Opinión

Trump también está haciendo cosas buenas

El mercado de valores ha subido en EEUU un 31 por ciento, el máximo desde el presidente Roosevelt. Hay 2,2 millones más de puestos de trabajo. La economía se está expandiendo a un ritmo superior al 3 por ciento anual. Mientras el presidente Donald Trump ha completado su primer año en el cargo, el "miedo al otro proyecto" -es decir, aquel que dijo que Trump derrumbaría la economía norteamericana- parece tan tonto como el primero sobre el Brexit. Claro, Donald es un ignorante grosero, con el ego de un niño trastornado y el encanto de una babosa marina con mal olor. Pero eso no debería hacernos olvidar el hecho de que puede estar haciendo algo bueno, y que la economía estadounidense puede recibir un fuerte impulso gracias a algunas de las reformas que, sorprendentemente, han logrado avanzar.

Cualquiera que recuerde el primer año de Trump en la Casa Blanca seguramente se sorprenderá, sobre todo por el caos y la desorganización que han marcado su Presidencia. Ha pasado por un par de jefes de personal y más secretarios de prensa de los que nadie razonablemente puede contar. Ha estado bajo investigación por vínculos con Rusia e involucrado en una disputa pública con el FBI. Se ha equivocado en sus visitas a las capitales extranjeras, haciendo enemigos donde quiera que vaya, y malgastando la buena voluntad que alguna vez tuvieron los Estados Unidos. Una ventisca de tuits nocturnos que han rozado lo demente y, para colmo, su aniversario de la toma de posesión del cargo estuvo marcado por el cierre del Gobierno. Es probable que El fuego y la furia, de Michael Woolf, sea solo la primera de muchas exposiciones fascinantes de la vida dentro del círculo íntimo del presidente Trump. Mantendrá ocupados a los periodistas de investigación durante un año y a los historiadores durante décadas.

Con ese telón de fondo, es de esperar que la economía estadounidense pase a un segundo plano. Muchos expertos predijeron que sus guerras comerciales y su derroche fiscal serían profundamente perjudiciales. El magnate Mark Cuban dijo que los mercados se estrellarían, y el premio Nobel de Economía Paul Krugman aseguró que la economía se desplomaría. Un escritor declaró que estaba vendiendo todas sus acciones. Al igual que con la decisión británica de abandonar la UE, el convencimiento generalizado era que Trump sería un desastre para la economía, destruyendo la herencia relativamente exitosa del presidente Obama. Las políticas populistas crearían estragos.

Pero todavía no ha sido así. De hecho, la economía estadounidense se ha desempeñado excepcionalmente bien. El mercado de valores ha estado en pleno auge desde que Trump asumió el cargo, aumentando un 31 por ciento en un solo año, el incremento más alto durante los doce primeros meses de cualquier presidente, desde Roosevelt, en la década de 1930. Se han creado 2,2 millones de puestos de trabajo y la tasa de desempleo ha bajado del 4,8 por ciento al 4,1 por ciento. La industria ha sido particularmente fuerte. La tasa de crecimiento se ha situado cómodamente por encima del 3 por ciento. La Reserva Federal ya ha subido las tasas de interés dos veces, con poco impacto. Cuando Trump, que le robó esa iniciativa a su rival Jeb Bush, prometió un crecimiento del 4 por ciento durante la campaña electoral, la mayoría de los economistas se burló. Pero no está muy lejos ahora, y puede lograrse el año que viene.

Hay que decir que Trump ha olvidado convenientemente muchas de sus políticas más ridículas. Si hay un muro que se esté construyendo entre Estados Unidos y México, no hay señales de que haya algún albañil trabajando. Las restricciones de inmigración han sido modestas. No hay signos de una guerra comercial con China. ¡Diablos! ni si- quiera ha bombardeado a nadie, al menos por ahora. Lo que ha hecho es impulsar un par de grandes reformas a favor del crecimiento.

En primer lugar, ha completado una revisión radical del sistema tributario. A medida que el resto del mundo ha ido recortando los impuestos corporativos en las últimas dos décadas, Estados Unidos ha dejado su tasa de interés donde estaba. ¿El resultado? El 37 por ciento que se estaba cobrando era una de las tasas más altas del mundo. Las empresas, normalmente, se iban al extranjero para evitarlo. En lugar de intentar simplemente recortar eso, o introducir unas cuantas concesiones más difíciles, Trump ha reducido la tasa a un 20 por ciento. Uno de los recortes tributarios más audaces desde los días de Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Parece que ya está teniendo un impacto, con empresas como Apple trayendo a casa miles de millones almacenados en el extranjero, muchos de los cuales acabarán siendo invertidos en la economía estadounidense.

En segundo lugar, ha empezado a reducir la burocracia en la que se había convertido una de las economías más reguladas del mundo. Un ejemplo. En muchos Estados, usted necesita una licencia no solo para cortar el pelo en la barbería, sino también para lavarlo. Mientras que EEUU tienen un sector tecnológico formidable, las pequeñas empresas se estaban ahogando bajo el peso de esa creciente burocracia. Trump ha empezado a abordarlo. En su primer año, 22 regulaciones han sido eliminadas por cada una de las nuevas, y una orden ejecutiva hace obligatorio que el Congreso derogue dos reglas por cada una nueva que pase a ser ley (una idea que el Gobierno británico podría copiar útilmente).

Cierto, él ha tenido más éxito en detener las nuevas regulaciones que la difícil tarea de deshacerse de las viejas. Pero ha comenzado de forma impresionante a liberar una economía que había perdido su vigor empresarial.

Con su mezcla de autopromoción y bombardeo personal, puede que incluso haya aumentado la confianza. Es cierto que mucho de eso depende de la suerte. Trump heredó una economía en crecimiento, y el mercado de valores ya era boyante antes de que se trasladara a la Casa Blanca. Pero también ha impulsado algunas políticas eficaces a favor del crecimiento. En Europa, no deberíamos permitir que sus, a menudo, odiosas cualidades personales, o el estado caótico de su administración, oculten el hecho de que puede convertirse en uno de los presidentes más exitosos… y la economía estadounidense seguirá funcionando mejor de lo que la mayoría de los expertos espera.

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