Política

Las exigencias autoimpuestas de Macron dificultan la remodelación del Gobierno

  • Los franceses muestran mayor confianza en el primer ministro
Emmanuel Macron. Foto: Efe

Los franceses están decepcionados con su presidente, Emmanuel Macron, y su proyecto de reforma. Dieciséis meses después de llegar al Elíseo, el mandatario sufre un desgaste evidente. Los sondeos reflejan la creciente desilusión en el electorado. La ciudadanía le reprocha no escuchar lo suficiente y -sobre todo- no reconocer sus errores.

En menos de dos meses han renunciado tres de los ministros más populares del Gobierno. La última, la reciente dimisión de su ministro del Interior, Gérard Collomb, ha encendido todas las alarmas. Collomb fue uno de los primeros valedores de Macron cuando en 2016 decidió lanzarse a la carrera presidencial. Su alejamiento de Macron se evidenció a cuenta de diversos asuntos. En especial, por el escándalo por Alexandre Benalla, uno de los encargados de la seguridad del mandatario, imputado por hacerse pasar por policía y agredir a varios manifestantes.

Desde su dimisión ha asumido la delicada cartera de Interior de manera provisional el primer ministro, Édouard Philippe. Una situación extraña que ha generado críticas ya que muchos no comprenden cómo un país amenazado por el terrorismo yihadista puede carecer de un ministro del Interior a tiempo completo que dirija la policía y vele por la seguridad.

La palabra en boca de todos es "Remaniement", reorganización. El país está pendiente de una remodelación del Gobierno. La razón de que ésta no se anunció la semana pasado radica en la dificultad para encontrar a las personas justas. Macron no se puede permitir más errores. Es consciente de lo que se juega en esta ocasión. Sin embargo, sus críticos sostienen que el problema no es el Gobierno, sino el propio presidente. Mientras los analistas y la clase política afirman que el mandatario se enfrenta a una seria crisis en su equipo de trabajo, desde el gobierno se afirma que todo está bajo control.

Lo cierto es que la crisis sigue abierta y la imagen de interinidad es negativa. El partido de Macron, La República en Marcha, no se caracteriza precisamente por la experiencia y la veteranía en los cargos públicos. Existe una escasez de candidatos. El otro problema es que en Francia - al igual que en otros países - el listón ético es alto en la actualidad. Es complicado encontrar a la persona idónea: apta y sin tacha. Es preciso supervisar la historia personal de cada aspirante, si ha tenido problemas con el fisco, cuál es su patrimonio, y si puede haber conflicto de intereses. Existe, además, la exigencia impuesta por el mismo Macron de dar entrada a personalidades de la sociedad civil y el equilibrio entre géneros.

Ha tenido lugar una reveladora encuesta realizada por Odoxa-Dentsu Consulting del 10 al 11 de octubre con la participación de 1.013 personas mayores de edad. Un 55 por cien de los consultados confía en su primer ministro, Philippe, frente a un 29 que opta por Macron. Hasta ahora la confianza ha caracterizado la relación entre el presidente y su primer ministra. Pero estas cifras podrían despertar la susceptibilidad del jefe del Estado. Lo que aparece claro es que Philippe sale reforzado.

Entre los ministros, a los que los encuestados querrían ver en el Gobierno tras la renovación prevista, están el ministro de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, el de Economía, Bruno Le Maire, el de Educación, Jean-Michel Blanquer, la de Defensa, Florence Parly, la secretaria de Estado para la Igualdad de Género, Marlene Schiappa, y el secretario de Estado para las Relaciones con el Parlamento, Christophe Castaner.

Ministros rechazados

En la composición de un nuevo Consejo de Ministros, a los franceses no les gustaría ver a la ministra de Justicia, Nicole Belloubet, al de Cuentas del Estado, Gérald Darmanin, a la de Cultura, Françoise Nyssen, a la de Trabajo, Muriel Penicaud, al de Agricultura, Stephane Travert y al de Cohesión Territorial, Jacques Mezard. La titular de Cultura es objeto de una investigación judicial por presuntas irregularidades cometidas en su casa editorial Actes Sud.

Macron necesita restablecer de manera urgente su debilitada autoridad tanto. El crecimiento económico francés es débil, el paro elevado. Los sindicatos, estudiantes, funcionarios y pensionistas organizan movilizaciones y manifestaciones para denunciar "la destrucción del modelo social". Macron necesita un equipo de gobierno sólido si quiere implementar la intensa agenda que se propone. Entre las reformas pendientes destacan la iniciativas polémicas y muy conflictiva como la reforma del sistema de pensiones, la reducción de 120.000 plazas de funcionarios y cambiar el seguro de desempleo.

Se insiste en la necesidad de buscar cambios "amplios". Philippe y Macron buscan darle un "nuevo aliento" al Gobierno. Todavía no se sabe cuál será la fórmula con que se llevará a cabo la remodelación. Una posibilidad es que Philippe y su Gobierno dimitan en bloque, para luego recibir el primer ministro otro encargo. Sería necesario un debate en el Parlamento y una votación de confianza. Con ello se daría la imagen de un nuevo comienzo. Si se opta por el simple anuncio de cambio de carteras, sin dimisión, el "efecto cambio" quedaría quizá algo desdibujado.

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