Opinión

Emergentes: sumergidos por la Covid-19 y la alta deuda

La deuda empieza a ser también un problema para algunas economías emergentes

La propagación de la variante ómicron como un reguero de pólvora añade otro elemento de incertidumbre a la economía mundial, pero hay consenso en que las perspectivas siguen siendo buenas para los países con mercados emergentes. J.P. Morgan Global Research prevé que su PIB combinado aumentará el 4,6% este año, superando a la tendencia que mostró entre 2015 y 2019. El pronóstico de S&P Global Ratings es aún más alcista: proyecta que las economías emergentes crecerán el 4,8%.

Sorprendentemente, estos indicadores de crecimiento son prácticamente idénticos a los pronósticos para 2022 publicados por el Fondo Monetario Internacional en octubre de 2019, es decir, antes de la pandemia. Es un tópico que la Covid cambia todo o, mejor dicho, todo excepto las perspectivas para los mercados emergentes.

De hecho, son múltiples los motivos por los cuales debiéramos plantearnos si este consenso no es excesivamente halagüeño.

En primer lugar, el endeudamiento de las economías emergentes es ahora mucho más intenso. La proporción de deuda pública a PBI ya estaba aumentando antes de la aparición de la pandemia, pero ahora llegó a niveles alarmantes: más del 60% del PIB.

Aunque nadie pone en duda que es inteligente pedir prestado para responder a una emergencia de salud pública y una crisis económica, estas pesadas deudas plantean problemas de gestión. Los escasos recursos fiscales que de otro modo se dedicarían a la atención sanitaria, la educación y la infraestructura tendrán que destinarse al servicio de la deuda. Y la carga será cada vez más pesada cuando la política monetaria más restrictiva de la Reserva Federal de EEUU y la escasez de capital en el mundo presionen al alza las tasas de interés.

Además, la deuda pública solo es parte del problema; desde la aparición de la pandemia, las deudas de los hogares y las corporaciones no financieras aumentaron casi a la misma velocidad que la deuda de los sectores públicos. Es probable que cuando algunas de esas deudas se tornen incobrables las pérdidas se socialicen y terminen formando parte de los balances gubernamentales.

El segundo motivo de escepticismo frente al consenso sobre los mercados emergentes es que el riesgo de trabajar en espacios reducidos impulsó una automatización acelerada en las economías avanzadas. Debido a que la necesidad de una coordinación visomotora cercana frustraba antes esos esfuerzos, la senda tradicional de los mercados emergentes y países en vías de desarrollo para aumentar sus ingresos ha sido la exportación de manufacturas intensivas en mano de obra. Aunque esas industrias no requieren fuertes inversiones ni trabajo altamente calificado, familiarizan a los trabajadores con la disciplina en las fábricas, permiten el aprendizaje a través de la práctica, acostumbran a las empresas a competir en los mercados mundiales y generan divisas.

El temor es que estas manufacturas pronto quedarán a cargo de robots e impresoras 3D en los mismos países con altos salarios donde se venden. Esta perspectiva refuerza las preocupaciones existentes sobre la «desindustrialización prematura» en los mercados emergentes.

De manera relacionada, las cadenas mundiales de aprovisionamiento, tan importantes para las economías emergentes, experimentaron grandes trastornos debido a la pandemia y esto llevó a las empresas a buscar insumos más cercanos. Los gobiernos de los países desarrollados, por su parte, justificaron con la escasez y la inseguridad económica la creación de incentivos para que las empresas produzcan más manufacturas en forma local.

Para los mercados emergentes los efectos negativos son similares a los de la automatización acelerada. Muchos países con ingresos bajos y medios comienzan con tareas más simples de ensamblado antes de pasar a las operaciones manufactureras más sofisticadas. Esas oportunidades serán más escasas en la medida en que las economías avanzadas ensamblen más productos localmente.

México puede beneficiarse gracias a los esfuerzos de las empresas estadounidenses para acortar sus cadenas de aprovisionamiento y las economías de Europa Oriental pueden beneficiarse de un deseo similar por parte de los países de la UE, pero el sur de Asia, África y Latinoamérica pueden quedar fuera.

Sobre todo, está el impacto de la Covid-19 sobre la creación de capital humano. Aunque ha sido negativo en todas partes, es probable que sus efectos sean especialmente graves en los mercados emergentes. Pocos mercados emergentes poseen banda ancha con la velocidad suficiente para lograr un aprendizaje a distancia eficaz. El menor ritmo de vacunación implicará que continúen los cierres de escuelas y el ausentismo. Según una estimación del Banco Mundial, la proporción de niños en los mercados emergentes y países en vías de desarrollo incapaces de leer y entender un texto simple a los 10 años de edad aumentará del 53% al 63% debido a la pandemia.

El contraargumento más poderoso es que los mercados emergentes se beneficiarán gracias a una economía mundial reforzada. El crecimiento de la productividad en las economías avanzadas —que había mostrado una tendencia a la baja durante varias décadas— fue sólido durante la pandemia, especialmente en Estados Unidos. Los cambios tecnológicos y organizacionales incitados por la pandemia podrían ahora mantener esa aceleración. Un crecimiento más rápido en los países desarrollados crearía entonces demanda adicional para las exportaciones de los mercados emergentes.

En esta etapa, se trata un argumento puramente hipotético. La reciente recuperación del crecimiento de la productividad en las economías avanzadas se puede atribuir enteramente a los factores del ciclo económico (en los últimos tiempos, a que las firmas utilizan sus recursos más intensamente por el rebote de las economías después de los mínimos que experimentaron en 2020). De hecho, la tendencia de la productividad se parece mucho a la de recuperaciones cíclicas anteriores, lo que significa que no hay evidencia de una aceleración duradera.

Pero no todo es pesimismo. A diferencia de otras veces en que la situación económica ha empeorado, los bancos centrales y gobiernos de los mercados emergentes pudieron responder con medidas estabilizadoras que reflejan su éxito para generar credibilidad. Hasta el momento, las quiebras de bancos y accidente financieros que históricamente marcaron estos episodios fueron pocas y estuvieron espaciadas. La producción y aplicación de vacunas va en ascenso. Dicho eso, podemos afirmar casi con certeza que los pronósticos de crecimiento tendrán revisiones a la baja.

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