Jean Pisani-Ferry

Profesor en la Hertie School of Governance en Berlín.

Existe una creciente posibilidad de que la crisis del Covid-19 marque el fin del modelo de crecimiento nacido hace cuatro décadas con la revolución Reagan-Thatcher, la asunción del capitalismo por parte de China y la caída de la Unión Soviética. La pandemia ha evidenciado la vulnerabilidad de las sociedades humanas y ha fortificado el respaldo de una acción climática urgente. Asimismo, ha fortalecido el poder de los Gobiernos, ha erosionado el respaldo ya inestable de la globalización y ha originado una revisión del valor social de las tareas rutinarias. El modelo de Gobierno pequeño y mercado libre de repente parece terriblemente demodé.

opinión

Hace doce años, los Gobiernos de las principales economías del planeta respondieron con agilidad y eficiencia a la crisis financiera. Los bancos al borde de la ruina se nacionalizaron. La política monetaria fue directa y decidida, entregándose un respaldo fiscal masivo. La coordinación global fue intensa.

Desde que fue elegido presidente, Donald Trump hizo casi todo lo que la sabiduría económica convencional considera una herejía. Ha erigido barreras comerciales y atizado la incertidumbre con amenazas de más aranceles. Ha presionado a las empresas privadas. Ha vuelto a suavizar la normativa de los bancos. Más de una vez atacó a la Reserva Federal por políticas que no eran de su agrado. Aumentó el déficit presupuestario aun cuando la economía se acercaba a la plena capacidad. En la lista de lo que un responsable de políticas no tiene que hacer, Trump marca muchos más casilleros que cualquier otro presidente norteamericano de posguerra.

Tribuna

Nada se puede dar por sentado en el Reino Unido en estos días, pero es muy probable que 2020 sea el año en que finalmente ocurra el Brexit. La mayoría de los ciudadanos británicos probablemente se sientan aliviados por el fin de esta aparentemente interminable agonía, mientras que la mayoría de los líderes europeos estarán agradecidos por no tener que discutir otro aplazamiento. Pero quedan preguntas.

Tribuna

En 1990, doce economías avanzadas tenían un impuesto al patrimonio. Ahora sólo son cuatro, después de que en 2017 el presidente francés Emmanuel Macron eliminó el que regía en su país. Pero en EEUU se desató un intenso debate por la propuesta de la senadora Elizabeth Warren, una de las principales precandidatas presidenciales demócratas, de introducir un impuesto del 2 por ciento a la riqueza de los "ultramillonarios" (y 3 por ciento a la de los milmillonarios).

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