Economía

Alemania se desengancha del tren del crecimiento europeo y estos cinco vientos en contra azotarán su economía hasta 2025

  • La transición energética sin gas ruso y la estricta política fiscal seguirán pesando
  • El débil comercio mundial y la 'conexión china', el mayor problema a largo plazo
  • El golpe inmobiliario no ha acabado y la demanda interna tardará en remontar
Un tren del U-Bahn cruza el puente de Oberbaum sobre el río Spree en Berlín. Foto: iStock

Desde 2006 hasta la pandemia, Alemania fue la locomotora de Europa. Tras la Gran Crisis Financiera, su economía superó al resto de la eurozona, al igual que su mercado bursátil. Sin embargo, desde 2020, Alemania se ha convertido en un país rezagado, con un Producto Interior Bruto (PIB) que ha avanzado un 5% menos que el de la eurozona (el PIB alemán apenas ha igualado su nivel pre-covid). Si la locomotora se desenganchó en su día del resto del bloque por su poderío, ahora amenaza con hacerlo como vagón de cola.

Los malos resultados de Alemania se deben a diversos factores. Algunos de estos problemas reflejan decisiones políticas cuestionables, como el abandono de la energía nuclear y un enfoque demasiado estricto en presupuestos equilibrados. Otros están fuera del control de Alemania, como la debilidad del comercio mundial y un mercado inmobiliario que se desinfla en respuesta a unos tipos más altos. La 'conexión china' también está haciendo daño: se aminora la demanda de productos alemanes desde el gigante asiático al mismo tiempo que Pekín se convierte en un serio dolor de cabeza para la industria automotriz alemana como descarnado competidor.

Alemania seguirá siendo esclava del ciclo industrial mundial mientras su principal motor de crecimiento sean las exportaciones, sentencia Mathieu Savary, Jefe de Estrategia Europea de BCA Research en un informe especial publicado este lunes. Desde la casa de análisis anticipan un repunte temporal de la actividad industrial mundial en la primera parte de 2024 que supondría un breve impulso para Alemania. Sin embargo, avisan, "esto no pondrá fin a la travesía de Alemania por un desierto económico, ya que se prevé una recesión mundial para finales de este año o principios de 2025". Además, añaden, la deflación de China sigue siendo una gran amenaza.

Para Savary, la economía alemana sufre actualmente cuatro grandes males: las secuelas del abandono del gas ruso, el endurecimiento de la política fiscal, la caída de los precios inmobiliarios y la debilidad del comercio mundial. Juntos, se combinan para crear un quinto desafío o viento en contra: la debilidad del consumo. Su tesis de partida es que estos problemas azotarán a la economía alemana hasta bien entrado 2025.

Una apresudrada transición energética sin gas ruso

Cuando Rusia invadió Ucrania hace casi dos años, la mayoría de los analistas señaló que, entre las economías de Europa Occidental, Alemania era la más vulnerable a las repercusiones del aumento de los precios de la energía rusa y a la posible caída de los flujos energéticos, algo que se confirmó como cierto. En ese momento, se hizo énfasis en si fue una buena decisión la política de los gobiernos de Angela Merkel de echar el candado a la energía nuclear. Cogió impulso la reflexión de que el país había descansado durante mucho tiempo en su modelo empresarial de importación de energía barata y exportación de bienes, en palabras de Carsten Brzeski, economista de ING.

Desde entonces, la economía alemana se ha ajustado y alejado de la energía rusa. Sin embargo, este proceso ha sido costoso. Aunque se ha conseguido evitar las imágenes de un racionamiento energético a gran escala y unos hogares sin calefacción en lo más crudo del invierno, el golpe en la industria ha sido notorio. Las industrias con un apetito energético más voraz han visto disminuir su producción en un 22,5% acumulado desde diciembre de 2021 y, por tanto, han tenido un rendimiento inferior al del conjunto de la actividad industrial alemana.

Aunque no es tan fuerte como en el peor momento de 2022, el lastre de la transición energética sigue presente. Los precios europeos del gas rondan hoy los 30 euros/MWh, lo que todavía supera el rango que prevalecía antes de 2021. Como consecuencia, apunta Savary, es probable que la fabricación de productos químicos, metales básicos y productos papeleros siga viendo disminuir su cuota de producción alemana a lo largo de los años, a medida que reduzcan su consumo de energía para seguir siendo competitivos. Esto perjudicará al crecimiento alemán en los próximos años. "Seguimos pensando que los elevados costes de la energía harán que la producción industrial alemana siga disminuyendo en 2024. Esta es una de las razones por las que esperamos que la economía alemana se estanque este año", coincide Franziska Palmas, de Capital Economics.

