Especial medio ambiente

España está en la media de Europa en innovación ecológica

  • Nuestro país destaca por la implicación de las pymes en la eficiencia de recursos
  • Debe mejorar en aspectos como la calidad de la I+D y la gestión del agua
Imagen: Dreamstime.
Madrid

En el año 2009, la Comisión Europea aprobó el Pacto Verde Europeo como una suerte de plan estratégico a largo plazo para impulsar la sostenibilidad en el Viejo Continente. En el marco de dicho pacto, se adoptaron el nuevo Plan de Acción de Economía Circular, la Estrategia para la Biodiversidad 2030 y el Plan de Acción para Contaminación Cero: todas ellas ponían el foco en la digitalización como palanca para la economía circular.

La transformación digital es también el leitmotiv del último Observatorio de Ecoinnovación (EIO, por sus siglas en inglés) de la Comisión, publicado en 2020, que analiza además el desempeño de los 28 países miembro de la Unión Europea (UE) en el llamado Índice de Ecoinnovación 2019. Este índice, surgido en 2009, mide cada año los progresos de los miembros de la UE en lo que hace a innovación ecológica y medioambiental.

¿Y qué tal lo hace España? Nuestro país se mantiene por encima de la media en el índice -ocupa el puesto 11 del ranking-, pero ha ido empeorando su resultado en los últimos años. El desempeño de España es, además, muy irregular, ya que hay una diferencia de 77 puntos entre su peor variable y la mejor. En efecto, el apartado de "Resultados socioeconómicos", con un valor de 62, refleja un nivel bajo de exportaciones de las empresas ecológicas -las dedicadas a la gestión de la contaminación y los recursos-, así como un menor número de proyectos cuyo fin es la protección del medio ambiente o la gestión de recursos naturales.

La mejor cara de España tiene que ver con las actividades "ecoinnovadoras". Con un registro de 139, nuestro país se sitúa en tercer lugar de la UE, solo por detrás de la República Checa y Suecia. Este rubro se refiere a la implementación de acciones orientadas a la eficiencia de recursos y el desarrollo de productos sostenibles por parte de las pymes, así como el número de empresas que han obtenido la certificación ISO 14001 -un estándar internacional de gestión ambiental-: la incidencia de estas es de 264 por millón de habitantes, lo que genera un índice de 194. Estos resultados ponen de manifiesto que las pymes han hecho un esfuerzo inversor paramejorar la sostenibilidad de su operativa, productos y servicios.

Sobresale el número de empresas españolas por millón de habitantes que han obtenido la certificación ISO 14001

España presenta un desempeño por debajo de la media europea en los inputs destinados a la ecoinnovación, esto es, en lo que hace a inversiones -tanto recursos financieros como técnicos y humanos- que dan pie a actuaciones en esta materia por parte de las empresas, organizaciones dedicadas a la investigación y otras instituciones. Logra un valor de 71: cerca, pues, de un tercio menor que la media europea. Nuestro país ha obtenido siempre una puntuación baja en este apartado, lo que, a juicio del perfil de país elaborado por el EIO, obedece a la baja intensidad de la I+D española -sobre todo la acometida por el Gobierno- y una proporción comparativamente inferior de investigadores y personal dedicado. El nivel de proyectos verdes en fase temprana obtiene un parco 54 en el índice.

Por lo que respecta a los resultados (outputs), el desempeño español mejora el de la media de la UE, con un valor de 122. Sin embargo, este resultado es un tanto engañoso, y obedece a la excepcional cobertura mediática de la innovación ambiental. Los datos duros no son buenos: España promedia 0,46 patentes relacionadas con ecoinnovación por millón de habitantes, mientras que en la UE la cifra es 8,0. Las publicaciones académicas en esta área arrojan un valor de 85, de nuevo inferior a la media.

Agua improductiva

Los resultados en cuanto al uso eficiente de los recursos son en general positivos. En este rubro, España obtiene un puntaje de 114; ahora bien, el país ha perdido casi 40 puntos y seis posiciones desde 2017. Nuestra productividad material -que expresa el valor económico generado a partir de recursos físicos- es elevada, con un registro de 154, y el desempeño en cuanto a intensidad de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) es ligeramente superior a la media. Sin embargo, el resultado en productividad de la gestión del recurso hídrico es baja -un índice de 43-, lo que debe mejorarse para "hacer al país más resiliente a sequías".

Solo el 1% de la fuerza laboral está empleada en labores relacionadas con la conservación del medio ambiente

Finalmente, como ya se ha consignado, el rubro de resultados socioeconómicos es decepcionante, dado que menos del 1% de los productos de las compañías ecológicas es exportado y solo el 1% del total de la fuerza laboral está empleada en actividades de protección del medio ambiente. Sin embargo, España presenta un rendimiento ligeramente superior a la media en cuanto al valor añadido respecto al PIB de las actividades de protección ambiental y gestión de recursos.

Oportunidades

El informe del EIO destaca como promisorias en España las áreas de gestión de desperdicios, diseño ecológico, ingeniería verde, reciclaje, eficiencia energética, construcción sostenible, eficiencia hídrica y sistemas hídricos urbanos. La llamada economía verde tiene, además, la ventaja añadida de la potencial creación de empleos y transformar la estructura productiva del país. Entre los principales obstáculos, el Observatorio señala el "apoyo insuficiente" desde el punto de vista político y regulatorio; la falta de financiación para llevar a cabo proyectos circulares, y la deficiente concienciación entre los ciudadanos.

El 88% de los españoles afirma estar preocupado por el impacto de los plásticos en el medio ambiente; el 93% lo afirma también respecto al de los químicos. Así, la gestión de desechos y la reducción de su generación son avenidas interesantes para el caso español. Aunque dicha generación ha bajado respecto a 2017, el 54% de los desperdicios todavía se almacenan en vertederos, una proporción que duplica la de la media europea (25%).

La emergencia del Covid-19 ha puesto de manifiesto la falta de sostenibilidad de los estilos de vida europeos y subrayado -siempre según el EIO- la necesidad de impulsar la digitalización para aumentar la circularidad de la economía. Dicha transformación pasa por construir sistemas interconectados y modelos de negocio que funcionen y sean escalables mediante aplicaciones digitales.

Es conocido el desfase entre empresas grandes y pequeñas a la hora de digitalizarse. En Europa, menos de un cuarto de las compañías están "altamente digitalizadas". Sin embargo, la provisión de servicios públicos digitales está avanzada y sigue creciendo: el 64% de los ciudadanos de la UE hicieron uso de estos servicios online en 2018.

En este proceso de digitalización, resulta crucial establecer objetivos vinculados con el avance en economía circular y sostenibilidad: la transformación digital puede ayudar a reducir el volumen de desperdicios, incrementar la eficiencia de los procesos en las empresas, alargar el ciclo de vida de los productos y minorar los costes de transacción mediante la provisión de información. Entre las aplicaciones más interesantes, destacan: la monitorización de contaminantes; la digitalización del suministro energético; la creación de pasaportes digitales y cadenas de suministro transparentes; la mejora de la información al consumidor, o la vigilancia de procesos como la deforestación.

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