Retail

El sector aplaude la normativa del aceite pero pide mejorar la trazabilidad y las catas

  • El aceite de oliva español supone en 70% de la producción mundial
  • El sector aboga por una mayor transparencia de cara al consumidor
  • Los paneles de cata es una de las cuestiones que más recelos provoca

El sector olivarero español sostiene que la normativa para mejorar las buenas prácticas en el sector adolece de un mayor rigor en lo tocante a dos temas: la trazabilidad y los paneles de cata. Así lo han puesto de manifiesto los representantes de dos de los principales operadores del mercado.

El sector del aceite de oliva, representado por Dcoop (antigua Hojiblanca), grupo productor mundial de aceite de oliva virgen extra y aceitunas de mesa, y Deoleo, compañía propietaria de marcas como Carbonell, Bertolli o Carapelli, aplauden la nueva norma de calidad del aceite de oliva.

Este reciente decreto del Ministerio de Agricultura recoge una serie de requisitos sobre trazabilidad, elaboración y envasado final del producto final que permitirán situar al aceite de oliva español (el 70% de la producción mundial) como el de mayor calidad y a nivel mundial y con las máximas garantías en todo el proceso de elaboración. Se trata, en suma, de un "código de buenas prácticas para reforzar la imagen del aceite de oliva virgen extra (Aove) y prestigiar este producto ante el consumidor", señalan desde el Ministerio.

Garantizar la calidad

Ignacio Silva, presidente y consejero delegado de Deoleo, recordó que el esta norma busca fundamentalmente dos cosas, "garantizar el nivel de calidad que se le supone a esta categoría y dotar de la máxima transparencia al consumidor", ya que, dice en su compañía llevan muchos años trabajando tanto en la calidad o como en "poner al consumidor en el centro de las decisiones" y esta norma trabaja en estas dos líneas. "Es un paso hacia delante que intenta liderar desde España una categoría en la que creo que se ha perdido cierto liderazgo en los últimos años".

Por su parte, Antonio Luque, presidente de Dcoop, piensa que la "norma nos pone en una buena senda" para garantizar la máxima calidad y en ese aspecto "el Ministerio ha hecho un buen trabajo" y que si el sector trabaja de una forma coordinada "podemos conseguir valorizar lo máximo posible el producto".

Luque cree que, durante muchos años, el sector se ha preocupado únicamente de ser el máximo productor de aceite de oliva, y que, con esta norma, podrá decir que "es el mayor productor de aceite oliva del mundo de la máxima calidad".

Considera, asimismo, que durante mucho tiempo el sector se ha olvidado de las necesidades del consumidor. "Debemos explicarle al consumidor cómo es esa calidad. España debe liderar en producción y en calidad en mercado el aceite de oliva".

Fallas en la normativa

Pese a los beneficios que aporta la normativa, Silva considera que la ley tiene aún tres áreas de mejora. La primera de ellas tiene que ver con la trazabilidad. "Debemos garantizar la trazabilidad en todas las fases de la producción y en las embotelladoras pasan muchas cosas, hay un proceso de 'blending' de mezcla, que se realiza en el laboratorio, hay un proceso de embotellado... y ahí la ley no es suficientemente ambiciosa a la hora de controlar todas las fases dentro de las propias instalaciones".

En este sentido, recuerda que la normativa hace referencia a ello y pone un plazo de cuatro años para que se pueda aplicar la trazabilidad total. "En ese control de la trazabilidad hay áreas oscuras en que las que podríamos llevar ese control a un estadio superior no exento de dificultades".

Catas subjetivas

En segundo término, Silva cree que dentro del sector "no tiene ningún sentido que sigamos rigiéndonos por catas organolépticas subjetivas que tienen que ver con prácticas de hace un siglo. Este sector tiene que ir a una definición de parámetros físico químicos muchísimo más ambiciosos y muchísimos más exigentes para definir exactamente cuál es la calidad de este producto".

Para él, "la cata nos produce una gran inseguridad jurídica a muchas compañías, porque no todo el proceso del aceite está en nuestras manos. Cuando fabricamos un producto y lo dejamos en manos de la distribución puede sufrir, por el calor, el transporte... y eso no es responsabilidad del propio embotellador". Insiste en que debe haber controles externos con herramientas físico-químicas que definan cuál es la calidad máxima de este producto, ya que es "una asignatura pendiente".

Por último, Silva, subrayó que esta norma va a exigir que la administración realice los controles adecuados para poder demostrarle al consumidor esa transparencia que está buscando la norma.

Luque se refirió también a la problemática de los paneles de cata "por la inseguridad jurídica que provocan, y que tiene que haber "parámetros físico-químicos contrastables", que sean más exigentes que los que tenemos ahora y que puedan demostrar que tenemos el mejor aceite de oliva del mundo".

Para Luque, el panel de cata ha perjudicado mucho la imagen del sector y este debería utilizarse para que cada aceite tuviera su propio perfil especial y valorizar mejor el producto, y no sirva para que cualquier marca blanca del mundo cumpla el panel de cata como a lo mejor la mejor del mundo.

Certificación

De cara a la trazabilidad, el presidente de Dcoop apoya que la nueva normativa se complemente con certificación de proceso de producto que fuera de obligado cumplimiento en algunos años. "Pero lo realmente importante es que ningún operador tenga actuaciones poco ortodoxas y en cualquier momento nos surjan graves problemas de imagen del sector".

Luque piensa que, "controlando las almazaras, las extractoras de aceite de oliva, las refinerías y las envasadoras, podríamos dar una certificación de proceso de producto con una garantía total de trazabilidad a la distribución y a los consumidores", recalca Luque.

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