"A pesar de la reciente caída de los precios de la electricidad, siguen siendo elevados tanto en términos históricos como internacionales. En vista de los elevados costes de la transición energética, los precios amenazan incluso con subir en los próximos años. Una vez finalizada la transformación, los bajísimos costes (variables) de generación de la 'electricidad verde' permiten esperar que los costes bajen, aunque los mayores costes del sistema, como los de las capacidades de reserva, compensarán probablemente una parte considerable de esta ventaja. Por tanto, es probable que los precios de la electricidad vuelvan a bajar, pero seguirán siendo una desventaja competitiva para la economía alemana", plantean Thu Lan Nguyen y Barbara Lambrecht, estrategas de Commerzbank.

Los dos expertos explican que esta desventaja local de Alemania se debe a que es probable que otros países, como EEUU o los países del sur de Europa, se beneficien más de las energías renovables debido a sus mejores condiciones climáticas. Además, el gran suministro nacional de gas en EEUU, por ejemplo, abarata considerablemente las centrales eléctricas de gas necesarias en el sistema. La seguridad del suministro también influye en la elección de la ubicación de las empresas, agregan, ya que que podrían verse perjudicadas si la ampliación de las redes eléctricas y las instalaciones de almacenamiento no es lo suficientemente rápida debido, por ejemplo, a los largos procedimientos de aprobación, mencionando de soslayo las trabas burocráticas que también dificultan el impuslo de la actividad. "Es probable que la industria alemana, que hace un uso intensivo de la energía, se enfrente a un viento en contra durante mucho tiempo", rematan desde el banco alemán.

Una política fiscal estricta

La política fiscal de Alemania fue un importante apoyo para el rendimiento superior de su economía en comparación con el resto de la eurozona en el periodo inmediatamente posterior a la pandemia. En 2020, el empuje fiscal alemán alcanzó el 4,4% del PIB, por encima del de Francia, España y los Países Bajos, intrudoce Savary. Sin embargo, Alemania sigue obligada por su Constitución a lograr presupuestos equilibrados: el celebérrimo freno de la deuda. "Como resultado, desde 2023, el lastre fiscal de Alemania es mayor que el del resto de la eurozona. Esto seguirá siendo un problema importante en 2024, ya que la brecha entre el arrastre fiscal de la eurozona y el de Alemania se ampliará, y el arrastre fiscal de Europa alcanzará el 1% del PIB frente al 1,4% de Alemania, según las estimaciones del FMI de octubre", detalla el investigador de BCA Research.

Pero el panorama podría ser peor de lo que prevé el FMI. El pasado noviembre, el Tribunal Constitucional alemán dictaminó que el uso por parte del Gobierno de coalición de Olaf Scholz de instrumentos fuera de balance para financiar los fondos climáticos era ilegal. Por tanto, la maniobrabilidad fiscal de Alemania ha empeorado. Así, Alemania podría verse obligada a aplicar recortes presupuestarios adicionales en 2024. Sin cambios legales, también será difícil que Alemania responda con contundencia a la continua debilidad del crecimiento este año. Desde la casa de análisis no esperan ningún aumento drástico del gasto por parte de Alemania hasta después de las elecciones de 2025. Incluso entonces, es demasiado pronto para predecir cuál será la composición del gobierno con la actual coalición (socialistas, verdes y liberales) en caída libre en los sondeos y el partido ultra AfD destacando en las encuestas.

Un debate surgido recientemente a raíz de estas dificultades es el de los impuestos corporativos. Según cálculos de la OCDE, las empresas en Alemania pagaron una tasa impositiva efectiva del 26,4% en 2022. Esto es incluso ligeramente inferior al 28,3% de 2017, cuando se compilaron las estadísticas por primera vez. Pero Alemania parece haberse quedado atrás aquí también y el debate se habría abierto tarde. "Alemania se quede atrás en la competencia por el capital móvil internacional", subraya Jörg Kramer, también de Commerzbank, poniendo como ejemplo a EEUU o Francia. La reforma fiscal de Donald Trump en EEUU redujo el impuesto corporativo efectivo en EEUU del 35,2% en 2017 al 22,4%. La reducción fiscal fue aún más pronunciada en Francia, donde la carga fiscal cayó del 41% al 23,7%.

