Opinión

El desastroso control de población que China impulsa en las últimas décadas

  • Las predicciones de 1980 de la demografía china fueron sobreestimadas, dejando al país en una grave crisis de natalidad
  • Conduciendo al país a una trampa demográfica de pesadilla y a una catástrofe humanitaria inminente que podría tener profundas implicaciones para la economía mundial
Fotografía de una calle en China

Más de cuatro décadas después de que China comenzara a abrirse al mundo, el proceso de toma de decisiones del Gobierno chino sigue rodeado de secretismo. Las políticas de control de la población del país, y mis esfuerzos por cuestionarlas, son un buen ejemplo.

En 1980, el científico Song Jian y el economista Tian Xueyuan predijeron que la población china superaría los 4.200 millones de habitantes en 2080, lo que alarmó a las autoridades chinas y condujo a la aplicación de la famosa política del hijo único. En realidad, incluso sin ninguna restricción oficial, la población china habría alcanzado un máximo de 1.600 millones y luego habría disminuido gradualmente.

Crecí en China y fui testigo de la brutalidad de la política del hijo único, lo que me inspiró a iniciar una campaña contra las medidas de control de la población en el año 2000. Al principio, mis esfuerzos se limitaron a publicar artículos en sitios web extranjeros. Más tarde adopté un enfoque más académico, y en 2003 algunos de mis ensayos aparecieron ocasionalmente en foros chinos.

En octubre de 2004, un periódico controlado por el Estado publicó mi artículo pidiendo el fin del control de la población, lo que allanó el camino para un debate nacional sobre la política del hijo único. A medida que mi campaña ganaba adeptos, los altos funcionarios empezaron a tomarse en serio mis investigaciones. Por ejemplo, Jin Renqing, ministro de Finanzas de China en aquella época, revisó personalmente cinco de mis informes.

En 2007 publiqué un libro en Hong Kong, Big Country With an Empty Nest (Un gran país con el nido vacío), en el que cuestionaba los supuestos en los que se basaban las medidas de control demográfico de China y abogaba por su fin inmediato. El libro causó revuelo entre funcionarios de planificación familiar y demógrafos, que trataron de menospreciar y silenciar mis opiniones heréticas, y fue rápidamente prohibido en China. Pero la versión en línea recibió decenas de millones de visitas, desafiando los esfuerzos oficiales por suprimirla.

Tres años después, se incluyó un artículo mío en una antología titulada New Critical Debate on Population Policy como punto de vista "opuesto". Con prólogo de Song y artículos de Tian y dos subdirectores de la Comisión Nacional de Planificación Familiar de China, el libro criticaba duramente mi trabajo.

Durante diez años me tacharon de "traidor" y me abstuve de viajar a China. Pero en 2010, conseguí colarme en la conferencia anual sobre población de China, donde uno de los redactores de la carta abierta de 1980 que desencadenó la política del hijo único me criticó (su discurso se publicó más tarde). Una vez revelada mi identidad, me dijeron que la policía me buscaba como sospechoso de causar problemas, lo que me obligó a huir de la ciudad de la noche a la mañana.

A lo largo de los años, debo de haber recibido decenas de miles de peticiones de ayuda de mujeres que se enfrentan a abortos forzados, y estoy orgulloso de que mis esfuerzos hayan contribuido a salvar a muchos bebés. Para poner de relieve el coste humano de esta política, distribuí folletos a casi todos los miembros del Parlamento Nacional y a varios funcionarios provinciales y ministeriales. Las respuestas que recibí -al menos antes de que el gobierno intensificara su régimen de censura en 2015- fueron sorprendentemente positivas.

Resultó que mis predicciones eran acertadas. Sin embargo, cuando un informe interno de 50.000 palabras que escribí fue incluido en 40 Years of Reform: Selected Economic Works -una colección de 2020 de 116 informes que tuvieron el mayor impacto en la formulación de políticas chinas entre 1979 y 2018-, mi documento fue el único que abogaba por la reforma de la política de control de la población del país. Durante un tiempo, sin embargo, los debates públicos y académicos parecieron cambiar. Entre 2010 y 2017, recibí más de 100 invitaciones para hablar en los principales think tanks y universidades de China. Sorprendentemente, algunos funcionarios de planificación familiar viajaron a través de las provincias para asistir a mis conferencias.

En 2013, una editorial dependiente del Consejo de Estado chino publicó una nueva edición de Big Country With an Empty Nest, que ocupó el primer puesto entre los 100 mejores libros del año seleccionados por China Publishing Today. A medida que mi obra fue recibiendo mayor reconocimiento, me invitaron como ponente a la conferencia de 2016 del Foro de Boao para Asia, la respuesta china a la reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos. Mi libro, antes prohibido, se había convertido en un éxito de ventas y en uno de los favoritos de los responsables políticos. Antes tachado de "traidor", me había convertido en un distinguido invitado del Estado.

Pero mi insistencia en decir la verdad tensó mis relaciones con los funcionarios chinos. En 2016, dije al New York Times que la economía de China no podría superar a la de Estados Unidos. Esto enfureció a los funcionarios de planificación familiar, que presionaron con éxito al gobierno central para que me incluyera en la lista negra oficial de China. Enfurecí aún más a las autoridades al señalar que la población de China se había sobrestimado enormemente y que, de hecho, había empezado a disminuir en 2018.

En lugar de seguir mi consejo y levantar por completo todas las medidas de control de la población, los dirigentes chinos adoptaron un enfoque prudente. En 2014, China puso en marcha una política selectiva de dos hijos, que permitía a las parejas tener dos hijos si uno de los progenitores era hijo único. En 2016 se introdujo una política universal de dos hijos. Por último, en 2021, China permitió a los padres tener hasta tres hijos. Por desgracia, estas medidas fueron demasiado limitadas y llegaron demasiado tarde para marcar una diferencia significativa.

China sigue por el mal camino, en parte debido a los temores suscitados por las proyecciones demográficas oficiales que sugerían que, si se mantenía la política del hijo único, la tasa de fertilidad se estabilizaría en 1,8 y la población alcanzaría un máximo de 1.500 millones en 2033. Estas proyecciones también estimaban que, si se permitía a todas las parejas tener dos hijos, la población alcanzaría un máximo de 1.600 millones en 2044, y la tasa de fertilidad aumentaría a 4,4-4,5 nacimientos por mujer.

Ahora sabemos que todas estas predicciones, como las que se hicieron en 1980 para justificar la política del hijo único, son un disparate. Incluso según las exageradas cifras oficiales de China, la población del país empezó a disminuir en 2022, con una tasa de fertilidad que se redujo a 1,0.

Al reflexionar sobre mi experiencia en la lucha contra las políticas chinas de control de la población durante el último cuarto de siglo, me consuela que mis estimaciones se hayan visto confirmadas. Por otra parte, me entristece profundamente que China haya desoído sistemáticamente las investigaciones más sólidas, conduciendo al país a una trampa demográfica de pesadilla y a una catástrofe humanitaria inminente que podría tener profundas implicaciones para la economía mundial.

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