Economía

Europa mira al abismo de la productividad... y Francia se convierte en el canario en la mina

  • Mientras en EEUU creció un 0,5% en Europa ha caído un 1%
  • Francia todavía está un 3,8% por debajo de sus cifras precovid

Europa se ha visto atravesada por numerosos problemas en los últimos años. Primero, el covid, seguido una crisis de suministros y, para finalizar, una guerra en su extremo oriental que ha provocado que tengan que cambiar su suministro energético en tiempo récord. Paralelamente, una enorme subida de los tipos de interés ha arrastrado a su economía a una situación complicada, con la industria siendo azotada por la inflación y una menor demanda interna y externa. Sin embargo, estos problemas, que pueden ir variando con el paso de los años, languidecen ante el gran desafío de la eurozona que tiene que afrontar en el próximo lustro: una crisis de productividad.

La productividad se encuentra en retroceso en el viejo continente, lo que supone una gran amenaza para la competitividad de la región frente a, por ejemplo, un EEUU, que se mantiene fuerte en este sentido. Francia se ha situado a la cabeza de este gran desafío que atenaza a todo el continente. La república tiene las mayores caídas en PIB por hora trabajada (principal estadística para medir la productividad) de todo el continente desde la pandemia. Una situación anómala pues, pese a la tendencia general el grueso de la UE ya ha alcanzado sus registros previos a la pandemia mientras que Francia todavía está un 3,8% por debajo de sus cifras de 2019.

Philippe Askenazy, director de investigación en el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, alertó hace unos días en Le Monde de la reciente caída de la productividad laboral por hora : "Sin duda genera preocupación y plantea interrogantes. Preocupación porque la curva francesa se ha vuelto paralela a la de Italia desde 2019, un país que sufre una crisis de productividad desde hace casi tres décadas", asegura este experto. Sin embargo, aunque este es un problema que se está viendo claramente en el país galo hoy, la baja productividad lleva años afectando a los países del sur de Europa.

Ahora, este 'mal o enfermedad' podría extenderse por el resto del continente. Ya sea por factores cíclicos o estructurales, sin productividad es muy difícil lograr crecimiento, por lo que las políticas europeas deben centrarse en fomentar la innovación y allanar el terreno para la productividad vuelva a Europa. Si esto no sucede, el final puede ser una 'italianización' completa de la zona euro.

Productividad, la gran amenaza

Francia se ha convertido en el paradigma de un problema que amenaza a Europa entera. El Viejo Continente se ha convertido en un experto a la hora de aprobar y generar regulaciones de 'cosas' que no inventa (el mejor ejemplo es el de la inteligencia artificial), lo que deja a la vista cuáles son las debilidades de esta región, según apuntan los expertos: un exceso de regulación y burocracia que tapone la innovación y el emprendimiento. Sin innovación es muy complicado lograr fuertes incrementos de productividad o, al menos, obtener la parte 'magra' de la que disfrutan los países que inventan y utilizan en primer lugar sus propios avances. ¿Desde cuándo lleva Europa sufriendo esta enfermedad y por qué?

En las dos primeras décadas de la unión monetaria, la productividad laboral (producción por trabajador) en la Eurozona ya fue bastante débil en comparación con otras economías avanzadas. Mientras que la productividad creció anualmente en promedio un 0,6% desde 1999 hasta 2019, la tasa media en Estados Unidos fue más del doble. Después de la pandemia, la productividad en la Eurozona mostró cierta recuperación, pero los últimos datos muestran que la situación ha empeorado: en 2023, la productividad cayó casi un 1%, mientras que en Estados Unidos creció un 0,5%.

Los economistas del BCE, Óscar Arce y David Sondermann, explican que "la productividad laboral en la Eurozona tiende a moverse con el ciclo económico". Durante períodos de crecimiento económico lento o negativo, la productividad tiende a disminuir, y aumenta cuando la economía se recupera. Esta tendencia cíclica se debe a la estrategia de muchas empresas de mantener a sus trabajadores incluso en tiempos difíciles, ya que despedir y luego recontratar y formar a los empleados es muy costoso.

Esta práctica de retención de empleo se ve acentuada por las instituciones laborales y preferencias sociales en Europa, que otorgan una gran importancia a la protección del empleo frente a la flexibilidad, como es el caso de EEUU y otros países anglosajones.

