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Contra lo previsto, las emisiones de CO2 se mantuvieron en 2019, aunque la economía creció un 2,9%

  • Renovables, nuclear y sustitución de carbón por gas, frenaron su crecimiento
  • En los países ricos las emisiones han bajados hasta los niveles de hace tres décadas

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha divulgado los datos de las emisiones globales de CO2 del año pasado y, en contra de lo que arrojaban las estimaciones preliminares, se mantuvieron en el mismo nivel que en 2018, con 33 gigatoneladas, aunque la economía global creció un 2,9%.

Durante la celebración de la Cumbre del Clima de Madrid, la ONG Global Carbon Project anunció que las emisiones de CO2 de 2019 se habían incrementado un 0,6% en relación a 2018, ejercicio en el que crecieron un 2,1%. Esta ralentización, según su apreciación, respondía más a la desaceleración de la economía que a las políticas contra el calentamiento planetario. Según sus cálculos, las emisiones de efecto invernadero van a crecer a un ritmo del 1% al 1,5% anual, a menos que se tomen medidas drásticas para contenerlos.

Sin embargo, hoy, la AIE ha revelado que después de dos años de crecimiento, las emisiones de CO2 se mantuvieron sin cambios en 33 gigatoneladas durante 2019, gracias a la disminución de las emisiones procedentes de la generación de electricidad en las economías avanzadas provocadas por las renovables (eólica y solar), la sustitución del carbón por gas natural y el aumento de la producción atómica. Como resultado, las emisiones de las economías avanzadas han retrocedido hasta los niveles de finales de la década de 1980.

Otros factores que influyeron en la estabilización del dióxido de carbono en la atmósfera fueron el clima más benigno en varios países y un crecimiento económico más lento en algunos mercados emergentes.

En la UE bajan un 5%

Las emisiones en la UE, el líder indiscutible contra el cambio climático, cayeron en 160 millones de toneladas -un 5%-, impulsadas por las reducciones en el sector de la energía. El gas natural produjo más electricidad que el carbón por primera vez en la historia, mientras que la electricidad eólica casi alcanzó a la generación con carbón.

Sin embargo, en términos absolutos, EEUU registró la mayor disminución de emisiones por país, con una caída del 2,9%, equivalente a 140 millones de toneladas; su expulsión de CO2 se ha reducido casi 1 gigatonelada desde el pico alcanzado en 2000, básicamente por el boom de la explotación del fracking y los hirdrocarburos no convencionales, que han desplazado al carbón en la cesta de generación.

En Japón el CO2 bajó 45 millones de toneladas, o un 4%, el ritmo más rápido de disminución desde 2009, por la producción de los reactores nucleares, que desde hace dos años se han ido reactivando progresivamente después del accidente de Fukushima.

Las emisiones en el resto del mundo aumentaron en cerca de 400 millones de toneladas en 2019, y casi el 80% del incremento provino de países de Asia, como China o India. En ambos el CO2 procedente del sector eléctrico también se moderó por un menor consumo de carbón, pero el CO2 de otros sectores, como el transporte, siguió creciendo.

"Ahora tenemos que trabajar duro para asegurarnos de que 2019 se recuerde como un pico definitivo en las emisiones mundiales, y no como otra pausa en el crecimiento", ha valorado Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE: "Tenemos las tecnologías energéticas para hacer esto, y tenemos que hacer uso de todas ellas".

Reducir un tercio las emisiones para 2030

Birol debatirá estos resultados mañana en un evento especial en la sede de la AIE en París con los ministros de energía y clima de Polonia, que acogió la COP 24 en Katowice; España, que acogió la COP 25 en Madrid, al que asistirá Teresa Ribera, vicepresidenta del Gobierno; y el Reino Unido, que acogerá la COP26 en Glasgow este año.

La AIE publicará en junio un Informe Especial sobre las Perspectivas de la Energía Mundial en el que se trazará la forma de reducir en un tercio las emisiones de carbono relacionadas con la energía mundial para 2030 y el modo de alcanzar los objetivos climáticos a más largo plazo.

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