Opinión

La izquierda siempre perjudica a los que dice defender

Pedro Sánchez, presidente de Gobierno, y Lula Da Silva, presidente de Brasil, en Brasilia. EFE FOTOS

La izquierda española presenta la respuesta a los atentados que Hamás y otros grupos terrorista perpetraron el 7 de octubre contra la población israelí fruto de un odio ancestral e injustificado. Una cruel ofensiva militar que le hace merecedor del calificativo de genocida. En su relato, no existió la masacre que perpetró Hamás en el Festival por la Paz "Nova", en los kibutzs que rodean la franja, en las ciudades de Sderot, Netivot y Ofakim o en las bases militares de Zikim y Nahal en las que perdieron la vida en total 1400 personas y fueron secuestrados 240 más, la mayoría israelíes, aunque hubo víctimas de 35 nacionalidades, una de ellas española. En su crónica, no hubo atrocidades, ni ejecuciones, ni violaciones de mujeres y niñas.

Por supuesto que al Gobierno israelí hay que exigirle que la respuesta debiera haberse producido de forma proporcional y de acuerdo con las normas internacionales, pero si Israel tiene derecho a responder sujeto a esas reglas es porque hubo un ataque terrorista anterior. Ahora bien, ¿cuáles debieran ser los objetivos de la política exterior española en la zona? ¿Qué perseguimos? ¿Cuál es el interés que nos mueve?

En estos momentos, la premisa previa que debe conducirnos es la humanitaria, porque no podemos permanecer impasibles frente al drama que viven millones de civiles. En ese sentido, se hace necesario propiciar la apertura de los corredores en la Franja de Gaza para facilitar la entrada de ayuda y que esta circule sin impedimentos, así como planificar la?reconstrucción de los servicios básicos y coordinar el envío conjunto de ayuda a nivel europeo. Pero nos interpela también la paz y la seguridad en nuestro entorno, porque es la garantía de la nuestra. En tiempos como los actuales de zozobra internacional, con una guerra en Europa y la situación que describimos en Oriente Medio, hay que perseguir la estabilidad en la zona y estar vigilantes para que todas nuestras acciones vayan encaminadas en esa dirección.

En este sentido, es imprescindible encontrar la solución de los dos estados viables, seguros y democráticos, aunque hoy parezca más difícil, porque hay más sufrimiento, más dolor, más heridos, más muertos enterrados en Oriente Medio, más sangre derramada, más inocentes asesinados, lo que puede llevarnos a pensar que hoy es más difícil alcanzar la paz. Pese a ello, debemos sentar las bases para que sea posible. Para hacerlo, deberían producirse al unísono la liberación inmediata e incondicional de los secuestrados y la declaración del alto el fuego. En esa dirección parecen que caminan las conversaciones entre EEUU, Arabia Saudí, Qatar, Egipto e Israel que esperemos fructifiquen, como es el propósito de sus protagonistas, con el comienzo del Ramadán y así, se termine con el drama humanitario.

La izquierda española hace un flaco favor a la causa que dicen defender adoptando una posición tan sectaria, tan partidista, tan poco equilibrada, porque la descripción que hacen de la situación no beneficia a los refugiados, a los más indefensos, a los más débiles, al pueblo palestino, sino a quienes utilizan la guerra para justificar su existencia, ya sea porque persiguen la aniquilación del adversario, como las organizaciones terroristas que operan en la zona o sus benefactores, o porque utilizan la guerra para beneficiar su narrativa política: son el ejemplo de los relatos de algunos líderes que perjudican, como siempre, a la población civil. Así, en estos momentos, en los que el orden internacional nacido de la Segunda Guerra Mundial parece quebrarse por los ataques de los países que defienden los valores de las autocracias, debemos estar atentos a los que desde un lado y otro del espectro ideológico tratan de minar nuestras democracias liberales desde dentro.

Lo cierto es que, en este tema, como siempre que hablan de paz,la izquierda más radical no defrauda, porque para ellos la paz es que se rindan los que quieren la democracia y que ganen los suyos, aunque sean los peores sátrapas sobre la tierra. Por eso, defienden que se rindan los ucranianos, porque están con Putin; pretenden que se rinda la oposición en Venezuela, porque el suyo es Maduro o que lo haga la oposición cubana, porque siempre han defendido a los sucesivos dictadores de la isla. En este caso, el objetivo es que se condene a Israel, porque están con Hamás, una organización terrorista a la que premeditadamente pretenden confundir con el pueblo palestino como si fueran lo mismo, cuando lo cierto que que los segundos padecen a la primera. Los buscadores de la quiebra de las democracias liberales siempre que ven una democracia se ponen frente a ella, porque la libertad que ellos no decreten les produce urticaria.

Debemos contribuir desde España, tanto por nosotros mismos como a la hora de formar la opinión de la UE, a la paz y a la defensa de los principios sobre los que se asientan las democracias liberales sin trasladar dudas. De ahí que sea un error que los miembros del gobierno hagan pronunciamientos distintos sobre la situación del pueblo palestino o que el presidente del Gobierno quiera tomar decisiones al margen del consenso de la UE, lo que ha merecido la felicitación de dos organizaciones terroristas. En estos asuntos, hay que dejar a un lado satisfacer egos y trabajar para conseguir la paz defendiendo los fundamentos de la democracia, porque las cuestiones públicas, y la política exterior lo es, no pueden estar sometidas a intereses particulares, aunque sean los del presidente del Gobierno o su vicepresidenta.

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