Economía

Lagarde recoge una patata caliente a punto de estallar: un BCE sin armas y una Eurozona que se 'apaga'

  • Lagarde deberá revisar las herramientas del BCE para la próxima recesión

Asumir el cargo de presidente del Banco Central Europeo en este momento es como recoger la mítica patata caliente del Grand Prix cuando está a punto de estallar. Desde la Gran Recesión a esta parte, el BCE ha agotado todas las balas convencionales y no convencionales que tenía a su disposición. Sin haber comenzado a recargar la munición, la inflación y la economía de la Eurozona se están desacelerando al tiempo que las incertidumbres globales suben un escalón más. Christine Lagarde deberá tomar decisiones controvertidas y que contarán con la oposición de amplios y poderosos grupos dentro del BCE y la Eurozona, pero la decisión correcta podría ser vital para evitar que la patata caliente acabe estallando en la cara de la francesa.

Grégory Claeys, Maria Demertzis y Francesco Papadia, economistas del think tank Brueguel, presentan en un documento los retos a los que se tendrá que enfrentar Lagarde como futura presidente del BCE. El título de este informe ya lo dice todo 'Preparándose para la incertidumbre'.

Los retos para Lagarde no serán escasos ni sencillos. La economista francesa recogerá el testigo de Mario Draghi en una Eurozona que continúa siendo una unión monetaria incompleta, en la que la heterogeneidad sigue siendo un factor clave, que impide al bloque aprovechar las sinergias de una unión monetaria óptima a la vez que sufre los problemas de las divergencias entre países.

"La primera consecuencia de esta unión incompleta es que la coordinación fiscal entre países en tiempos normales es imperfecta en el mejor de los casos... no existe una herramienta a nivel europeo para combinar la política fiscal y la política monetaria. Esto ha puesto una responsabilidad excesiva sobre la política monetaria, una realidad que probablemente tendrá que afrontar (Lagarde) en la próxima recesión. Pero esta vez el espacio para maniobrar con las herramientas disponibles estará considerablemente limitado", señalan los economistas de Brueguel.

"Tu reto será asegurar que las respuestas llegan a tiempo"

Todo lo anterior se pudo ver tras la crisis de 2008: falta de coordinación fiscal (y cuando la hubo fue para implementar políticas austeras de dudoso resultado), movimientos en falso con los tipos de interés, un programa de estímulos (QE por sus siglas en inglés) que llegó seis años más tarde que el lanzado por la Reserva Federal de EEUU y el Banco de Inglaterra. "Tu reto será asegurar que las respuestas llegan a tiempo", piden estos expertos a Lagarde.

Dado que los propios estatutos del BCE prohíben de forma clara la financiación directa del déficit de los gobiernos, Lagarde debería recalcar que las Operaciones Monetarias sin Restricciones (OMT por sus siglas en inglés) se podrían usar en cualquier momento como cortafuegos para evitar cualquier indicio de contagio en la deuda soberana. Este programa permitiría a BCE comprar en el mercado secundario deuda soberana de un solo país previa solicitud de ayuda financiera de su gobierno.

Esta es una de las pocas herramientas que no se han agotado, ni siquiera se ha tenido que utilizar. Precisamente, el segundo reto para Lagarde será lidiar con una economía a la baja sin espacio para respuestas convencionales. "El espacio para bajar tipos es muy limitado, dado que los tipos nominales están en su nivel más bajo en 200 años o más. Además, se espera que los tipos se mantengan en niveles reducidos para las próximas tres décadas".

Todo lo anterior deja entrever que la política monetaria tendrá que confiar más en las operaciones relacionadas con el balance (QE) y menos en los movimientos de los tipos de interés para conseguir sus objetivos. Por otro lado, "unos tipos de interés muy bajos por mucho tiempo pueden empujar a los agentes a buscar rentabilidad asumiendo un exceso de riesgo". Las medidas macroprudenciales y la vigilancia serán fundamentales para evitar grandes desequilibrios que puedan generar burbujas o dar forma a precios irracionales en ciertos activos. La estabilidad financiera será otro de los grandes retos para Lagarde.

Si se confirman las expectativas sobre tipos de interés y el nuevo estado de la economía (baja inflación y crecimiento durante los próximos años), Lagarde tendrá una tarea fundamental: revisar el marco de funcionamiento de la política monetaria para dotarla de mayor flexibilidad y capacidad de acción a corto plazo para luchar contra los shocks de una forma eficiente.

¿Qué más puede hacer el BCE?

"Si la zona euro se enfrenta a una nueva recesión, el BCE debería estar listo para aplicar un rango de herramientas". Estos expertos de Brueguel recomiendan las siguientes acciones para contrarrestar el shock económico:

-El BCE debería mantener las generosas operaciones de refinanciación y las compras de bonos como herramientas permanentes en su armario.

-Para reanudar el programa de compras de activos sería necesario cambiar las reglas autoimpuestas por el propio banco central o incluir otros tipos de activos como acciones o créditos bancarios. Esto quiere decir que el BCE podría crear dinero para comprar acciones o adquirir créditos que la banca tiene en balance a cambio de liquidez. Estos activos pasarían a engrosar el balance del banco central.

-Por último, los economistas de Bruegel apuestan por poner sobre la meses algunas herramientas potenciales en caso de que todo lo anterior sea insuficiente para reactivar los precios y el crecimiento. "Las inyecciones directas de dinero en la economía (el helicóptero del dinero) o la intervención en otros mercados no se deberían descartar... dado el espacio limitado del BCE, estas nuevas herramientas se deberían estudiar, y si fueran necesarias se podrían aplicar sabiendo lo que pueden lograr y los riesgos que suponen". Habría que estudiar el modo de aplicación de estas herramientas para evitar la violación de los estatutos del banco central o cambiar una reglas que se impusieron en un contexto diferente al actual.

Lagarde va tener un arduo camino por delante. La francesa asumirá el cargo el 1 de noviembre y, si la situación no cambia de forma radical en estos meses, recogerá un banco central que solo ha bajado tipos en los últimos ocho años, que ha retorcido el lenguaje todo lo posible para demostrar que hará lo que sea necesario y que tiene el balance más grande de su historia. Sin duda será un mandato apasionante, pero también incierto y desafiante.

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