Opinión

El partido postelectoral

  • El Partido Popular, siendo el ganador, está dando una imagen de desconcierto y de desidia dejando al PSOE la iniciativa
  • Sánchez sigue buscando el acuerdo con populistas, separatistas y filoterroristas sin importarle el futuro de la economía
El líder del PP votando en las elecciones del 23-J.

Dicen de la mujer del César que no sólo debe ser honesta, sino parecerlo. Máxima esta que es aplicable a casi todas las actividades de la vida y, especialmente, a la política. Y viene esto a cuenta por la incomprensible actitud del Partido Popular que siendo el indiscutible ganador de las elecciones generales está dando una imagen deprimente de desconcierto y de desidia. Dejando la iniciativa al PSOE, sin logística de negociaciones definida ni patrón de gestión con Vox, con la esperanza puesta en el delirio de una repetición electoral y consintiendo que Sánchez parezca el ganador de los comicios cuando el PP ha conseguido un crecimiento espectacular aumentado 48 escaños en el Congreso, sacando 16 diputados al segundo y con mayoría absoluta en el Senado, pero que ahora aparenta no saber qué hacer con ello.

De auténtico esperpento resultaba la ausencia de Jorge Azcón en la firma del acuerdo de Gobierno en Aragón, como si lo considerara vergonzante, reforzando con ello el discurso del sanchismo. Como también lo ha sido el silencio del resto de los líderes nacionales que contrastaba con la valentía del presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda, quien no sólo ha rechazado "la demonización" de Vox, sino que ha resaltado que los de Santiago Abascal son "un partido constitucional", en contraposición con Bildu que, recordó, llevó a condenados por el terrorismo de ETA como candidatos en las pasadas municipales y autonómicas.

Una falta de dirección política aparente cuando aún queda el partido de vuelta por jugar que no sabemos si responde a una estrategia deliberada de difícil compresión o ante una repetición de los errores de campaña electoral, pero que en cualquier caso vuelve a mostrar a un partido carente de una política seria y eficaz de comunicación, marketing y de organización, con la brillante excepción de Miguel Ángel Rodríguez en Madrid. Vacíos tradicionales que han marcado el errático devenir de los populares desde 2016, sin que nadie se entere o se preocupe de arreglar.

Todo lo contrario de lo que hace Pedro Sánchez que, una vez más lo tiene todo muy claro y que, como suele ser habitual, en este minuto del partido contempla dos alternativas: o bien cierra el acuerdo con los Frankenstein para mantenerse, aunque sólo sea por unos meses más en La Moncloa pagando el precio que le pidan, que será muy alto y, si estos llevan la negociación hasta los límites más extremistas se apuntará a la repetición electoral revistiéndose de una imagen maquillada de hombre de estado por no haber cedido ante el chantaje de los independentistas y los enemigos de España. En ambos casos hipotecando seriamente el devenir de una economía en fase acelerada de enfriamiento y sin importarle el empobrecimiento general de unos ciudadanos a los que seguirá asfixiando con una política fiscal esquilmatoria y abusiva

Eso, además de volver a agitar el fantasma de Vox que, sin pretenderlo, es hoy el principal soporte electoral de Sánchez y el sanchismo. Y los números no engañan: en 2011 el PP de Rajoy obtuvo 10,9 millones de votos que le depararon la mayoría absoluta con 186 escaños, mientras que en 2023 la suma del PP y Vox alcanza 11,1 millones de votos, pero sólo 170 escaños, seis por debajo de esa mayoría absoluta que aventuraban las encuestas. Como afirmaba recientemente Nemesio Fernández Cuesta en un brillante artículo, "Vox sirve para que no gobierne el centroderecha. Esa es su única utilidad o su inutilidad, según se mire".

Sánchez necesita a Vox para dividir el voto de la centroderecha y para demonizar los pactos del Partido Popular con los que califica de la ultraderecha mientras normaliza ante la opinión pública sus concesiones y sus acuerdos con los populistas, los filoterroristas, los golpistas catalanes y el fugado de la justicia Puigdemont. Porque, también aquí Sánchez ha ganado de calle al PP la partida de relato en una democracia y ante una sociedad que creíamos maduras pero que siguen comprando la demagogia y el frentismo. Y, si no, ahí está el polichinela Patxi López afirmando que "a Feijóo y al PP les importa poco el precio que pagan con tal de estar en el poder". Cree el ladrón que son todos de su condición que dice el refranero, o ¡qué tiempos aquellos en los que sólo había un tonto del pueblo".

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