Opinión

¿Hacen falta mejores sanciones contra Rusia para parar la guerra en Ucrania?

El legendario jefe del estado mayor prusiano Helmuth von Moltke el Viejo decía que ningún plan de batalla sobrevive al primer contacto con el enemigo. Se refería a que los comandantes que ganan las guerras no necesariamente son los que tienen los mejores planes iniciales, sino aquellos que se adaptan rápidamente a la nueva información y a las condiciones en el terreno.

La brillante contraofensiva del ejército ucraniano, que ha obligado a las tropas rusas a retirarse en Kyiv, en el este y en el sur de Ucrania, es un buen ejemplo. Un ejemplo menos brillante es el esfuerzo de Occidente por utilizar sanciones comerciales y financieras para dificultar la capacidad de Rusia de llevar adelante la guerra. Aquí las cosas no han salido según el plan inicial y resulta evidente que se debe ajustar la estrategia. Con este objetivo, hemos identificado varios pasos que harían que el régimen de sanciones occidentales resulte más efectivo.

Las acciones iniciales en materia de sanciones fueron impresionantes. Inmediatamente después de la invasión, Estados Unidos, la Unión Europea y sus aliados congelaron la mayor parte de las reservas internacionales de Rusia, excluyeron a la mayoría de sus bancos del sistema de pagos internacionales SWIFT y prohibieron la venta de muchos productos a Rusia (incluidas piezas de aviones e insumos críticos a los sistemas de armas). También intentaron torpemente mellar la capacidad de Rusia de financiarse a través de las exportaciones de petróleo y gas: Estados Unidos impuso un embargo petrolero inmediato, mientras que la UE anunció que prohibiría la mayoría de las importaciones de petróleo ruso en un lapso de 6-8 meses.

Por otra parte, cientos de empresas extranjeras anunciaron que se retirarían del mercado ruso. Pero si bien los pronósticos iniciales anticipaban una contracción de dos dígitos del PIB y un colapso del rublo, eso no sucedió. El Fondo Monetario Internacional espera que el PIB ruso caiga solamente un 3,4% este año, mientras que el rublo se ha revalorizado aproximadamente en un 20% con respecto al dólar en relación a los niveles previos a la guerra.

Esto no significa que las sanciones lideradas por Estados Unidos y la UE no hayan afectado significativamente el poder bélico del presidente ruso, Vladimir Putin. Pero, ciertamente, han sido menos efectivas de lo que inicialmente habían esperado Estados Unidos y los gobiernos europeos. ¿Qué es lo que salió mal y qué podría hacerse para lograr un mayor impacto?

Las sanciones financieras utilizan el poder de Estados Unidos y sus aliados en las finanzas internacionales. Son particularmente efectivas cuando se las utiliza contra países que tienen déficits de cuenta corriente. Al impedir que esos países logren financiarse, las sanciones financieras causan un shock macroeconómico que, por lo general, conduce a un colapso de las importaciones, de la producción y de la moneda local.

Sin embargo, las sanciones financieras son mucho menos efectivas contra aquellos países, como es el caso de Rusia, que tienen superávits de cuenta corriente, porque esos países pueden afrontar el pago de las importaciones con los ingresos que obtienen por exportaciones, sin necesidad de financiamiento. Si bien las sanciones financieras reducen la eficiencia económica y afectan la capacidad de financiar proyectos grandes y complejos, esos efectos inciden en el crecimiento futuro, no en la producción actual.

La efectividad de las sanciones comerciales también depende del contexto en el que se impongan. En particular, su éxito depende de la capacidad de cada parte para redireccionar sus exportaciones o importaciones. Sancionar las exportaciones a Rusia no es lo mismo que prohibir las importaciones de Rusia en términos de costos y beneficios.

Antes de la guerra, la UE era casi tan dependiente de las importaciones de energía rusa como Rusia lo era de vender su petróleo y su gas a la UE, lo que resultaba en un monopolio bilateral de facto. Pero mientras que el gigante petrolero estatal Rosneft tiene una posición dominante del lado ruso, la UE tiene muchas empresas importadoras de energía en los 27 estados miembro. En consecuencia, mientras que Rusia puede tomar medidas unilateralmente, la UE tiene que hacer un esfuerzo para ponerse de acuerdo antes de actuar. En contraste, antes de la guerra, Rusia procuraba el 40% de sus importaciones de la UE, mientras que el mercado ruso representaba menos del 42% de las exportaciones europeas.

Los números parecen aún más favorables para la coalición anti-Putin si consideramos que Estados Unidos y la UE -junto con los restantes miembros del G7, Taiwán, Corea del Sur y Australia- dominan muchas industrias, entre ellas la aeronáutica, la de maquinaria y la de instrumentos médicos. Para el 30% de los productos importados por Rusia, la coalición tenía más del 70% de participación de mercado antes de la guerra. Esto les permite a Estados Unidos y a sus aliados restringir el acceso de Rusia a suministros esenciales, lo cual, según documentos internos rusos, puede tener efectos económicos devastadores en los próximos años.

Ahora bien, las sanciones actuales están lejos de maximizar el daño que se le puede causar a Rusia. Las sanciones actuales se centran en bienes de capital, los cuales afectan la producción rusa sólo de manera gradual, a medida que se deprecia el equipamiento ruso existente y requiere ser reemplazado. Por ello, no tienen el efecto inmediato en la producción como sí lo tendría la alteración en el suministro de insumos intermedios clave. Dada la urgencia del esfuerzo bélico, es importante identificar y bloquear las importaciones que causen daños inmediatos a Rusia.

Los miembros de la coalición anti-Putin también parecen tener serios problemas de coordinación. A mediados de octubre, la UE había prohibido la exportación a Rusia de alrededor del 37% de todos los productos exportados por Europa, según datos de la Alerta Comercial Global. Estos productos representan el 45% de las exportaciones de la UE a Rusia previas a la guerra. Pero casi la mitad de los productos que prohibió la UE no son objeto de restricciones a las exportaciones en Estados Unidos, y viceversa, lo que le permite a Rusia comprar en unos países de la coalición lo que otros miembros han restringido.

En un estudio reciente, desarrollamos un marco para evaluar la efectividad de las restricciones actuales a las exportaciones a Rusia. Allí proponemos un criterio para priorizar las restricciones a las exportaciones a Rusia. Nuestra conclusión es simple: estas sanciones son en general muy efectivas, causando una pérdida porcentual del PIB ruso que es 100 veces mayor que el daño que le causan a la coalición.

Si las sanciones se basaran en nuestro criterio y estuvieran mejor coordinadas entre los miembros de la coalición, los costos en los que incurriría Rusia aumentarían aproximadamente en un 60%, sin ningún costo adicional para los países de la coalición. Asimismo, existe un margen significativo para aumentar aún más las pérdidas de Rusia si se aplican restricciones a más productos.

La guerra de Ucrania se libra tanto en el campo de batalla como en el frente económico. Millones de personas están haciendo sacrificios inmensos para proteger al país y a su democracia. Debemos respaldarlas garantizando que las sanciones comerciales tengan toda la efectividad que pueden tener.

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