Internacional

Trump apuesta por una delirante e inexplicable campaña electoral en medio de su desplome en las encuestas

  • El presidente dirige una campaña errática y sin un mensaje claro
  • Las encuestas indican que la base "anti-Trump" está más movilizada
Donald Trump, con su nuevo eslogan de campaña. Foto: Reuters.

Es inexplicable. Es lo más raro que se ha visto en décadas. No tiene ningún sentido. Las opiniones de los analistas, los politólogos, los expertos demoscópicos, periodistas y políticos coinciden: la campaña de Donald Trump para la reelección desafía cualquier lógica electoral. Con el actual presidente hundiéndose a marchas forzadas en las encuestas, con varias crisis simultáneas -el Covid-19, la violencia policial racista- sacudiendo el país, Trump está optando por hacer las cosas a su manera, aunque eso suponga romper cualquier manual de campaña y amenazar su reelección, que cada vez parece estar más en peligro.

La ristra de movimientos extraños se sucede. Este lunes, el medio The Daily Beast publicó contratos de publicidad firmados por la campaña de Trump para invertir 400.000 dólares en anuncios en Washington, DC. En 2016, el actual presidente obtuvo apenas un 4% de los votos en la capital, el peor resultado de un candidato de uno de los principales partidos de la historia del país. Ningún político gastaría ni un solo céntimo en anunciarse en un territorio que apenas aporta 3 delegados de los 270 que necesita para ganar la presidencia y en el que jamás ha ganado ningún candidato republicano en toda la historia. Pero Trump sí lo ha hecho. ¿Por qué? Según comenta el medio, "para que, cuando vea la televisión, no se encuentre solo anuncios contra él". 400.000 dólares gastados solo para no deprimirse en los descansos de sus programas favoritos.

Mientras, el Partido Republicano lleva una semana buscando a toda velocidad un nuevo lugar en el que celebrar su convención nacional el próximo mes. Eventos de ese nivel tardan casi un año en organizarse, y el partido está sufriendo para encontrar ciudades aspirantes. ¿El motivo? La ciudad elegida, Charlotte, en Carolina del Norte, anunció que exigiría que los asistentes dejaran distancia de seguridad y llevaran mascarilla, dado que el coronavirus sigue reproduciéndose en el país y matando a unas 700 personas diarias. Trump, sin embargo, se negó a esas condiciones: él exigía una ceremonia completa, con miles de militantes en el público para aplaudirle y sin mascarillas, que le producen un enorme rechazo. De repente, todo el calendario político está en el aire y ni siquiera se sabe si algún estado aceptará sus condiciones.

Pero, por si todo esto no fuera suficiente, el equipo de campaña de Trump se está encontrando con un nuevo problema: el eslogan de campaña. La frase que habían preparado desde 2017, "Mantengamos a EEUU grande" (Keep America Great), como una evolución triunfal del icónico "Hagamos a EEUU grande de nuevo", ha dejado de funcionar. Con una recesión en marcha, más de 110.000 muertos por el Covid-19 y manifestaciones multitudinarias por todo el país contra la discriminación racial -que cuentan con el apoyo mayoritario de la población-, la idea de "mantener" lo que hay ha perdido brillo. Su nueva idea es hablar de "el gran resurgimiento estadounidense" o de "la transición a la grandeza", pero al propio Trump le preocupa abandonar su exitosa frase. "Sería el único idiota en el mundo que renuncie a una marca como esa para luego perder", dijo el presidente en una reunión con su equipo, según recoge el Washington Post.

Y el propio Trump no se está haciendo favores con sus reacciones a las crisis que sacuden el país. Sus momentos más extraños en la crisis del coronavirus, como cuando prometió que los infectados "iban a pasar de 15 a 0 en pocos días", sugirió inyectarse desinfectante o luz solar dentro del cuerpo o cuando dijo que "no asumo ninguna responsabilidad" por las víctimas, inundan los ataques electorales contra él. O lo hacían hasta que fueron reemplazados por las imágenes del propio Trump ordenando desalojar la calle adjunta a la Casa Blanca con gases lacrimógenos para poder tomarse una foto sujetando una biblia, y las de la nueva valla que rodea el edificio presidencial. Y, por si fuera poco, con el país enfurecido por la violencia policial, Trump decidió acusar este martes de ser un "provocador infiltrado de los Antifa" a una de las víctimas de esa violencia, un anciano de 75 que se encuentra grave en el hospital con una hemorragia interna tras ser derribado por la policía de Buffalo en una escena que se hizo viral.

¿Y si 2020 no es 2016?

Uno de los motivos por los que la ajustadísima victoria electoral de Trump en 2016 resultó tan sorprendente fue, en parte, el caos que rodeó a su equipo. El magnate tuvo cuatro directores de campaña, se enfrentó con grandes figuras de su partido, perdió los tres debates -según las encuestas posteriores-, se vio salpicado por numerosos escándalos y tuvo una presencia mínima en anuncios, en comparación con los cientos de millones invertidos por Hillary Clinton. Lo más fascinante de su victoria fue más bien que llegara tras una campaña que muchos expertos calificaron de pésima, y que rompió con todas las normas tradicionales de cómo se gana en EEUU. La conclusión que Trump parece haber sacado es que su intuición es perfecta y que cualquier cosa que haga va a funcionar igual de bien.

