos del Brexit retrasa al menos 6 años la reforma de Westminster, pese al alto riesgo de incendio

  • Las tuberías del agua y los cables de la luz comparten paredes
  • Cada mes se registran unas 60 alarmas de incendios
Panorámica del Palacio de Westminster. Foto: Reuters.

El terrible incendio en la catedral de Notre-Dame en París ha despertado la preocupación por el estado de muchos edificios históricos de Europa, muy vulnerables al fuego. Y, en Reino Unido, el epicentro de esos temores es el Palacio de Westminster, sede del Parlamento, que lleva desde el año 2000 esperando a unas obras de reforma integral por el elevadísimo riesgo de que uno de los casi 60 conatos de incendio mensuales que sufre acabe en una catástrofe. Pero las obras, que deberían haberse completado ya, están aplazadas hasta al menos 2025, por la dificultad de tramitar las leyes necesarias y realizar el traslado mientras los diputados se concentran casi por completo en el Brexit.

El edificio, reconstruido en 1834 tras un incendio iniciado en la Cámara de los Lores, sufre de una gran falta de mantenimiento. Según explican los informes del Programa de Restauración y Renovación, "los sistemas de calefacción, ventilación, cañerías y sistemas eléctricos" están anticuados y en riesgo de rotura. Hay amianto por muchas partes del edificio, y gran parte de las ventanas no cierran correctamente.

La piedra exterior y el tejado también tienen daños, por efecto del tiempo, la contaminación, los bombardeos sufridos en la II Guerra Mundial y la falta de mantenimiento. Sin ir más lejos, hace unas semanas, la lluvia provocó una gran gotera que obligó a suspender la sesión en los Comunes. Y el mayor riesgo es que casi todos los cables y tuberías están juntas, en el sótano: si las tuberías del agua se rompen, empezarían a verter directamente sobre los cables de la electricidad. Y si el sistema de desagüe de los baños, que data de 1888 y sufre pequeñas roturas frecuentes, termina por explotar, la catástrofe estaría asegurada.

Cables y tuberías en el sótano del Palacio de Westminster. Foto: Cámara de los Lores

La petición original de los ingenieros que analizaron los riesgos del Palacio en el años 2000 era de terminar una renovación integral en "5 a 10 años". Sin embargo, el borrador del proyecto no se terminó hasta 2012, y el informe de opciones, realizado por Deloitte, se hizo esperar hasta 2015. En ese momento, sin embargo, la convocatoria del referéndum del Brexit paralizó todo, y no fue hasta principios de 2018 cuando los diputados votaron poner en marcha las recomendaciones y marcharse del edificio durante unos años para unas obras de reforma completas, con un coste estimado de 3.500 millones de libras (4.044 millones de euros).

Pero el Brexit ha roto por completo el proceso y el calendario. Un gran número de 'brexiters' abogaron por permanecer en Westminister durante las obras, aunque supusiera aumentar el coste y su duración. Y el Gobierno, preocupado por la crisis política que sacude al país, anunció que el traslado no será antes de, al menos, 2025.

De hecho, la ley para crear los organismos que dirijan el proceso todavía no se ha aprobado, pese a haber sido publicada en octubre pasado: los diputados están demasiado ocupados intentando poner en marcha el Brexit y el Gobierno apenas tiene tiempo -ni mayoría parlamentaria- para ocuparse de nada más.

Tras el incendio en París, tanto la líder parlamentaria de los 'Tories' como un portavoz de los Comunes aseguraron que "se están tomando todas las medidas para proteger a las personas y los edificios". Westminster tiene patrullas anti-incendios las 24 horas del día, y su actividad es constante: las alarmas suenan unas 60 veces al mes.

La posibilidad de mudarse del viejo palacio, sin embargo, ha abierto nuevas posibilidades. El plan es mudarse al edificio ocupado hasta hace poco por el Ministerio de Sanidad en Londres, pero crecen las voces que proponen llevar el Parlamento a otras ciudades del país. Birmingham, Mánchester o Sunderland, ciudades de tamaño medio, se beneficiarían de una parte del pastel de actividad política que hasta ahora se queda Londres. Y no sería el primer país en hacerlo: Alemania tiene muchas oficinas gubernamentales en Bonn, la antigua capital de la Alemania Occidental, y México está poniendo en marcha un plan de descentralización del Gobierno central. Quizá un cambio de aires ayudaría a los parlamentarios a resolver la crisis política desatada por el Brexit.

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