Economía

El ala socialista quiere atar en corto los planes de Díaz en el nuevo Gobierno

  • Sumar no crece en poder mientras Calviño se refuerza y señala a Escrivá como su sucesor   
  • Sánchez niega Seguridad Social e Industria a Díaz para entregárselos al PSN y al PSC 
  • Los socialistas pilotarán la negociación de las reformas con Bruselas 
La vicepresidenta primera y ministra de Economía, Comercio y Empresa, Nadia Calviño; la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera,. Foto: EP

El único objetivo político que ha cumplido la líder de Sumar, Yolanda Díaz, en el reparto de carteras del nuevo Ejecutivo de coalición es mantener el 'status quo' de la pasada Legislatura, sacando a Podemos de la ecuación. Pierde Igualdad, un ministerio clave en el relato progresista de cara a su electorado, aunque con un balance lastrado por numerosas polémicas, y gana Sanidad, un departamento cuya relevancia real se ha diluido tras los años de la pandemia. Pero la propia Díaz ha visto reforzado su papel en el Ejecutivo: sigue siendo la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, no ha logrado control sobre Industria y ve cómo sus principales 'adversarios' en materia laboral, Nadia Calviño y José Luis Escrivá, crecen en cuota de poder.

Una de las sorpresas del día ha sido el relevo de Escrivá al frente de Inclusión y Seguridad Social por parte de la 'desconocida' Elma Saiz para pasar a ocupar la cartera de Transformación Digital, que asume competencias de las secretarias de Estado de la vicepresidencia económica que retiene Calviño. Aunque parece una suerte de 'castigo', la lectura política es muy clara: confirma al responsable de encarrilar la reforma de pensiones como sucesor natural de la vicepresidenta primera si finamente es designada como presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Al tiempo, le protege del desgaste los primeros meses de Legislatura al situar a Saiz, una destacada figura del PSN, al frente del complicado proceso de traspasar las competencias de Seguridad Social al País Vasco.

Cierto es que el desplazamiento de Escrivá en el Consejo de Ministros libra a Díaz de una figura con la que ha chocado en numerosas ocasiones a lo largo de la pasada Legislatura, pero en Sumar son conscientes de que poco va a cambiar en su poder real: Trabajo va a seguir teniendo sus competencias limitadas sin la posibilidad de coordinar las políticas de Seguridad Social, que no solo se limitan a las pensiones, sino a la tributación del empleo; un peaje que Unidas Podemos aceptó en la pasada Legislatura para capitanear la reforma laboral, y que Díaz va a seguir pagando para intentar mantener intacta su hoja de rota.

Tutelaje de Calviño o Escrivá

Sus planes se centran en la reducción de la jornada a 37,5 horas en 2025, pactada explícitamente con el PSOE en el pacto de investidura, y un cambio en la regulación del despido y de los 'descuelgues' empresariales cuyo alcance no está tan claro en la redacción del acuerdo. Díaz cuenta con el apoyo de los sindicatos al que no espera que se sume la patronal, pero Calviño y Escrivá temen que los movimientos que se plantea Sumar no solo lasten el mercado laboral elevando la rigidez, sino que provoquen un choque con Bruselas.

Esa desconfianza quedó de manifiesto en numerosas ocasiones en los últimos cuatro años. La más evidente fue durante la negociación de la reforma laboral de 2021, donde la tensión llegó a a tal punto que Pedro Sánchez tuvo que colocar dos sillas para ambos ministros socialistas en la mesa de negociación. En aquella ocasión Díaz se salió con la suya porque el acuerdo con patronal y sindicatos ya estaba muy avanzado: lo único que lograron añadir Calviño y Escrivá fue el Mecanismo RED, una alternativa a los ERTEs de la pandemia pero cuyo uso ha sido prácticamente residual, y una 'multa' en las cotizaciones para los contratos de muy corta duración que no ha tenido tampoco resultados visibles.

En este sentido, aunque la continuidad de Calviño está sujeta a su nombramiento en el BEI, su posible relevo a manos de Escrivá no es buena noticia para Díaz: si el ex ministro de Seguridad Social asciende a vicepresidente económico será el encargado de negociar las reformas económicas en Bruselas. Esto no solo le faculta para seguir tutelando las políticas de pensiones, sino también las del ámbito laboral. Por mucho que Díaz presuma de su buena relación con el comisario europeo de Asuntos Laborales, Nicolas Schmit, la negociación global de las políticas económicas, condicionada al reparto de los fondos europeas, seguirá en el tejado del departamento de Economía dirigido por un equipo socialista que no perderá de vista ni un momento los movimientos de Sumar.

Diluir a Sumar

En clave estrictamente política, el balance es agridulce para la formación. La política gallega ha logrado mantener la misma cuota de poder que Pablo Iglesias logró en 2019, pero las circunstancias actuales son diferentes: el PSOE apuesta por marcarles el paso político con mayor intensidad incluso que en la anterior Legislatura. Algo que ha quedado claro en el momento en el que el plan de Díaz para conseguir el ministerio de Industria y, con él, el control de la SEPI, se ha visto defraudado por la decisión de Sánchez de entregarle la cartera al PSC, en la persona del ex alcalde de Barcelona y ex presdiente de Hispasat, Jordi Hereu.

Una jugada, como la de Saiz, de marcado carácter político que retrotrae a los movimientos alrededor de este mismo departamento que expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero ejecutó al calor de la negociación del Estatut catalán, que incluyó cesiones tan polémicas en su momento como el traslado de la sede de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) a Barcelona. Este se completó definitivamente en 2006, cuando Hereu ya dirigía el consistorio de la Ciudad Condal.

Esta situación alimenta la hipótesis de que el plan de Sánchez sea "absorber" a Sumar, como intentó en la pasada Legislatura con Podemos. Sus planes se vieron trastocados por la pandemia. La gestión de Díaz, que en los dos primeros años de Legislatura logró relevante acuerdos con patronales y sindicatos en materias como el SMI, los ERTEs, la regulación de los riders y el teletrabajo y, por supuesto la reforma laboral eclipsó al resto de ministros del ala morada y llevó a Iglesias a designarla como su sucesora en el Ejecutivo de coalición.

Ahora, Podemos acusa a Díaz de rendir las armas a Sánchez y esta reivindica su independencia y su programa. Pero el clima económico y político de los próximos años es impredecible y nada augura que la política gallega logre consolidar su proyecto sin verse arrollada por un PSOE que ha diseñado el Gobierno como un complejo juego de engranajes para moverse en todos los frentes políticos de la que será una de las Legislaturas más complicadas y crispadas de la España democrática nacida en 1978.

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