Economía

¿Qué fue del Mecanismo RED? La ambiciosa alternativa a los ERTEs que solo ha llegado a 4.200 personas

Foto: EP

La reforma laboral de 2021 supuso el final definitivo de la 'barra libre' de regulaciones temporales de empleo (ERTEs) improvisada durante los peores momentos de la pandemia. El Gobierno quiso crear un sistema nuevo que funcionara en todo tipo de crisis, pero también que pudiera hacer frente al desafío de la transformación tecnológica y productiva que ponía en riesgo a miles de empresas y empleos. Todo ello sin caer en el riesgo de crear 'zombis', es decir, mantener artificialmente actividades y puestos en declive. Nació así el Mecanismo RED, una figura que sólo se ha activado una vez, para unos 4.200 trabajadores de agencias de viajes y que ahora parece completamente olvidado.

El Mecanismo nació como un complemento a los otros dos tipos de ERTEs, los provocados por causas económicas, técnicas, productivas u organizativas (ETOP) y los de causas por fuerza mayor, ligados a circunstancias "catastróficas" y sobrevenidas que interrumpen la actividad de la empresa, como fue la propia pandemia, la erupción del volcán de Palma de Gran Canaria de 2021 o la guerra de Ucrania.

El Mecanismo RED pretendía ir más allá y ponía el foco en situaciones de "crisis cíclicas", como puede ser una recesión económica como la de 2009, o "sectoriales", que afecta a actividades concretas. Un ejemplo claro de esto fueron las agencias de viajes, que al impacto de las restricciones de movilidad asociadas a la crisis sanitaria sumaban el golpe que la digitalización había provocado en sus oficinas de atención presencial.

Además de las prestaciones para los afectados que suspendieran o redujeran su jornada, las empresas recibían una exoneración del 40% en las cuotas a la Seguridad Social, un ahorro condicionado a que se de formación a los afectados.

Aquel procedimiento se puso en marcha abril de 2022, aunque dos años después se considera más bien una prueba piloto para un sistema que no estaba maduro. De hecho, fue tan caótico que los afectados empezaron a cobrar las prestaciones asociadas con cuatro meses de retraso por la falta de medios del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) para tramitarlas.

En el colmo del absurdo, el desarrollo reglamentario del Mecanismo RED no se aprobó hasta julio de 2023, siete meses después de que el Ejecutivo concluyera el procedimiento abierto para las agencias. En su momento álgido, el Mecanismo apenas llegó al 17% de los afectados por ERTEs. Nada se sabe de si los trabajadores percibieron la formación adecuada para 'reciclarse'.

Un pulso entre Calviño y Díaz

Gran parte del problema surge de cómo se gestó el diseño. El "Mecanismo RED de Flexibilidad y Estabilización del Empleo" se introdujo en la reforma laboral a instancias de la entonces vicepresidenta económica, Nadia Calviño, que buscaba conjurar el riesgo de una 'zombificación' de empresas de sectores condenados al declive e impidiera el 'reciclaje' de trabajadores y empleos ante el desafío tecnológico.

De hecho, en los primeros borradores incluso se llegó a plantear que los trabajadores 'protegidos' por estos ERTEs que no pudieran adaptarse pudieran ser despedidos, lo que contravenía toda la filosofía del "prohibido despedir" que había acompañado estas regulaciones durante la pandemia.

El pulso se resolvió finalmente con una solución salomónica: repartiendo la llave del Mecanismo entre los ministerios de Trabajo, Economía e Inclusión y Seguridad Social, encargados de elevar la propuesta para activarlo al Consejo de Ministros, que tiene la última palabra.

En cualquier caso, pese al desarrollo reglamento plenamente en vigor, el sistema no ha vuelto a aplicarse y no hay indicios de que esta decisión vaya a tomarse a corto o medio plazo. Ni siquiera se ha mencionado como posibilidad en un momento en el que el desarrollo de la inteligencia artificial amenaza con convertirse en una disrupción laboral en muchos sectores.

Las empresas no parecen interesadas en una fórmula que ven rígida y sin ventajas suficientes. Tampoco los propios trabajadores potencialmente en riesgo, desanimadas por el precedente de las agencias de viaje, están interesadas en una fórmula de dudosa utilidad por ahora.

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