Energía

Una alternativa a la electrificación: los combustibles bajos en carbono

  • Serán necesarios a largo plazo para transporte pesado por carretera, marítimo, aviación y petroquímica

Un estudio de Ricardo Energy & Environment, que analiza los retos y oportunidades asociadas a esta gama de opciones alternativas, concluye que las tecnologías de producción de combustibles bajos en carbono y la electrificación tienen que formar parte de la visión para 2050 de la UE, pues son complementarias y requieren la adopción de políticas basadas en un enfoque neutro de apoyo a la tecnología.

Cada vez son más los que creen que no existe una única solución para construir un sistema de transporte bajo en carbono. Un estudio a nivel global de la consultoría medioambiental Ricardo Energy & Environment, que examina un escenario de electrificación casi total de los automóviles y vehículos comerciales ligeros en la UE para 2050, expone los retos y oportunidades asociadas a esta gama de opciones alternativas.

Los combustibles líquidos bajos en carbono serán esenciales en el largo plazo para los sectores que tienen limitaciones a la hora de usar directamente la electricidad, como el transporte pesado por carretera de larga distancia, la aviación, el sector marítimo y la petroquímica. El estudio plantea un primer escenario en el que se muestra que la electrificación total del transporte, en el caso de turismos y furgonetas, debería alcanzar el 90% del parque de vehículos en 2050. La combinación de energías en este escenario manifiesta un rápido descenso de los combustibles fósiles a partir de 2030, así como un rápido aumento del uso de la electricidad y el fin del uso de biocombustibles en los próximos 30 años.

A pesar de que se espera que este escenario logre para 2050 una reducción de hasta el 87% de los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del ciclo de vida de 2015, esto conlleva una inversión estimada en infraestructura de carga y red de vehículos eléctricos de 63- 830 billones de euros hasta 2050, la pérdida anual de 66 billones de euros en ingresos fiscales por la venta de combustible, la construcción de 15 gigafábricas para suministrar baterías al mercado europeo y la instalación de una mayor potencia de pico de 115 GWh, entre otros.

El segundo escenario, el de los combustibles líquidos bajos en carbono, implica que en 2050 el parque de vehículos estará formado por automóviles con motor de combustión interna muy eficientes, con una alta penetración del 68% de combustibles de bajo contenido en carbono, complementados por 23% de electricidad y una cuota menor de combustibles fósiles. Se espera que este escenario reduzca en 2050 el nivel de emisiones de GEI del ciclo de vida de 2015 en un 87 %, lo que equivale al escenario de electrificación total.

Entre los beneficios de este escenario, está la oferta de una alternativa sostenible para otros segmentos de transporte como la aviación, la marina y transporte pesado por carretera, además de la oportunidad de abastecer a la flota de vehículos ligeros con motor de combustión interna a medida que estos combustibles bajos en carbono aparezcan en el mercado, lo que permitiría una mayor reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con el escenario de renovación progresiva de la flota.

Inversiones en infraestructuras

Del mismo modo, requiere inversiones en infraestructuras significativamente menores, sólo el 50% de la capacidad de recarga del escenario de alta electrificación,  5 o 6 gigafábricas para la producción de baterías y la mitad de la generación de energía máxima en comparación con el primer escenario. Las perspectivas de un despliegue significativo de los combustibles líquidos bajos en carbono son muy ambiciosas, pero el trabajo de los expertos demuestra que no solamente es posible, sino también muy beneficioso. 

El estudio concluye que las tecnologías para la producción de combustibles líquidos bajos en carbono son tan esenciales como la  electrificación, y merece un apoyo fuerte político, pues tienen que formar parte de la visión para 2050 de la UE, la industria, sus inversores y sus clientes, pues ambas tecnologías son complementarias y requieren la adopción de políticas basadas en un enfoque neutro de apoyo a la tecnología.

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