Jean Pisani-Ferry

Profesor en la Hertie School of Governance en Berlín.

A mediados de la década de 1980 solo siete países tenían reglamentos de política fiscal. En 2015, según el último recuento del Fondo Monetario Internacional, eran 96. La mayoría contaba con disposiciones que limitaban la deuda pública, los déficit presupuestarios o ambas cosas, y había algunos con normas adicionales para el gasto público.

A pesar de todo el dramatismo que suscita la lentitud con la que se efectúan los despliegues de vacunación contra el Covid-19 y las restricciones a la exportación, no cabe duda de que la gran mayoría de las personas en Estados Unidos y Europa habrán sido vacunadas antes del verano en el hemisferio norte. Las cifras de muertos variarán según la política de actualización de registros de cada país, pero la situación de la salud pública será, en gran medida, la misma para estadounidenses, ciudadanos de la UE y británicos.

Al llegar a la Casa Blanca, Joe Biden se encontró con una deuda pública de 27 billones de dólares y un déficit público de 3,6 billones. Su primera decisión, sin embargo, fue la de emprender un plan de apoyo de 1,9 billones de dólares, que se sumarán a los 900.000 millones votados en diciembre a iniciativa de su predecesor. En los próximos meses se inyectarán en la economía el equivalente a un total de 13 puntos del PIB, financiados con deuda.

Si se considera su lejanía desde Europa, desde Asia o incluso desde América del Norte, Manaos, la capital del Estado brasileño de Amazonas, se encuentra en el lugar más remoto posible. Sin embargo, la recientemente detectada variante 501Y.V3 del coronavirus ya ha sido identificada como una amenaza mundial, debido a que su aparición en una ciudad donde ya se habían infectado dos tercios de la población en la primavera del año 2020 sugiere que la inmunidad adquirida no ofrece protección contra dicha variante.

En el mes de julio, el anuncio del nuevo fondo de recuperación de la Unión Europea de 750.000 millones de euros (918.000 millones de dólares), llamado Next Generation UE, fue considerado revolucionario por muchos (y con justa razón). Nunca antes la UE se había endeudado, de forma mutualizada, para financiar transferencias y préstamos blandos para ayudar a los estados miembro a recuperarse de una importante sacudida económica. Al romper con tabúes de tan larga tradición, la iniciativa puede inclusive allanar el camino para una unión fiscal.

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