Economía

España mira a Japón, el país donde el envejecimiento ya empobrece a los trabajadores

  • El mercado laboral nipón se mantiene a base de reducir las horas trabajadas
  • La situación provoca una caída de ingresos de los hogares y un freno del PIB
  • Las ayudas públicas desincentivan la integración laboral de la mujer

Todas las posiciones en el debate sobre la reforma de la Seguridad Social en España parten de una premisa común: la caída de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida llevarán a que cada vez haya menos personas en edad de trabajar para pagar las pensiones. Pero esa es solo una parte del reto demográfico, y no la más grave.

Existe entre los analistas el consenso casi unánime de que a mediados de siglo España se convertirá en el país con mayor número de jubilados de Europa debido al retiro de la generación del 'baby boom'. Aunque a nivel mundial, ese el ránking ya tiene un líder indiscutible: Japón.

La comparativa entre la economía japonesa y la española se antoja, a priori, difícil. Pero ambos comparten la inquietud por las futuras pensiones. Y las reformas económicas emprendidas por los gobiernos nipones desde el mandato del difunto ex primer ministro Shinzo Abe son un ejemplo en el que se miran muchos de los análisis para nuestro país.

Pero quizá ese escrutinio deba ir más allá de cómo garantizar las prestaciones que recibirán nuestros mayores y centrarse en lo que ocurre con los trabajadores en activo. La situación en el País del Sol Naciente ha derivado hacia un otoño en el empleo que arroja inquietantes señales acerca de lo que puede afrontar España en unos años.

Más trabajadores, menos horas

A simple vista, no parece que el mercado laboral nipón atraviese especiales dificultades. Desde el máximo de 87 millones en 1995, la población se ha reducido hasta los 74 millones en 2020. Sin embargo, el número de trabajadores ha seguido aumentando, gracias tanto a un creciente número de mujeres trabajadoras como a que muchos trabajadores de mayor edad retrasan su retiro.

Pero, tal y como explica Shigeto Nagai, economista jefe de Oxford Economics para Japón, esta lectura pasa por alto que el que el número de horas de trabajo per cápita ha seguido una tendencia a la baja, "lo que ha arrastrado cada vez más el crecimiento del PIB por el lado de la oferta".

El creciente número de trabajadores a tiempo parcial con jornadas laborales más cortas también plantea una preocupación sobre la productividad laboral, que se ha mantenido estancada desde principios de la década de 2010.

Y es que su peso es mayor en los sectores no manufactureros, en los que predominan las pequeñas empresas con una escasa inversión en digitalización.  

"Aumentar la productividad a través de la formación en el puesto de trabajo también es más difícil para los trabajadores a tiempo parcial con pocas horas de trabajo", incide Nagai. Precisamente esta es una de las razones que, para muchos expertos inciden en el déficit de productividad en la economía española.  

Para el caso japonés, a diferencia del español, son los trabajadores los que eligen trabajar menos horas. El porcentaje que trabajan a tiempo parcial por no encontrar un empleo a jornada completa se redujo del 19,2% en 2013 al 11,6% en 2019. En España está en el 49%.  

Y no solo lo prefieren los mayores que han decidido retrasar su jubilación. Nagai advierte de que las ayudas del Gobierno a las madres trabajadoras desincentivan la participación plena de la mujer en el mundo laboral.

El experto advierte de que "muchas amas de casa también limitan las horas de trabajo para seguir recibiendo beneficios fiscales y sociales como personas dependientes".  

Castigo a los salarios

Todo esto confluye en una situación en la que los más penalizados son los propios trabajadores, que han sufrido una "continua disminución de sus ingresos nominales". Según el análisis de Oxford Economics, las horas trabajadas por trabajador han sido el "lastre más importante", seguido por el aumento de la proporción de trabajadores a tiempo parcial, el denominado en este caso "efecto composición".  

El aumento de los salarios por hora ha contribuido positivamente, pero no lo suficiente para para evitar una caída de los ingresos. En consecuencia, los ingresos totales medios de las familias siguen estando por debajo de su máximo en 1996, a pesar del aumento de la participación laboral de las mujeres y los trabajadores 'seniors'. 

A juicio de Nagai, las políticas económicas impulsadas por Abe no han logrado reactivar la economía japonesa porque las "decepcionantes" subidas salariales han provocado un "estancamiento secular" de los ingresos de los hogares y de la demanda interna.

El impacto de las horas trabajadas se suma al efecto "del sistema de empleo vitalicio japonés", que prioriza la seguridad laboral a largo plazo en lugar de los aumentos salariales.  

El caso japonés muestra cómo prolongar la vida laboral y la participación de trabajadores de mayor edad y mujeres no sirve por sí solo, si no se tiene en cuenta los cambios en el modelo laboral.

Ambas asignaturas pendientes de nuestro país, uno de los más rezagados a la hora de recuperar los niveles de horas trabajadas y productividad desde la pandemia.

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