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El purgatorio, un infierno temporal que se inventó la iglesia para los banqueros

  • La iglesia consideraba a los prestamistas ladrones de tiempo
  • La usura era uno de los pecados más graves que condenaban al infierno
Madrid

Hace siglos, los que ahora son considerados los hombres y mujeres más ricos, envidiados y respetados eran carne del infierno. Banqueros como Ana Patricia Botín, Carlos Torres o José Ignacio Goirigolzarri no hubieran podido esquivar una vida después de la muerte rodeados de demonios, ollas ardientes y temperaturas poco elegantes. Sin embargo, en el siglo XIII, la fuerza emergente del capitalismo logró torcer el brazo a la Iglesia y forzarla a inventar un ingenio para salvar a nuestros futuros banqueros del fuego eterno.

En el siglo XXI, el florecimiento económico y comercial espolea la proliferación de los primeros banqueros, los practicantes de la usura. La Iglesia católica no tarda en identificar su actividad como uno de los pecados más graves, relacionado con la avaricia y la codicia.

Los eclesiásticos equiparaban los préstamos con interés a un robo a los cristianos y hasta al mismo Dios. El que prestaba a 'hermanos' de la comunidad cristiana para obtener ganancias les estaba robando, ya que el cristianismo exhorta a ayudar al prójimo y dar limosna al pobre.

El tiempo solo pertenece a Dios

Pero también estaba usurpando algo a Dios: el tiempo. Devolver el capital más un interés implicaba un tiempo de trabajo para lograr la suma y satisfacer al usurero. El usurero era un ladrón de tiempo. Y el tiempo sólo pertenecía a Dios.

En realidad, el crédito era permitido por la Iglesia cuando se realizaba con pueblos extranjeros, especialmente con los que se mantenían conflictos abiertos, como un modo de explotar al enemigo en tiempos de guerra. Esta concepción benefició especialmente a los judíos, para los que los cristianos eran considerados un pueblo diferente. A ellos, por tanto, podrían financiarles librándose del pecado. En cambio, los cristianos reconocían a los judíos como miembros de su misma comunidad, por lo que su actividad prestamista lícita se reducía a la mínima expresión.

Así las cosas, bien entrado el siglo XII, eran los judíos los únicos banqueros disponibles, pero el florecimiento económico y la mayor circulación monetaria desbordó todas sus capacidades: se hizo necesario que los cristianos también pudieran prestar y obtener ganancias por ello. El capitalismo como nuevo modelo económico se estaba forjando con tal fuerza, que la Iglesia se vio obligada a reconducirse para adaptar su doctrina al 'poderoso caballero' de Quevedo.

Este cambio de mentalidad en la Iglesia permite que en el siglo XIII surjan artilugios de justificación para operaciones relacionadas con la usura, como el Periculum Sortis, que contemplaba el riesgo de perder el capital prestado. O la Ratio Incertitudinis, el cálculo de la inseguridad que se contrae en este servicio. Pero era necesario algo más, un ingenio aún más complejo que exonerara del infierno a los cristianos dedicados a brindar crédito sin que la cúpula eclesiástica perdiera el suyo. El Purgatorio fue moldeado para este fin.

La idea del Purgatorio, un lugar similar al infierno pero, a diferencia de éste, temporal, emerge por primera vez en el Tractatus de Purgatorio Sancti Patricci, un texto en latín del año 1180 escrito por el monje inglés Henry de Saltrey. El clérigo relata el viaje de Owein, un caballero irlandés que busca purgar sus pecados, para lo que accede a una cueva cuya entrada sitúa en el lago Derg de Irlanda.

En su periplo por la cueva, descubre un mundo poblado por demonios que torturan a las almas con múltiples padecimientos y les enseñan el camino hacia la salvación celestial. Owein es arrojado al fuego, torturado y forzado a cruzar un río fétido lleno de criaturas maléficas, pero la mención del nombre de Cristo le salva de ser destruido en cada encrucijada.

Cuando logra atravesar el río, en cuyo fondo se esconde la puerta del Infierno, la recibe una única salida que conduce directamente al Paraíso. Dos arzobispos reciben a Owein y le acompañan por un paraje lleno de flores, dulces perfumes y música. Le explican que se encuentra en un lugar en el que las almas descansan tras haber sido purificadas en el Purgatorio, como paso previo a la entrada al Cielo.

La idea de un espacio que funcionase como antesala del Edén para que los cristianos pudieran cumplir penitencia una vez muertos iba como un guante a las nuevas necesidades económicas que imponía el capitalismo. Especialmente, a su actividad fundamental: el préstamo con intereses. El concepto del Purgatorio construido en el Tractatus se extiende como la pólvora en el Clero europeo y se consolida a lo largo del siglo XIII para alojar a todos los usureros: los banqueros ya se pueden salvar y el capitalismo tiene plena libertad para desarrollarse sin cotos ni remordimiento.

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Becaria a ver si aprendes
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Menuda soplapo..ez de la becaria. El purgatorio ya viene desarrollado en Macabeos, algún siglo que otro antes de que existiese la Iglesia. Y luego un tal Jesucristo también lo menciona, antes incluso de que nombrase a Pedro como primer papa. Así que difícilmente tiene algo que ver con la iglesa. Por no hablar del Deuteronomio en época de un tal Moisés, donde también se condena la usura.

Y en cuanto al resto del artículo la becaria sigue demostrando no tener la más mínima idea confundiendo usura (algo que está castigado en la atea España y en otros muchos otros países) con préstamos.

En fin becaria, vuelve a la facultad y lee algún libro de historia. Lo mismo no haces tanto el ridículo.

Puntuación 12
#1
V for Vendetta
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Y naturalmente el negocio quedó en manos de los judios.

Puntuación 4
#2
Concostrina bis
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Esto parece la bitácora de la Concostrina. Imposible meter más la pata en un sólo artículo.

Puntuación 4
#3
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KIKO GOMEZ ORTIZ
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Pues ahira van por ahí vestidos de bonito y con maneras elegantes presumiendo de genios, guapos, importantes, honestos y bienhechores de la humanidad.

Son los triunfadores, los eternos ganadores y el ejemplo a imitar y seguir. ¿ Dioses? Ellos son los dioses y nosotros somos sus fieles seguidores y adoradores.

Hasta les pagamos sus vicios y deudas... Si eso no es fé, amor, pleitesía y adoración; ¿ qué es?

Puntuación 0
#4