Ricardo Hausmann

Catedrático en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard y execonomista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo.

Seamos optimistas y supongamos que se descubre que una o más de las once vacunas contra el Covid-19 que hoy están en la Fase 3 de los ensayos clínicos son seguras y efectivas a comienzos de 2021. También imaginemos que la producción se puede acelerar rápidamente, para que los países puedan vacunar a una parte significativa de sus poblaciones a finales del año próximo.

Cuando arrojamos una pelota de tenis al suelo, rebota. Pero si tiramos una copa de vino, se hace trizas. Las economías de muchos países están en caída libre. ¿Rebotarán o se harán añicos? ¿Qué se puede hacer para garantizar una recuperación sólida?

La certeza es como un arco iris: maravillosa pero relativamente rara. Por lo general, sabemos que no sabemos. Podemos intentar remediarlo hablando con personas que pueden saber lo que queremos saber. ¿Pero cómo sabemos que saben? Si no podemos comprobar que efectivamente saben, debemos desconfiar en ellas.

Antes del Covid-19, el gasto en viajes de negocios alcanzaba un total de 1,5 billones de dólares al año (aproximadamente el 1,7% del PIB mundial). Ahora se redujo al mínimo, dado que los países han cerrado sus fronteras y se ha afianzado el distanciamiento social. Los aviones han permanecido en tierra, los hoteles están cerrados y los ejecutivos no ganan millas en sus cupones por ser viajeros frecuentes. Muchos empleos en el sector del turismo y de la hostelería están sintiendo las consecuencias. Pero si sólo se tratara de esto, el impacto, por más grande que fuera, probablemente sería mucho menor que la caída en el turismo internacional general, y fácilmente reversible una vez que terminara la pandemia.

Imagine que viene un huracán, pero los meteorólogos no saben si tocará tierra como una intensidad de categoría 2 o Categoría 5. ¿Para qué escenario debería usted prepararse?

Opinión | Ricardo Hausmann

L a crisis de Venezuela está pasando, inexorablemente, de ser catastrófica a ser inimaginable. El nivel de miseria, sufrimiento humano y destrucción ha llegado a un punto en que la comunidad internacional debe repensar cómo puede ayudar. Hace dos años, advertí que en Venezuela se avecinaba una hambruna similar al Holomodor de Ucrania entre 1932 y 1933. El 17 de diciembre, The New York Times publicó en su portada fotografías de este desastre, provocado por el hombre.