Economía

Las prórrogas de contratos temporales triplican las conversiones a indefinido

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La última reforma laboral ha reducido la contratación temporal a su mínimo histórico, pero no ha tenido el mismo éxito con el que sigue siendo el gran objetivo pendiente de todas las políticas de modernización del mercado de trabajo de España: que el empleo eventual se convierta en una verdadera puerta de entrada hacia el indefinido. En mayo, las prórrogas de temporales multiplicaban por 2,8 las conversiones en fijo, una ratio muy similar a la previa al cambio legal.

Así, en el pasado mes apenas se registraron 33.217 conversiones a indefinido. Equivalen a un 4,3% de los contratos temporales, el dato más bajo desde la entrada plena en vigor de la norma, mientras tanto, el volumen de prórrogas ascendió al 91.662, lo que supone un 12% de los eventuales. Este porcentaje supera en dos puntos porcentuales al del mismo mes de 2019, último año comparable antes del cambio legal (ya que 2020 y 2021 vinieron marcados por la pandemia).

Para entender esta evolución hay que tener en cuenta el desplome de la contratación temporal, que se ha traducido en un importante retroceso tanto de las prórrogas, pero también de las conversiones. Pero el equilibrio entre ambas no se ha modificado sustancialmente.

Pero para entender esta evolución hay que tener en cuenta el desplome de la contratación temporal, que se ha traducido en un importante retroceso tanto de las prórrogas, pero también de las conversiones. Pero el equilibrio entre ambas no se ha modificado sustancialmente.

Ello a pesar de que, durante los primeros meses de la norma, sí se produjo un importante giro en la tendencia seguida hasta entonces y las conversiones superaron con creces a las prórrogas. Sin embargo, fue un espejismo efímero: en cuanto las empresas se adaptaron a la nueva ley, este giro se revirtió y las conversiones cayeron con intensidad hasta volver a situarse en niveles muy inferiores a los que registran las ampliaciones de contratos temporales.

En este sentido, los datos son concluyentes. Las transformaciones de contratos han pasado de aportar el 37,6% de los indefinidos en mayo de 2019 al 5,8% en el mismo mes de 2024. Este desplome tiene una explicación obvia: los contratos indefinidos se han triplicado respecto a hace cinco años, mientras las conversiones han retrocedido a menos de la mitad. A ello se suma que la firma de contratos temporales también ha caído a menos de la mitad. Pero esta explicación no lo convierte en un síntoma de mejora.

Precisamente si calculamos la tasa de las conversiones sobre los temporales, encontramos que solo han aumentado en tres décimas, del 3,7% al 4,3%. Esta débil mejora no puede explicarse únicamente por un cambio en la contratación que, en último año, el mercado laboral ya da por amortizado.

Tras tocar techo con la entrada en vigor de la reforma laboral, la firma de contratos indefinidos caen un 7,8% interanual en mayo de 2024, el doble que los temporales (-3%): un ajuste que ilustra que las empresas ya han absorbido el efecto de la reforma. Sin embargo, las conversiones y prórrogas registran un comportamiento muy diferente: las primeras han retrocedido un 19,4%, mientras las segundas repuntan un leve un 2,4%.

Este desigual comportamiento confirma que saltar de un puesto eventual a uno indefinido (siquiera fijo discontinuo) vuelve a ser casi tan difícil como había sido siempre. Y, de paso, hace casi imposible que el peso de los contratos estables crezca más allá del umbral del 50% de los que se firman cada mes.

Los datos tienen una lectura clara: cuando un empleo de duración determinada finaliza, la opción mayoritaria de los empleadores es fichar 'de cero' a otro trabajador en lugar de renovar al que ocupaba ese puesto. En los casos en que esto ocurre, el asalariado tiene casi tres veces más posibilidades de hacerlo por un nuevo periodo temporal que pasar a ser indefinido.

Las empresas ignoran la reforma

Con esta práctica, las empresas no solo se ahorran computar la antigüedad, sino que sortean las condiciones para hacer fijos a sus temporales que la reforma laboral endureció. Y, en este sentido,los datos de abril y mayo cobran un cariz especial.

La reforma laboral concedió una 'vacatio legis' de tres meses para adaptarse al nuevo escenario marcado por la desaparición de los contratos temporales por obra y servicio y las nuevas obligaciones que se establecen respecto al resto de eventuales. La principal fue la reducción del tiempo de encadenamiento de estos empleos. Si anteriormente se establecía en 24 meses de los últimos 30 meses, el cambio legal lo redujo a 18 en un margen de 24.

Esto significaba que las personas contratadas de manera temporal desde el 30 de marzo de 2022 que hayan acumulado (en renovaciones sucesivas o no) un total del año y medio empleadas por la misma empresa serán consideradas fijas. Para aquellas que ya estuvieran en esta situación con anterioridad a la norma, el contador solo se aplicaría desde la última renovación contractual, si bien esto no empezaba a correr desde marzo, sino desde la entrada en vigor inicial de la norma, el 28 de diciembre de 2021.

Además, si un puesto se ha ocupado durante más de 18 meses sobre 24 con empleos eventuales, la empresa está obligada a hacer indefinidos al trabajador que lo ocupe en ese momento, aunque no lleve ese tiempo trabajando en la empresa. Es decir, ya no solo se convierte en indefinido al trabajador, sino al propio puesto de trabajo.

Sin embargo, las conversiones no han registrado ningún repunte en lo que va de 2023, pese a que el pasado 30 de marzo se cumplían los dos años del límite máximo para que las empresas adaptaran sus plantillas. Las empresas potencialmente afectadas prefieren dejar caducar esos contratos para evitar superar los límites impuestos por la norma.

Ello a pesar de que Trabajo ha lanzado una intensa campaña de inspección que en 2023 se tradujo en más de 140.000 conversiones a indefinidos ordinarios. Un número que equivaldría a un tercio de las conversiones registradas en ese año si no fuera porque Trabajo incluye en esta cifra (sin desglosarlos) a fijos discontinuos, que ya son contratos indefinidos. Una alternativa contractual que no ha convencido a las empresas pese a considerarse como una 'fórmula de transición' hacia el verdadero empleo estable.

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