Sin embargo, en los últimos trimestres, la economía ha crecido (aunque de forma muy leve), mientras que la productividad se ha estancado. En estos últimos trimestres varios factores han amplificado el declive cíclico de la productividad laboral, ocasionando una combinación inusual de un mercado laboral floreciente y una actividad económica débil. Primero, el aumento de los márgenes de beneficio en 2022/23 permitió a las empresas mantener a sus empleados a pesar de la caída de los ingresos.

En segundo lugar, la contratación de trabajadores ha sido menos 'cara' debido a la caída significativa de los salarios reales (por la fuerte subida de la inflación). Si los salarios reales se reducen, a las empresas les resulta más atractivo contratar 'factor trabajo' frente a 'factor capital' (maquinaría) que resulta más cara, sobre todo ahora que los tipos de interés han subido y con ellos los costes de financiación. Tercero, el fuerte crecimiento de la fuerza laboral post-pandemia ayudó a las empresas a abordar las escaseces de mano de obra previstas o reales. Por último, la reducción del promedio de horas trabajadas por persona llevó a las empresas a contratar más trabajadores para mantener su aportación laboral constante.

"La caída de la productividad, particularmente evidente en economías clave de la eurozona como Países Bajos, Francia, Alemania e Italia"

Los bajos niveles de productividad y el desequilibrio (mismatch) en la formación del capital humano de Francia y Europa plantea un serio reto para la economía del Viejo Continente. La doble transición hacia una economía basada en inteligencia artificial y menos intensiva en carbono requiere una adaptación de habilidades y organizaciones, y su planificación necesita una fuerza laboral dedicada y formada, algo de lo que por ahora carece Francia y Europa.

Sylvain Broyer, Chief EMEA Economist, S&P Global Ratings, explica en una nota que "a pesar de evitar una recesión y acercarse al pleno empleo, los desafíos de productividad en Europa persisten. La caída de la productividad, particularmente evidente en economías clave de la eurozona como Países Bajos, Francia, Alemania e Italia, subraya la necesidad de una acción colectiva". Esta experta apuesta por una mayor unión y competencia entre países para estimular la productividad.

Si se permite una entrada totalmente libre de trabas al capital dentro de Europa se fomentará la competencia y con ello la productividad: "Para recuperar la competitividad e impulsar el crecimiento sostenible, los responsables políticos de la UE deben acelerar la integración y profundizar el mercado único europeo… El proyecto de Unión de los Mercados de Capitales ofrece una hoja de ruta clara para avanzar. Lograr sus objetivos sería un importante paso adelante, liberando el potencial del ahorro europeo para la inversión interna".

Esta experta cree que "Europa posee los recursos necesarios, tanto financieros como institucionales, para fortalecer su economía. Si continúa el proyecto de integración iniciado hace décadas, Europa puede trazar un camino hacia la prosperidad y la estabilidad en un panorama global cada vez más competitivo".

Desde S&P Global señalan que, a pesar de que Europa ha logrado sortear con éxito una potencial crisis y recesión, la realidad es que "las cifras de productividad son preocupantemente bajas". Para la agencia, lo más peligroso de la situación es que "no solo no está en vías de recuperación, sino que sigue disminuyendo en sectores como la construcción, el transporte, los servicios minoristas y mayoristas, los servicios financieros y los servicios públicos". En ese sentido, señala que "la visión optimista es que simplemente se está recuperando de diversos shocks, pero también puede estar dándose un gran cambio estructural".

"La población está envejeciendo y si bien la demanda laboral sigue siendo fuerte, lo es en servicios, que tiene una productividad mucho más baja"

Broyer, señala que "la población está envejeciendo y si bien la demanda laboral sigue siendo fuerte, lo es en servicios, que tiene una productividad mucho más baja". La combinación de estos dos factores sería la responsable de la tendencia actual, más allá de los problemas que han venido atravesando al viejo continente los últimos cuatro años.

François Villeroy, gobernador del Banco de Francia, explica que preocupa el diferencial que se está generando con EEUU. "Mientras ellos realizaron despidos masivos con el covid, Europa optó por proteger empleos, algo que ha llevado la tasa de paro y la productividad en direcciones opuestas". Sin embargo, a pesar de que el alto cargo señala el confinamiento como el inicio de una gran 'distancia' entre ambos, también es claro respecto a que "la tendencia a largo plazo es una advertencia, toda Europa debe movilizarse para compensar la brecha que se está generando".

¿Por qué Francia lidera las caídas?