Kramer también incide en que los impuestos corporativos son un precio por poder operar en un país en particular: "Si un país ofrece a las empresas muy buenas infraestructuras de transporte, estudiantes altamente cualificados, bajos costes energéticos, autoridades eficientes... entonces las empresas están dispuestas a pagar impuestos más altos que en otros países. Los impuestos corporativos pueden interpretarse como el precio de las condiciones comerciales ofrecidas. Sin embargo, Alemania lleva años quedándose atrás debido al retraso en las reformas".

La falta general de inversión se ha reflejado en el desmoronamiento de las infraestructuras. "La calidad de las carreteras alemanas ha ido empeorando según diversos índices desde 2010, y la infraestructura digital en Alemania también sigue necesitando mejoras. Las conexiones de fibra, o Internet de alta velocidad, solo representaban alrededor del 8% del total de conexiones de banda ancha alemanas en 2022. La media de la OCDE en el mismo año era del 36%", ponían de manifiesto desde el servicio de estudios de ING en un informe reciente.

"Las empresas alemanas necesitan tanto una mejor infraestructura como impuestos más bajos. Sin embargo, utilizar los ingresos del gobierno sólo para mejorar la infraestructura y no para recortes de impuestos no es lo ideal porque las empresas tardan mucho en beneficiarse de una infraestructura mejorada, sobre todo debido al largo proceso de aprobación", cierra Kramer.

Un inmobiliario doliente

Los precios y la actividad inmobiliaria en Alemania están en caída libre. Hasta la fecha, los precios inmobiliarios en Alemania se han desplomado un 10% y TAG, un gran propietario alemán, prevé un descenso adicional del 20% en los próximos trimestres. El principal problema que aqueja al sector inmobiliario alemán es la subida de los tipos en Europa desde 2022. El tipo hipotecario medio ponderado alemán ha saltado de un mínimo del 1,18% en 2021 al 3,98%. Como consecuencia, la originación de hipotecas se ha desplomado, lo que ha perjudicado a la demanda de vivienda. Sin nuevas compras, los precios se han desplomado para las viviendas existentes. y solo los precios de la vivienda nueva se han mantenido estables, pero esto refleja la disminución de la oferta, ya que los pedidos de construcción se han desplomado. Los problemas son importantes y las quiebras en el sector de la construcción van en aumento.

"En Alemania se ha venido gestando una burbuja inmobiliaria durante la última década. Desde finales de 2013 y ante la escasez estructural de vivienda, agravada desde 2015 por la afluencia de inmigrantes, el precio medio de la vivienda de segunda mano ha llegado a aumentar más del 100 % -frente a un 20-25% en España y Francia- a mediados de 2022. Desde entonces, a resultas de la fuerte subida de los tipos de interés y la ralentización económica, los precios han caído más de un 15%. Esta espiral ha afectado, por extensión, al sector de la construcción, que registra uno de los peores descensos de actividad de su historia, lo que ha traído consigo las primeras quiebras entre las promotoras inmobiliarias", desarrolla Enguerrand Artaz, gestor de fondos de La Financière de l'Echiquier.

"Los problemas que afectan al sector inmobiliario serán probablemente transitorios y remitirán cuando los precios se hayan ajustado más y el BCE haya empezado a bajar los tipos. En comparación con otros grandes mercados del mundo, los precios de la vivienda en Alemania solo han experimentado modestas subidas. De hecho, la relación precio-ingresos de Alemania es plana en comparación con 2000 y la relación precio-alquiler ha aumentado un 29%. Sólo los precios inmobiliarios de Japón han ido a la zaga de los de Alemania en los últimos 24 años", expone Savary. En BCA Research esperan que se produzcan nuevos ajustes en los precios en la actividad inmobiliaria alemanes en los próximos 12 a 18 meses, lo que perjudicará al crecimiento en relación con el resto de Europa. No obstante, descartan una depresión prolongada, como la de Japón después de 1989 o la de EEUU y los periféricos europeos después de 2008.

