Opinión

La digitalización al rescate del mundo

La existencia de una brecha digital es evidente en países como España

La pandemia supuso confinamientos, toques de queda, cierre de fronteras y otras muchas medidas excepcionales impuestas por las autoridades para luchar contra el virus. En esos tiempos tan convulsos recurrimos a la ya pujante digitalización para tratar de seguir adelante. Y así le dimos el espaldarazo definitivo para convertirla en una parte fundamental de nuestras vidas si no lo era ya.

Más allá del terrible drama humano y el coste económico que hemos soportado, la pandemia nos ha obligado a aprovechar las oportunidades que nos brinda la digitalización y el uso de internet en los momentos más difíciles: desde el teletrabajo hasta el acceso a productos y servicios privados y públicos, pasando por el entretenimiento y la comunicación, que ha sido clave durante el aislamiento y lo sigue siendo ahora que comenzamos a recuperar la normalidad.

Para el FMI la digitalización es la principal herramienta para fomentar la inclusión social e impulsar el desarrollo económico, la diversidad y la sostenibilidad en los países menos desarrollados. En el resto de los países no solemos pensar en las ventajas de la digitalización porque ya las tenemos interiorizadas y nos beneficiamos de ellas en nuestro día a día. Más bien solemos ser conscientes de los actuales límites de la digitalización: una insuficiente conexión y capacitación digital en algunos casos, dos aspectos que las autoridades se han comprometido a mejorar y que Europa quiere resolver.

Por esta razón más del 20% de los fondos europeos debe dedicarse a la digitalización de la economía y de la sociedad, sin perder de vista que el objetivo es unir y no separar.

La existencia de una brecha digital es evidente en países como España y va más allá de la edad o de las características socio culturales de las personas. La clave es que cada persona tenga la oportunidad de adaptarse a la digitalización a su propio ritmo, para que sirva de herramienta facilitadora -y no al revés- y mejore su calidad de vida. Es evidente que las personas tienen libertad de elección o pueden verse limitadas en las decisiones por sus diferentes capacidades, sin que esto deba suponer un menoscabo en el acceso a cualquier servicio público y privado. Los bancos españoles lo tienen claro y por ello lideran la transformación digital en Europa al tiempo que mantienen una de las mayores redes de oficinas comerciales que combinan con otros muchos canales con el objetivo último de ofrecer sus servicios a todos los clientes y en cualquier lugar.  Su prioridad es reforzar la elevada inclusión financiera, una de las mayores de Europa.

Mientras los bancos se adaptan a los deseos y capacidades de sus clientes, estos también deben ser conscientes de las oportunidades y riesgos existentes en la transformación de la sociedad. La ciberseguridad, por ejemplo, es una prioridad para los gobiernos y las empresas, y también debe serlo para todos y cada uno de nosotros como individuos. Los bancos garantizan la misma seguridad a sus clientes con independencia del canal de comunicación por el que opten. Pero los clientes deben también ser conscientes de su papel a la hora de proteger sus datos personales y financieros.

No debemos olvidar que la digitalización que nos mantiene constantemente conectados y amplía el alcance de nuestro mundo también abre la puerta a nuevas amenazas, que nos acechan por nuestros datos, el tesoro más valioso en la sociedad de la información. Los datos son la llave para acceder a nuestros recursos y pueden también ser utilizados para atacar a los demás.

Avanzar en la capacitación digital de la sociedad nos permitirá sacar el máximo provecho a la revolución digital que estamos viviendo. Solemos tender a pensar que los ciberataques son cosas que les ocurren a otros, pero hoy todos podemos ser víctimas de una ciberestafa. La prudencia y el sentido común son nuestros mejores aliados para luchar contra los ciberdelincuentes.

Los bancos, como otras muchas empresas, están inmersos en un constante proceso de transformación, repleto de desafíos y oportunidades en un mundo muy competitivo, marcado por las cada vez mayores exigencias de los clientes. Y compiten bien, como reflejan los resultados de las encuestas. Casi el 80% de los clientes dan una nota de 7 o más a la entidad con la que operan. La nota media es del 7,5 en todos los grupos de edad, según Funcas.

La digitalización fue una tabla de salvación en la pandemia y ya forma parte de nuestro presente y nuestro futuro. Es intrínseca a la innovación, el auténtico motor de transformación de la sociedad y la economía, la respuesta a los grandes desafíos de la humanidad, por su capacidad de hacernos avanzar y de mejorar nuestra calidad de vida. Aunque requiere un esfuerzo inicial de adaptación, se trata un coste pequeño si lo comparamos con las ventajas que nos puede brindar en nuestro día a día.

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