El propio Banco de Francia explicaba en un reciente informe las razones detrás de la 'particularidad' gala. Según explica el banco central la gran diferencia ha estado en el aumento de la 'tasa de ocupación' (la proporción de personas empleadas respecto a la población en edad de trabajar). Este ratio era en 2023 un 5,7% superior en Francia respecto a sus niveles de 2019 mientras que EEUU solo se ha mejorado un 2,3% y en Italia un 1,7%, mientras que en países como Alemania, España o Reino Unido apenas se ha recuperado. Oliver Garnier, experto de la institución monetaria, explica que "este aumento en Francia es atribuible al empleo más que a las horas de trabajo porque el país ha visto como, mientras las horas efectivas de trabajo disminuyen muy ligeramente, la tasa de empleo más ha subido en el mismo período".

El propio Garnier sentencia que "un rápido incremento de la tasa de empleo habitualmente genera una caída de la productividad por hora, ya que la población que antes estaba fuera de la fuerza laboral o desempleada ahora tiene acceso a puestos de trabajo menos productivos". En ese sentido, el Banco de Francia señala que estos puestos de trabajo suelen tener "una menor cualificación". En ese sentido, los cálculos de la institución apuntan a que por cada aumento de un punto porcentual en la tasa de empleo se da como resultado una caída del 0,5% en la productividad. "Esto es lo que explicaría la dinámica de la brecha de productividad que se ha dado entre Francia y Europa".

De este modo, el Banco de Francia concluye que, más que explicar una tendencia negativa, los datos de productividad del país muestran un auténtico 'cambio de era' en su economía. "Francia era bastante única debido a que durante el período poscovid se ha corregido el desequilibrio preexistente entre un nivel relativamente alto de productividad laboral y una tasa de empleo por debajo del promedio" en comparación con otras economías avanzadas. En ese sentido, Garnier afirma que "el reequilibrio representa una ruptura clara con el período pre-covid'.

Esto no significa que la baja productividad de su economía y su tendencia a la baja no esté resultando un problema. De hecho, los analistas de Allianz explicaban que su tasa de empleo todavía sigue siendo muy baja entre personas jóvenes y mayores, algo que puede seguir impulsando esta tendencia y situaban "el debilitamiento de su productividad" como la gran amenaza junto con el "alto nivel de gasto público y deuda". En ese sentido, señalan que esta situación "está impidiendo que las empresas aumenten sus márgenes, en particular las del sector servicios".

"La abundancia de mano de obra, la importante incorporación de jóvenes y el acaparamiento de fuerza laboral ha pesado sobre la productividad francesa", explicaba el banco alemán. En ese sentido, los expertos de la firma señalaban que "Es muy preocupante porque la eficiencia subyacente del trabajo parece haber disminuido" y, a pesar de que esperan una mejora en los próximos dos años en este aspecto "la realidad es que no esperamos que vuelvan a la senda prepandemia". Además, ven problemas para que se vaya mejorando este parámetro, como "la caída del rendimiento escolar y las escasas habilidades de la fuerza laboral". Todo esto anticipará "problemas estructurales duraderos, como falta de trabajadores cualificados", algo que terminará desencadenando en un lastre para el crecimiento económico y un obstáculo para que el desempleo siga cayendo en el futuro.

"Este es el gran problema (que amenaza a Francia) y debe rectificar esta tendencia como principal prioridad"

Desde PwC explicaban en su último informe sobre Francia que "aunque parte de la caída de explica con uso masivo de contratos de estudio (prácticas) y contratación de jóvenes" y una "tendencia inversa" respecto a la tasa de empleo, creen que lo que ha pasado es que "ahora se necesitan más personas empleadas y más horas para realizar el mismo trabajo". En consecuencia, "en un contexto macroeconómico cada vez más deteriorad, va a haber riesgo de que se busque contratar menos y ajustar nóminas a la baja".. Patrick Artus, analista de Natixis defendía que "este es el gran problema (que amenaza a Francia) y debe rectificar esta tendencia como principal prioridad". En ese sentido, señalaba que la caída de productividad "va a acabar pesando sobre el crecimiento".

Debido a ello el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha pedido medidas agresivas para cambiar esta tendencia. Principalmente gracias al "progreso tecnológico y una mejor asignación de recursos, que permita orientar la mano de obra y el capital hacia sectores y puestos de trabajo más productivos". Entre las medidas el FMI recomienda reducir el sobreendeudamiento público, para poder mejorar la reorganización de recursos, reformas estructurales que mejoren la asignación ineficiente y adoptar la inteligencia artificial.

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