Empresas y finanzas

El analista Steve Sosnik advierte: Tesla está haciendo 'trampas' en sus cuentas con el bitcoin como GE Capital antes de la crisis

  • La subida de precio del bitcoin maquillaría los problemas de la compañía
Foto: Reuters

Si hay algo que el consejero delegado de Tesla, Elon Musk, ha dejado claro en este último año es que es un firme creyente en el bitcoin. El pasado 8 de febrero, la automovilística anunció la compra de 1.500 millones de dólares en bitcoins, en un movimiento para establecer una posición firme en un producto que, según Musk, alcanzará "la luna" dentro de no tanto. Pero para el analista Steve Sosnik, de IBKR Traders' Insight, este movimiento es más siniestro que la apuesta por un activo en auge: en su opinión, es un truco contable para ocultar los problemas de la compañía, con un olor muy claro a los de GE Capital, el brazo bancario del conglomerado industrial General Electric, que voló por los aires con la crisis bancaria.

La clave para Sosnik está en los últimos resultados trimestrales. La compañía automovilística declaró beneficios operativos de 493 millones de dólares. Pero, de esa cantidad, la venta de coches fue un lastre. En total, ganó 518 millones mediante la venta de créditos verdes a otras automovilísticas para ayudarlas a cubrir sus emisiones, y 101 millones vendiendo bitcoins. Pero el negocio 'core' de Tesla, vender coches eléctricos, sigue en rojo: con los datos que tenemos, las pérdidas serían de unos 126 millones.

Con esta situación, la preocupación de Sosnik es que Musk esté usando esas fuentes de ingresos alternativos para maquillar los problemas que sufre la compañía, como hizo GE en su día. Durante la década de los 2000, el conglomerado industrial utilizó los beneficios de su filial financiera para ocultar el estancamiento de su negocio principal, hasta que la crisis financiera de 2008 inundó lo que se había convertido en un banco sistémico en EEUU de deudas impagadas, provocando pérdidas de 6.000 millones en sus cuentas y un rescate estatal.

Obviamente, la situación de Tesla, a día de hoy, no es ni mucho menos tan preocupante. Pero debajo de esos beneficios hay varias señales de alerta. Por un lado, la venta de créditos de emisión de CO2 a otras automovilísticas es un buen negocio a día de hoy, cuando todavía muchas de ellas todavía están en medio del paso de los motores de combustión a los eléctricos. Pero el mercado está cambiando rápido, y esa 'subvención' de sus rivales tardará justo lo que ellas tarden en renovar su flota. En otras palabras, cuando mayor y más dura sea la competencia de Tesla será justo cuando pierda una de sus principales fuentes de ingresos a día de hoy.

Para eso, sospecha Sosnik, Musk hizo la gran compra de bitcoins a principios de año. En teoría, no tiene ningún sentido vender apenas dos meses después un activo recién comprado y que -en teoría- tiene muchas opciones de revalorizarse a largo plazo. Más allá, claro está, de distorsionar los resultados financieros. Con esa gran masa de bitcoins -y si todo va bien-, Tesla tiene las manos libres para ir compensando las pérdidas de su negocio principal con pequeñas ventas de paquetes de criptomonedas, ocultando la situación real de su negocio.

Si el negocio de Tesla no logra cumplir objetivos, las ventas de bitcoins podrían ser una forma de ocultar al gran público la realidad de la compañía

Por supuesto, todo esto depende de que el bitcoin vaya subiendo de precio de forma sostenida. Pero la capacidad de Musk de aumentar el precio de la criptomoneda con sus mensajes y su mero interés serían, visto así, un seguro para el ejecutivo.

Por supuesto, es perfectamente posible que el negocio de Tesla siga al alza en los próximos años y todo esto se quede en un mero juego contable para animar a los inversores en los momentos en los que la compañía está más cerca de pasar a beneficios sostenidos. Pero si el negocio de Tesla no logra cumplir objetivos, las ventas de bitcoins podrían ser una forma de ocultar al gran público la realidad de la compañía... y la primera década de este siglo ya dejó claro qué pasa cuando las grandes firmas se acostumbran a hacer pequeñas trampas contables.

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