Empresas y finanzas

Ni capitalismo ni comunismo: así alcanzó el éxito el empresario Ernest Bader con su empresa humanista y cuáquera

  • La Scott Bader Commonwealth se convirtió en propiedad de los trabajadores
  • Bader defendía la propiedad privada pero no la acumulación de capital
  • La 'tercera vía' fue ideada 30 años después de fundar la empresa
Oficinas centrales de Scott Bader en Wollaston, Northamptonshire (Reino Unido).

Años 20. Con la URSS recién fundada y una Europa lamiéndose las heridas de la Primera Guerra Mundial, la división en los históricos bloques comunista y capitalista se cocinaba a fuego lento. A Ernest Bader, un empresario suizo instalado en Londres, se le quedó corta esta segregación y, como buen alumno de los dialécticos Platón o Hegel, decidió buscar una tercera solución, una síntesis entre ambos modelos para hacer crecer su empresa. Treinta años después, lo consiguió.

La compañía de productos químicos Scott Bader fue levantada en 1921 en la capital británica y dirigida durante 30 años bajo el modelo convencional capitalista. Sin embargo, su fundador, miembro de la comunidad cuáquera, nunca estuvo convencido de la eficiencia de una organización basada en la acumulación del capital y la división en dos bloques: fuerza del trabajo y propietarios de los medios de producción. Dirigidos y directores. Empleados y propietarios.

El modelo comunista tampoco era del gusto del suizo. Bader defendía la propiedad privada, pero igual de firme se mostraba con respecto a una distribución de la riqueza que consideraba necesaria para aportar un valor a la sociedad desde el emprendimiento. Así, de la confrontación entre capitalismo y comunismo bajo los pilares espirituales cuáqueros del empresario, éste encontró una solución, una 'tercera vía' que le costó 30 años idear y que le ha reportado 70 años de éxito hasta la fecha.

En 1951, Ernest Bader convirtió su empresa en una suerte de sociedad participada por sus trabajadores, a los que invitaba a implicarse por completo en el desarrollo y destino de la compañía. Así nació The Scott Bader Commonwealth, cimentada en los principios de los cuáqueros, una comunidad religiosa fundada en Inglaterra en el siglo XVII que predicaba la espiritualidad del individuo y rechazaba toda jerarquía eclesiástica. Los empleados de Bader pasaron a convertirse en socios de la firma y, por tanto, en responsables de su devenir.

Inspiración cuáquera en el reglamento de una empresa

Los cuáqueros comulgaban con valores en torno al desarrollo del individuo, la igualdad de oportunidades, la participación e implicación en la comunidad y la resolución de conflictos de modo pacífico. A nivel empresarial, esto se traducía en que la compañía de Bader tenía la responsabilidad de alentar en sus empleados -y socios- el desarrollo óptimo de su potencial, facilitarles el acceso a los beneficios de la empresa, concederles una auténtica voz y voto en las estrategias de la compañía e imponer el diálogo ante cualquier desafío. "Estos principios cambiaron la estructura fundamental de la empresa y distribuyeron la responsabilidad de su futuro a su fuerza de trabajo", relata la web de la compañía.

Según el economista alemán Fritz Schumacher, autor de Lo pequeño es hermoso e ideólogo de la economía budista -defiende que las personas necesitan un buen trabajo para su desarrollo humano y que la economía no debe despegarse de lo local-, la Scott Bader Commonwealth desplegó unas sencillas reglas para su funcionamiento. Así, la remuneración más alta en la compañía sólo podía multiplicar por siete el sueldo más bajo; la mitad del beneficio neto se destinaría a fines caritativos, y sus productos no se venderían a clientes con objetivos bélicos. 

Ernest y Godric Bader, padre e hijo. Imagen: scottbader.com

La Scott Bader Commonwealth "se fundó sobre la creencia de que un emprendimiento socialmente responsable no puede existir únicamente en base a sus propios intereses". Su carácter de propiedad común o fideicomiso fue concebida "como una alternativa a la guerra entre una economía capitalista y otra comunista", según su relato histórico. El prólogo de sus estatutos revisados en marzo de 1963 enuncia que la ambición de la compañía reside en "el desarrollo común, tanto material como espiritual", e insiste en la idea de "un liderazgo basado en el consenso en vez de en la dictadura".

La 'tercera vía' de Bader fue inmediatamente percibida como una nueva utopía del trabajo, al estilo de las del socialista Robert Owen, y recibió los peores augurios. La realidad, sin embargo, demostró que los pesimistas estaban equivocados. La firma Scott Bader creció dentro de sus límites a nivel internacional y cuenta con 700 empleados contratados a día de hoy. En la actualidad, la ecología, el negocio y la humanidad componen los tres ejes sobre los que rota toda la estrategia empresarial. 

En 2014, la Scott Bader Commonwealth recibió el Premio de la Paz de de la Fundación Internacional Gandhi al mejor modelo de negocio, que recogió el hijo de Ernest Bader, Godric, presidente vitalicio de la compañía. Su funcionamiento y sus principios continúan ejerciendo como piedra filosofal de la compañía 70 años después de su reforma y casi 40 tras las muerte de su fundador.

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