Opinión

¿Qué nos está queriendo decir el ChatGPT?

Fotografía de ChatGPT.

Vivimos en un mundo cada vez más global y frenético donde no hay día que no aparezca una nueva start-up, idea o tecnología que no se proponga repensarlo todo. Y lo cierto es que están pasando tantas cosas al mismo tiempo que cada vez es más difícil adivinar qué dirección tomará todo. Pero, a riesgo de equivocarnos podemos imaginar que la tecnología empezará a desaparecer en los próximos años. Y no es que vaya a desaparecer. Todo lo contrario. Pero, sí vamos a empezar a dejarla de ver porque se irá haciendo invisible. Una mezcla de algoritmos, sensores y, sobre todo, de nuestra querida voz se va a encargar de ello.

En no mucho tiempo sentiremos que vivimos en un mundo asistido por un sinfín de aplicaciones que nos acompañarán –si lo queremos– en todo momento del día. Porque todo apunta a que la voz –en la emisión y la recepción– será la manera en que interactuaremos con máquinas y algoritmos en un futuro cercano. No tardaremos en tener "Siris-de-verdad" que buscarán y realizarán todo tipo de tareas por nosotros y empezaremos a dejar de navegar porque alguien por nosotros encontrará la respuesta. Y nos rodearemos de todo tipo de asistentes virtuales verdaderamente inteligentes (o copilotos) que nos ayudarán en todo aquello que necesitemos (trabajo incluido).

Iremos dejando atrás tantos clicks innecesarios y la voz se irá convirtiendo en la forma natural con la que nos relacionaremos con la tecnología. Porque será tan fácil de usar para nosotros que hará que nuevas tecnologías no precisen de un interfaz, y se convertirá en el mando a distancia universal para controlar cualquier dispositivo tecnológico. La voz será la próxima tecnología en tambalearlo todo porque hará que el resto de las tecnologías parezcan menos artificiales y veamos a máquinas y algoritmos más humanos que nunca.

Aparecerá una nueva generación de asistentes virtuales que nos harán la vida mucho más fácil y serán proactivos al punto de decirnos cuándo cambiar de hipoteca o hacer más deporte porque nos hemos excedido durante las fiestas. Asistentes que revisarán la letra pequeña de términos y condiciones ?que nunca leemos? de nuestros contratos, que se ocuparán de agendar por nosotros una reunión o cita con un cliente o una empresa. Serán ellos - nuestros asistentes inteligentes - los que conversarán con los propios asistentes de las empresas para resolver muchas de las cosas que necesitemos. Y eso las obligará a construir superbotsGPT que puedan relacionarse por ellas con clientes, proveedores o colaboradores. Porque en algún momento dejaremos de entrar en intranets y aplicaciones para averiguar cuántos días nos quedan de vacaciones y simplemente chatearemos o hablaremos con el bot de nuestra empresa y les diremos qué días nos tomamos y esté se encargará de hacer las gestiones pertinentes para que nuestra solicitud quede procesada.

Sin duda, los asistentes personales realizarán cada vez más tareas para nosotros y resolverán aquellas consultas o dudas que tengamos. Porque en la próxima década tendremos acceso al mejor abogado, doctor, estratega, diseñador o coach.

La buena noticia es que dejaremos de estar solos. Y eso es así porque tenderemos a antropomorfizar compañeros virtuales (especialmente los más niños, pero también los más mayores). La mala noticia es que la mayoría de nuestras interacciones diarias dejarán de ser con otras personas y pasaremos cada vez más tiempo hablando y relacionándonos con máquinas, bots y algoritmos.

Esto es precisamente lo que no está queriendo decir ChatGPT y deberíamos estar bien atentos. Que luego no digamos que no nos haya advertido.

Y poco a poco, los algoritmos y sistemas de inteligencia artificial tomarán más y más decisiones por nosotros. Hoy en día, ya deciden qué contenidos mostrarnos en redes sociales o plataformas de streaming, qué camino deberíamos tomar para llegar antes a casa o si somos susceptibles de pedir un préstamo o hipoteca. Pero, en el futuro nos dejaremos aconsejar para decidir qué podríamos estudiar, si ha llegado el momento de dejar ese trabajo o si esa debería ser la persona con la que vivir el resto de nuestras vidas.

Todas nuestras elecciones, desde las más cotidianas hasta las más complejas, como decidir dónde vivir, no son producto del libre albedrio, sino de miles de millones de neuronas que toman decisiones repentinas. La intuición humana es en realidad reconocimiento de patrones. Y no hay nada que impida que las computadoras aprendan nuestros algoritmos y produzcan las mismas emociones o deseos que los humanos. Es solo cuestión de tiempo.

Parece muy futurista, pero a medida que vayamos compartiendo todo tipo de informaciones con nuestros asistentes virtuales preferidos y nos rodeemos de todo tipo de sensores biométricos, los algoritmos nos conocerán mejor que nadie y sabrán reconocer nuestros estados de ánimo o incluso cómo nos sentimos. Y empezaremos a dejarnos aconsejar en más parcelas de nuestras vidas por ellos mismos. Veremos si realmente nos gusta.

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