Política

Estalla el Gobierno de Irlanda del Norte por los desacuerdos con el tratado del Brexit

  • La ruptura llega tres meses antes de las elecciones
  • Los unionistas tachan el pacto del Brexit de "locura" y Johnson está de acuerdo
Paul Givan, el recién dimitido primer ministro de Irlanda del Norte. Foto: Europa Press

Por si no fuera suficiente con la subida de tipos, la inflación, el aumento del coste de la luz o el 'partygate', una vieja crisis acaba de estallar en el Reino Unido: el acuerdo del Brexit. El Gobierno norirlandés ha estallado después de que el ministro de Agricultura, Edwin Poots, ordenara unilateralmente detener las inspecciones aduaneras a los productos importados de Gran Bretaña, lo que supondría la ruptura del pacto entre Londres y la UE, que impuso una frontera dentro del Reino Unido para evitar tener que recuperar la división entre las dos Irlandas.

El anuncio de la orden llegó al filo de la medianoche, y conllevó el recordatorio inmediato por parte del Gobierno de Irlanda de que la suspensión de esas inspecciones supone la ruptura del acuerdo del Brexit, justo cuando la ministra de Exteriores británica, Liz Truss, y uno de los vicepresidentes de la Comisión, Maroš Šefcovic, están renegociando el texto para reducir la dureza de los controles aduaneros. Sus socios de Gobierno, los nacionalistas irlandeses del Sinn Féin, acusaron a los unionistas de jugar con la estabilidad de la provincia solo por motivos electoralistas.

Sin embargo, las órdenes fueron directamente a la papelera: esta mañana, las inspecciones seguían en pie y las instrucciones desde Londres, a los funcionarios norirlandeses y a las empresas, eran seguir como si no hubiera pasado nada. Aun así, el primer ministro británico, Boris Johnson, aseguró que la decisión de mantener o no los controles era una prerrogativa del Gobierno norirlandés, y dijo que entendía si querían violar el acuerdo, porque el pacto del Brexit que él mismo negoció y firmó en 2020 es "una locura", dijo el 'premier'.

La tensión acabó esta tarde con la dimisión del primer ministro norirlandés, el unionista Paul Givan (DUP), lo que supone la disolución del Ejecutivo provincial a falta de solo tres meses para las elecciones, ya que los Acuerdos de paz de Viernes Santo obligan a que haya un partido unionista y uno nacionalista al frente del mismo. "Este es el momento de decir basta", dijo el líder del DUP, Jeffrey Donaldson. "Los acuerdos solo pueden funcionar si los apoyan los unionistas y los nacionalistas. Y en Bruselas y Dublín han ignorado totalmente este principio", dijo. Pero también tuvo palabras para Johnson: "El Gobierno [de Londres] ahora sí acepta el daño que está causando el acuerdo. Y no solo parece rechazar un cambio, sino que ahora apoya mantenerlo como tal".

Este anuncio es, en parte, el pistoletazo de salida de la campaña electoral, que podría adelantarse algunas semanas frente a la fecha originalmente prevista de mayo. El DUP lleva años hundiéndose en las encuestas por culpa del acuerdo del Brexit, que la comunidad unionista considera una traición al imponer una frontera entre su territorio y el resto del Reino Unido, lo que en la práctica les acerca a Irlanda. Los otros partidos unionistas -UUP y TUV- han ido creciendo en los últimos meses, y la división del voto unionista podría llevar al Sinn Féin a ser el partido más votado en Irlanda del Norte por primera vez en la historia y a liderar el próximo Gobierno regional, una pesadilla en toda regla para los defensores de la permanencia en el Reino Unido.

Se multiplican las crisis

La gran pregunta ahora es si toda esta crisis termina siendo una mera actuación teatral para presionar a los negociadores de Londres y Bruselas para reducir los controles aduaneros al mínimo lo antes posible, o si supone una ruptura social definitiva en la provincia, uno de los puntos más sensibles de Europa tras haber vivido varias décadas de terrorismo y una guerra civil de baja intensidad. Lo que sí es es una nueva bomba de relojería en el plato de un Johnson cada vez más ahogado, y que este jueves sufrió la dimisión de una de sus ayudantes de máxima confianza, Munira Mirza, que le había acompañado desde su etapa como alcalde de Londres. Las crisis suelen tender a acumularse.

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