El riesgo para él es que la campaña, su rival y el país no sean los mismos que en 2016, y que esté enfrentándose a una nueva guerra con armas de la anterior. Las encuestas desde luego son terroríficas para él: el demócrata Joe Biden tiene una ventaja de unos 10 puntos y lleva casi un año rondando unos 6 puntos de ventaja como mínimo, una estabilidad que no se ha visto jamás desde que hay encuestas. Además, al contrario que en 2016, los indecisos y los votantes de pequeños partidos protesta son mínimos, lo que deja a Trump sin el caladero de votos con el que edificó su remontada entonces. Por si fuera poco, los mayores de 65, el grupo que más vota y que fue clave en su victoria, están abandonándole en medio de la crisis. Biden, además, ronda o supera el 50% de intención de voto en casi todos los sondeos, lo que indica que Trump tiene que convencer a los seguidores de su rival, no solo movilizar a su base, que ya está convencida al completo.

Y el mayor problema de Trump es precisamente que su base no es suficiente para ganar. Todos los sondeos indican que hay más demócratas que republicanos en el país -algo que se viene dando sistemáticamente desde hace medio siglo-, y que hay ligeramente más demócratas que apoyan a su candidato, Biden, que republicanos que apuestan por Trump. Paradójicamente, el resultado de movilizar su base hasta el paroxismo ha sido provocar el mismo efecto, en sentido contrario, entre sus oponentes, algo que Clinton jamás consiguió.

"El pastel ya está casi cocinado", explica Jonathan Last, periodista conservador. "Las encuestas son muy estables. Supongo que sí, cualquier cosa puede pasar, Biden puede morirse o pueden llegar los extraterrestres, pero no sé qué más puede pasar en estos meses que haga cambiar a la gente de opinión sobre los dos políticos mejor conocidos del país". Y, al contrario que en 2016, la gente ya sabe qué puede pasar si hay una presidencia de Trump: ya no es una hipótesis con la que asustar a la gente, sino una realidad. Una que no ha logrado recibir una valoración positiva ni siquiera un solo día de su mandato.

Y Trump no está nada contento con lo que está viendo, pero su reacción no es cambiar de estrategia ni intentar calmar las tensiones y tender la mano al "otro bando". Al contrario: su reacción es rechazar las encuestas. Según la cadena CNN y el Washington Post, Trump amenazó a su jefe de campaña, Brad Parscale, con denunciarle si seguía mostrándole encuestas con malos datos para él. Y este lunes, el presidente contrató a la peor encuestadora del país -con errores de 27 puntos en 2018 o de 44 puntos en 2014 que han pasado a la historia-, McLaughlin, para que acusara a la cadena CNN de "manipular su encuesta" -que situaba a Biden con 14 puntos de ventaja- "para deprimir la intención de voto a Trump".

"Trump va a hacer cosas raras que tienen sentido para él aunque sean inexplicables para el resto del país", advertía ya a principios de año el estratega de campaña Rick Wilson, un exrepublicano que se ha pasado al bando demócrata y autor del libro "Una carrera contra el diablo". "Lo que Biden tiene que hacer es no desviarse de su camino, recordar que esto es un referéndum sobre si Trump se merece cuatro años más". Quedan cinco meses, y es difícil imaginarse que más puede pasar en este tiempo, pero si hay alguien que suele superarse son los guionistas de EEUU.

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forum Comentarios 4

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Libertad Canaria
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Las protestas violentas y sin sentido de la izquierda estas últimas semanas además del virus chino, refuerzan el mensaje que llevó a Trump al poder. El partido demócrata se ha alineado con la delincuencia y eso lo va a pagar caro en un país donde la propiedad privada es sagrada.

Las encuestas pasadas decian que ganaba Hillary y vean el resultado, Trump simplemente debe intensificar su ofenciva contra China, hacerse la víctima del Deep State y la propaganda progre, mientras sigue defendiendo los valores conservadores frente al libertinaje, la inmoralidad y decadencia izquierdista.

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#1
Ana27
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Pero de donde sacaran estos las noticias?. JAJAJA. Con que la base de Trump no es suficiente para ganar?. JAJAJA. Le estan haciendo la campaña gratis y es que los Demócratas estan temblando de miedo y Sleepy Joe Biden ...sleeping. Hillary en los tribunales, por eso arrecian los tumultos y el Presidente cada dia mas fuerte.

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#2
Usuario validado en elEconomista.es
In God We Trust
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Ni loco, pierde Donal Trump las seguiente eleciones. Xi Jinping y Vladímir Putin no quieren a otro presidente, no vaya ser que se le ocura al nuevo presidente hacer las cosas medianamente bien. Se me ocure un eslogán para los republicanos "Por otros 4 años de grandeza".

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#3
Ainsss progresss
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El PROGRE que escribe el artículo.. Pobrecillo pues no dice que Tramp esta bajando en las encuestas..

TE VAS A COMER A TRUMP CON PATATAS. PGOGRE. 😂

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#4