Economía

Más rápida, intensa y duradera: el BCE teme a un monstruo de inflación de nueva generación

  • Los márgenes empresariales han fallado para amortiguar el impacto
  • Por ello se ha trasladado con tanta velocidad a los precios finales
  • El riesgo es que se agarre con mayor persistencia a la economía
La presidenta del BCE, Christine Lagarde.

El BCE cada semana que pasa está endureciendo su discurso contra la inflación y hoy Lagarde ha realizado un exhaustivo análisis de por qué está siendo más rápida en propagarse, más intensa y, posiblemente, será más duradera que en el pasado. Principalmente, los márgenes empresariales han fallado como principal amortiguador de los precios. También alerta de que la crisis energética provocará presiones inflacionistas los próximos años.

El BCE lleva más de un año luchando contra la inflación. El guardián del euro tuvo que acelerar sus planes de retirada de estímulos cuando las presiones sobre los precios comenzaron a ser más que evidentes y precipitar el inicio de la subida de tipos de interés. Ya ha tenido tiempo suficiente para analizar al gran enemigo que llevaba desaparecido más de una década. Hoy Christine Lagarde, presidenta del BCE, en un discurso en Estonia, donde la inflación llega al 25%, ha descrito con detalle como el actual episodio inflacionista está siendo distinto y puede ser más grave que en el pasado. La banquera gala ha dejado de lado su perfil más político, para entrar en un análisis en profundidad.

Por un lado, ha destacado que la transmisión está siendo más rápida e intensa. Los análisis del BCE apuntan a que la transmisión de la inflación a los precios de producción de bienes industriales tardaban de media dos años en aparecer en el precio final. En esta ocasión solo ha hecho falta medio año para que los consumidores noten el encarecimiento de los productos.

La principal diferencia con el pasado es que los márgenes empresariales no han funcionado como amortiguador de la inflación. Es decir, los beneficios de las compañías apenas han notado caídas o recortes por el aumento de los costes de producción. Y eso que durante meses, el BCE ha hablado de que el origen de la inflación estaba en la energía y materias primas, y por ello iba a ser transitoria. Lo habitual, o por lo menos es lo que ocurría en otras épocas inflacionistas, según Lagarde, "las empresas absorbían parte de los aumentos de los costes para evitar que los consumidores experimentaran grandes subidas de precios".

Las empresas suben márgenes, sin perder clientes

El comportamiento de los márgenes empresariales es una característica de la "nueva inflación" frente a versiones más anticuadas. "Por término medio, las empresas mantienen y, en algunos sectores, incluso incrementan sus márgenes", explican desde el banco central. Para Lagarde, esta circunstancia está provocando que la inflación actual está siendo "más intensa" que en el pasado. "La razón es que, cuando la inflación es alta de forma generalizada y la oferta es limitada, es más fácil para las empresas repercutir los incrementos de costes a los clientes sin perder cuota de mercado frente a sus competidores", ha detallado hoy.

Los economistas del BCE están siguiendo la teoría de que la inflación es mucho más peligrosa cuando las perturbaciones ocurren del lado de la oferta. Muchos investigadores están tratando de entender el comportamiento de los precios tras la pandemia. Varios estudios ya apuntan que cuando se incrementan los costes se propagan con más fuerza cuando crecen acusadamente, como describe este publicado por el FMI. La reciente configuración de la inflación preocupa porque se instala donde es más pegajosa y persistente, en el IPC subyacente, donde los precios se miden sin tener en cuenta elementos volátiles, como es la energía y productos perecederos.

Las investigaciones del organismo parten de la base que las perturbaciones en los precios sin precedentes, tanto por el lado de la demanda como de la oferta de la economía. La reapertura de la economía europea ha tenido una doble vertiente. Se liberaba la demanda embalsada, mientras estaba restringida la capacidad de producción. Estos dos aspectos se han dado a la vez y se han agravado, primero, con interrupciones de la cadena de suministro y luego con recortes en la producción de energía, motivada por la invasión rusa de Ucrania.

El análisis del BCE estima que, en este momento, los factores de la oferta y la demanda están contribuyendo prácticamente por igual a la inflación subyacente, siendo la demanda más importante para los servicios y la oferta para los bienes industriales. Una tormenta perfecta de inflación inédita y peligrosa. Lo que más preocupa es que la nueva criatura de la inflación se haga todavía más fuerte en el componente de oferta.

La crisis energética durará varios años

Para el BCE, la hostilidad de Rusia ha traspasado el punto de no retorno para la política y estructura del sistema energético de Europa. "La interrupción del suministro de gas causada por la invasión rusa es un cambio estructural importante que tendrá ramificaciones durante varios años", ha advertido hoy Lagarde. Y ha añadido que "los mercados de futuros apuntan a que los precios del gas continuarán subiendo durante algún tiempo, ya que los países europeos deberán pagar una prima para atraer gas natural licuado no contratado en sustitución del gas ruso".

La presión sobre la energía no solo está en el frente ruso, también en la transición verde. Las previsiones del organismo contemplan que el cambio a las energías renovables debería dar lugar a un descenso de los precios de la electricidad, pero a corto plazo significa una menor inversión en la producción de petróleo y gas, lo que ejercería presión al alza sobre los precios de los combustibles fósiles en un momento en el que la demanda de esos combustibles continúa siendo elevada.

La banquera tampoco ha escondido la preocupación del BCE por la reconfiguración de las cadenas de suministro, tras la pandemia. "Las disrupciones de oferta y el nuevo panorama geopolítico parecen conducir a una reevaluación de las cadenas globales de valor", ha expresado Lagarde. "El resultado no será una desglobalización, pero sí que muchas empresas globales vuelven a regionalizar su producción en los próximos años", ha añadido. La consecuencia será menor eficiencia y aumento de los costes hasta terminar este proceso. El BCE cada semana que pasa está endureciendo su discurso contra la inflación y ya tiene claro que la actual inflación ya no se parece a ninguna otra.

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