Economía

La buena noticia de China para el mundo puede meter a los bancos centrales occidentales en un problema

China está lidiando con la deflación y el resto del mundo observa con atención. La enquistada debilidad de los precios en el gigante asiático tiene importantes implicaciones a escala global en la medida en que la segunda potencia económica del planeta es un socio comercial clave para casi todas las economías. Esto puede ser una buena noticia para las economías Occidentales que quieren acabar con una pegajosa inflación que les ha complicado la vida en la salida de la pandemia. Sin embargo, en política monetaria el timing lo es todo y este impulso desinflacionista extra desde Pekín puede acabar siendo un problema para los bancos centrales si estos se vuelven a ver por 'detrás de la curva': es decir, que la inflación baje más deprisa de lo que lo hagan los tipos de interés.

"Les traigo buenas noticias. La economía de China se desliza hacia una profunda deflación. ¿Por qué es una buena noticia? Bueno, Occidente quiere una inflación más baja, mientras que China (y Japón) quieren una inflación más alta. Hay que llegar a un acuerdo y quizá todas las partes salgan beneficiadas", reflexiona en su último comentario de mercados el veterano analista Albert Edwards, de Société Générale.

Los últimos datos de inflación publicados en China confirman el escenario de deflación. El índice de precios al consumo (IPC) sorprendió a la baja en noviembre y pasó del -0,2% interanual al -0,5%, frente a las expectativas de consenso de que no variaría. En julio también hubo una lectura bajo cero y desde marzo el indicador se ha mantenido por debajo del 1%. La moderación el mes pasado se debió enteramente a la inflación de los alimentos y la energía. La inflación alimentaria siguió desacelerándose, del -4% al 4,2%. Los precios del cerdo, el componente clave en China por su destacada producción, bajaron un 3% intermensual debido a la abundante oferta.

Mientras tanto, la inflación subyacente (sin energía ni alimentos) se mantuvo sin cambios en el 0,6% interanual, a pesar del efecto base favorable para su incremento (la base de comparación, los precios de hace un año, era muy baja). La inflación del ocio se moderó notablemente al normalizarse los precios tras la fiesta nacional de octubre. La inflación de los medios de transporte (automóviles) bajó aún más, del -4,8% al -5%, probablemente debido a los descuentos. Por otra parte, la inflación de los alquileres se mantuvo en un débil 0,1%.

En cuanto a los precios de fábrica, el Índice de Precios de Producción (IPP) de noviembre también se situó por debajo de las expectativas del mercado y pasó del -2,6% de octubre al -3%, lo que supone un descenso intermensual del 0,3%. El impulso deflacionista fue evidente tanto en los bienes de producción como en los de consumo: los precios de los bienes de producción bajaron un 0,3% intermensual, lo que se debió sobre todo a los precios de las materias primas (petróleo), y los precios de los bienes de consumo bajaron un 0,2% intermensual. Entre los bienes de consumo, los precios de los bienes de consumo duradero aumentaron del -2,0% al -2,2%, ya que los productores se esforzaron por subir los precios en medio de la debilidad de la demanda.

"¿Qué opina nuestro equipo de Economía china de los últimos y sorprendentemente débiles datos de inflación? El IPC y el IPP chinos de noviembre sorprendieron materialmente a la baja, reflejando la profundización de la presión deflacionista en la economía. Aunque es probable que el crecimiento haya tocado fondo a corto plazo, la recuperación sigue siendo frágil, y la continua atonía de los precios de la vivienda en medio de la ralentización estructural corre el riesgo de minar la confianza de los hogares, lo que podría pesar sobre la presión de los precios, dando lugar a unos tipos de interés reales aún demasiado elevados", escribe Edwards.

"La comunidad inversora mundial es muy consciente de los numerosos problemas a los que se enfrenta la economía china, como los excesos inmobiliarios, la reticencia de los responsables políticos a estimular la economía y los elevados niveles de deuda de los gobiernos locales, las empresas y los consumidores. Sin embargo, hay otro gran tema macroeconómico menos reconocido: la deflación. Y lo que es más importante, su impacto en la economía y los mercados financieros aún no se ha valorado plenamente", avisa en un informe sobre la "trampa deflacionaria china" Arthur Budaghyan, estratega de BCA Research.

