Sanidad

Una buena noticia de este domingo para vencer al coronavirus

  • El país recibe el alta médica e inicia su convalecencia y rehabilitación
  • El fin del estado de alarma permite la libre circulación por todo el territorio
  • España ha orillado el virus en cien días, pero no lo ha erradicado
Una mujer alza victoriosa sus brazos con la mascarilla puesta. / Fabio Camandona, Alamy Stock Photo.

Hoy es la última entrega de este serial y no son cinco las buenas noticias para vencer el coronavirus -como ha sido puntual costumbre desde hace más de cien días-, sino que el acento informativo de este primer domingo del verano merece resumirse en una única novedad: España recibe el alta médica. Se trata de un hito que invita a detenerse en tan largo camino para observar las nuevas encrucijadas. El país no está curado, pero ha salido del hospital para intentar rehacer su vida anterior. Entiendo que este 21 de junio será recordado entre las fechas más significadas de la batalla contra la pandemia.

Ha concluido la emergencia sanitaria y se ha estrenado oficialmente la nueva normalidad. Durante los cuatro últimos meses, España ha doblegado la curva de contagios y ha orillado los nuevos casos, pero sin lograr erradicarlos. Ni mucho menos. En ese tiempo, los españoles han convivido con la Covid-19 y su esfuerzo ha logrado reducir la Incidencia Acumulada (IA) a casi cero, con niveles que rozan la gesta. Pero no hay nada que celebrar, especialmente por los más de 28.000 españoles fallecidos por coronavirus, así como por las decenas de miles enfermos y por el conjunto de un país ahora hecho trizas tras tan desigual batalla.

La amenaza sigue latente, tanto dentro como, especialmente, fuera de las fronteras. Este domingo también se abre el espacio Schengen en España, con 100 vuelos procedentes de la Unión Europea, y el 1 de julio se extenderá a los todos los continentes. Si un virus procedente de una remota provincia de China puso del revés el mundo, el mismo patógeno está ahora replicado en todo los rincones del planeta. Y así campará hasta que no se descubra y produzca masivamente una o varias vacunas. La prevención será el único recurso de cada uno de nosotros para evitar una nueva oleada.

Ha terminado la maldita primavera y se han eliminado las restricciones de movimiento tras el fin del estado de alarma. La medida, cumplida con responsabilidad por los ciudadanos, ha permitido salvar 450.000 vidas, según las estimaciones del Gobierno.

El paréntesis abierto a mediados de marzo, cuando el virus se propagaba a ritmos exponenciales, no ha terminado de cerrarse. Pero nos hemos quedado cerca. Según los últimos datos, se han registrado las menores cifras de enfermos de Covid-19 en los hospitales españoles, con las tasas de contagio en sostenido descenso y con relativa capacidad de control sobre los nuevos brotes.

Comienza también un periodo de convalecencia de un estado en extrema fragilidad económica, aunque reforzado en su autoestima tras la ejemplar respuesta colectiva y la acreditada habilidad de las familias y empresas para reinventarse ante las dificultades. De forma directa o indirecta, la pesadilla ha golpeado a casi todos los hogares españoles, ya sea en familiares, amigos o conocidos. La población cerró la puerta a los contagios y abrió las ventanas para aplaudir a las profesionales que atendían a los enfermos y mantenían los servicios mínimos. Poco a poco, con mucho esfuerzo, el país se agarrará al clavo ardiendo de una nueva e incierta normalidad. Abre las playas, reivindica la seguridad de su turismo y cruza los dedos para no volver a la casilla de salida. Y en ese primer capítulo del postCovid-19, los lectores de esta sección seguirán acompañados de informaciones también alentadoras, optimistas y prudentes, pero ya mezcladas con el resto de la actualidad.

comentariosforum0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin
forum Comentarios 0
Deja tu comentario
elEconomista no se hace responsable de las opiniones expresadas en los comentarios y los mismos no constituyen la opinión de elEconomista. No obstante, elEconomista no tiene obligación de controlar la utilización de éstos por los usuarios y no garantiza que se haga un uso diligente o prudente de los mismos. Tampoco tiene la obligación de verificar y no verifica la identidad de los usuarios, ni la veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de los datos que los usuarios proporcionan y excluye cualquier responsabilidad por los daños y perjuicios de toda naturaleza que pudieran deberse a la utilización de los mismos o que puedan deberse a la ilicitud, carácter lesivo, falta de veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de la información proporcionada.