Un débil comercio mundial

Para Savary, el cuarto y quizá más grave problema a largo plazo para Alemania es su dependencia comercial. Desde 1996, los componentes del PIB más afectados por el comercio internacional, las exportaciones y la formación bruta de capital fijo, han pasado del 41,2% del PIB al 69,8%. Como la demanda interna era débil, las importaciones fueron por detrás de las exportaciones y la balanza comercial saltó del 0,3% del PIB en 1996 a un máximo del 7,8% en 2015. Desde este récord, la balanza comercial ha caído hasta el 4,6% del PIB, al disminuir el superávit comercial de Alemania con el resto de Europa en respuesta a la mejora de la competitividad de la periferia

A corto plazo, Alemania podría beneficiarse del incipiente repunte de la actividad industrial mundial. Pero con riesgo de recesión en la eurozona y a nivel mundial en el horizonte, el viento de cola tendrá una vida útil limitada. En cambio, Alemania tendrá que seguir haciendo frente a diversos retos externos. Los principales mercados de exportación de Alemania son la UE, que representa el 54,8% de las exportaciones alemanas; EEUU, con el 10,1% de las exportaciones; y China, con el 6,2% de las exportaciones. Mientras que las exportaciones a EEUU siguen creciendo, las exportaciones a la UE se han estancado y las dirigidas a China se están contrayendo.

"Este desglose es problemático porque la UE y China seguirán siendo entornos de bajo crecimiento, por lo que su demanda de productos alemanes crecerá lentamente, si es que lo hace. En el caso de la UE, la baja productividad y la escasa demografía constituirán problemas estructurales que impedirán un crecimiento robusto. Los retos de China son diferentes. La actividad de la construcción en China sigue siendo extremadamente débil, y la deflación sigue siendo profunda. Como consecuencia, los tipos de interés reales son elevados, a pesar del bajo nivel de los rendimientos nominales. Este patrón sugiere que China está atrapada en una trampa de liquidez que lastra las inversiones y las importaciones", escribe Savary.

China también es un problema para Alemania porque se está convirtiendo en un competidor. En la actualidad, el 14,9% del valor añadido bruto de Alemania procede del sector del automóvil, frente al 6,5% del resto de la eurozona. El año pasado, China se convirtió en el mayor exportador de automóviles del mundo. Además, la creciente producción automovilística china está pesando en las exportaciones de vehículos de Alemania a China. Aunque la UE puede imponer cuotas para limitar las ventas de vehículos chinos en Europa, no tiene poderes similares en el extranjero. Como consecuencia, la cuota de mercado de los fabricantes de automóviles europeos seguirá retrocediendo en beneficio de los nuevos operadores de vehículos eléctricos, fabricados en gran parte por productores chinos.

EEUU tampoco está exento de problemas, apostilla el estratega de BCA Research: "Es una economía dinámica, pero la incertidumbre electoral de este año es una amenaza para Alemania. Una presidencia de Trump provocaría otra oleada de tensiones comerciales entre EEUU y la UE. Siendo Alemania el mayor exportador europeo a EEUU, se llevaría la peor parte de cualquier arancel impuesto por Washington. Además, EEUU también sufrirá una recesión en los próximos 12 a 18 meses, lo que implica que otra ficha de dominó caerá y golpeará a Alemania".

Un débil consumo interno

El consumo alemán ha mostrado niveles aún peores que la atonía del consumo en Europa y el problema persistirá en los próximos dos años, advierte Savary. El repunte de la inflación en 2021 y 2022 hizo que la remuneración real por asalariado cayera un 4,4% en la eurozona. En consecuencia, las ventas reales al por menor han disminuido un 4,6% desde su máximo en 2021. Sin embargo, la contribución del consumo al crecimiento del PIB ha sido significativamente peor en Alemania que en el resto de la zona euro desde el cuarto trimestre de 2021.

"Esta debilidad refleja el impacto de los cuatro problemas enumerados anteriormente. Juntos, el coste de la transición energética, la austeridad fiscal y el débil crecimiento de las exportaciones han llevado la capacidad utilizada alemana a sus niveles más bajos desde 2020, lo que crea un shock de ingresos significativo para Alemania y sus hogares. Las dificultades del sector de la vivienda también son una perturbación de los ingresos, pero también afectan al patrimonio neto de los hogares alemanes. Estas fuerzas han provocado un aumento de la tasa de desempleo de Alemania, que contrasta fuertemente con el bajo nivel récord de desempleo de la eurozona. Como resultado, los hogares alemanes se sienten sacudidos y los volúmenes de ventas al por menor han caído más que en el resto de la región", completa Savary.

Aunque un repunte del sector manufacturero ayude temporalmente a Alemania en el primer semestre de 2024, el consumo alemán seguirá enfrentándose a dificultades mientras la política fiscal sea más restrictiva que en el resto de la eurozona y la actividad inmobiliaria se debilite, considera el experto. Además, se prevé que el repunte del sector manufacturero sea breve. En consecuencia, el consumo no salvará la situación, al menos hasta bien entrado 2025, remacha.

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