"La deflación generalizada, junto con los elevados niveles de deuda y la caída de los precios inmobiliarios, ha desencadenado una dinámica de deflación de la deuda y recesión de los balances. Esta última está haciendo ineficiente la política monetaria. Si los precios siguen cayendo, deprimirán los beneficios empresariales, lo que provocará despidos. Estos últimos lastrarán el gasto, lo que, a su vez, reforzará las presiones deflacionistas en el país. La economía ya está entrando en este círculo vicioso, la deflación ya es omnipresente en la economía china", sentencia Budaghyan.

"El riesgo de deflación en China se debe en parte a la disminución del ciclo mundial de las materias primas, incluido el desvanecimiento de las presiones de la cadena de suministro, pero lo más importante es que está impulsado por factores internos únicos", desarrolla Grace Ng, economista sénior para la Gran China de JP Morgan. "En primer lugar, las políticas gubernamentales se han orientado a apoyar la producción y la inversión en lugar del consumo, lo que ha resultado en una demanda interna tibia. Además, los hogares mantienen elevados ahorros preventivos en un contexto económico cada vez más incierto. El alto desempleo en China -en particular, el desempleo juvenil- sugiere que la presión inflacionaria salarial observada en otros países está ausente aquí", añade Ng.

"Para nosotros, la gran sorpresa de 2022 no fue que EEUU no cayera en una recesión ampliamente pronosticada, sino que, tras el abandono de las restricciones 'covid cero', la fuerte recuperación china ampliamente esperada nunca llegó. Sin ese repunte, China ha tenido que lidiar con un exceso de deuda, un exceso de capacidad y la consiguiente deflación cada vez más profunda, especialmente en los bienes de consumo. Pero, ¿no es esto una buena noticia para Occidente, ya que los responsables políticos seguramente querrán importar algo de la deflación china?", se pregunta Edwards.

El problema de la deflación en China podría suponer claramente un importante freno desinflacionista para Occidente, insiste Edwards; "Los precios de las importaciones chinas en EEUU ya están cayendo bruscamente, lo que arrastrará consigo los precios de los bienes estadounidenses y el IPC subyacente (excluye energía y alimentos). ¿Qué más se puede pedir?".

"A pesar de los cambiantes vínculos entre China y la economía mundial a medida que Pekín trata de hacer la transición hacia un modelo de crecimiento impulsado por el consumo y las tensiones comerciales siguen siendo elevadas con Occidente, China sigue siendo el fabricante del mundo. En consecuencia, es probable que la debilidad económica china y la caída de los precios (especialmente de los precios de producción chinos) se extiendan a los mercados mundiales, una buena noticia a corto plazo para la lucha de los bancos centrales occidentales contra la elevada inflación", respalda Tiffany Wilding, economista y Directora General de Pimco.

En la lectura de noviembre, conocida la semana pasada, la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) del Departamento de Trabajo de EEUU reflejaba un IPC de bienes duraderos del 0% interanual con una lectura intermensual del -0,3%, la sexta consecutiva en terreno negativo.

Pero Edwards pone la 'mosca en la sopa': "Podría ser que, si un aterrizaje brusco en EEUU es inminente, reflejado en la debilidad de la oferta monetaria -el agregado M2 de EEUU, el más seguido, se está contrayendo al ritmo más rápido desde la Gran Depresión-, y desencadena un colapso de la inflación interna en EEUU de todos modos, la importación de una dosis extra de deflación china sería muy mal recibida y pondría a la Reserva Federal en un aprieto", avisa Edwards en una admonición que podría ser válida para otros bancos centrales como el Banco Central Europeo (BCE) o el Banco de Inglaterra. Verse en la tesitura de acelerar bruscamente los recortes de tipos no sería plato de gusto para ningún banco central y volvería a minar su credibilidad. Si tras la pandemia tardaron en subir los tipos, después se excedieron, multiplicando el daño.

La semana pasada, cuando la Fed emitió un mensaje más dovish de lo esperado alentando los recortes de tipos a no mucho tardar en 2024, algunos analistas, como los de ING, se preguntaron si los funcionarios de la Fed sabían algo que los demás no sabemos. Más allá de que se termine por confirmar que el tono fue un 'accidente/error' del presidente, Jerome Powell, durante la conferencia de prensa, China podría ser una de esas cosas que los responsables monetarios están viendo bajo el capó. Aunque el BCE y el BoE mantuvieron un tono más cauteloso, las apuestas de mercado siguen contemplando hasta seis bajadas de tipos el año que viene. El mensaje desde la Fed 'siempre' es más poderoso.

Lo cierto es que alrededor del 70% de las principales exportaciones de China, incluidos los productos de acero y los automóviles, han disminuido durante el último año y las empresas han optado cada vez más por vender el excedente de inventario en el extranjero a precios bajos ante la desaceleración del mercado interno. Estas "exportaciones deflacionarias" de China, que representa una gran parte de la producción mundial, puede aliviar las presiones inflacionarias en el extranjero, pero también puede provocar fricciones comerciales y que la competencia de precios se intensifique, señalaban un artículo de la semana pasada los analistas del conocido medio financiero japonés Nikkei.

La deflación en China podría contribuir a la desinflación mundial a corto plazo, ya que la caída de los precios de exportación de China se traduce en una bajada de los precios de importación para los países socios comerciales, suscriben también en un informe sobre el particular los analistas de JP Morgan Research, cuyos cálculos arrojan que la deflación en China reducirá la inflación mundial de bienes duraderos (sin China) en 70 puntos básicos durante el segundo semestre de 2023.

"China desempeña un papel significativo en la desinflación mundial de bienes. En 2021 y 2022, mientras gran parte del mundo se recuperaba de la pandemia, China entró en bloqueo y un gran shock positivo en la demanda mundial de bienes coincidió con un shock negativo en la oferta y amplias interrupciones en las cadenas de suministro nacionales", esclarece Nora Szentivanyi, también economista sénior de JP Morgan. "Luego, a principios de 2023, cuando China reabrió, el resto del mundo se estaba desacelerando y el impulso a la demanda mundial del rebote de la reapertura de China fue superado por el impulso a la oferta mundial. Esta dinámica de exceso de oferta ha llevado los precios internos y de exportación de China a la deflación".

"La caída de los precios de las materias primas ha reducido los costes de los productores chinos de materias primas y, en consecuencia, los precios de exportación han bajado sustancialmente no solo en el caso de las materias primas transformadas, como los metales y los productos químicos, sino también en el de los bienes de consumo de gama baja. Esto aumenta la repercusión a corto plazo en el resto del mundo", destaca Szentivanyi en cuanto a las tendencias vistas ya desde este verano.

Además, apostilla, la depreciación del yuan en el último año ha magnificado el impulso desinflacionista de China sobre los precios de importación mundiales: "Con aproximadamente dos tercios del comercio de mercancías de China en dólares y el resto en yuanes, la apreciación de la mayoría de las principales divisas frente al yuan está haciendo bajar los precios de importación en términos de moneda local, especialmente en América Latina y Europa".

"En conjunto, la deflación de los precios de exportación de China, combinada con la caída de la moneda china ponderada en función del comercio, está reforzando probablemente la caída de la inflación mundial de los bienes básicos actualmente en curso. Junto con otras fuerzas desinflacionistas a corto plazo, como la continua desaparición de los cuellos de botella de la oferta, el exceso de oferta de China probablemente debilitará el poder de fijación de precios y los márgenes de beneficio de los productores de bienes en otros lugares", concluye Szentivanyi. Está por ver que la 'buena noticia' para Occidente no se acabe convirtiendo en el problema del que advierten desde Société Générale.

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