Opinión

Que ómicron no nos haga perder el Norte

Es comprensible que la llegada de una nueva variante del coronavirus genere pánico. El gato escaldado del agua fría huye. Pero también es importante que no perdamos el norte.

Según escribo, Pfizer anuncia que, de acuerdo con análisis realizados en laboratorio, la tercera dosis de su vacuna es capaz de neutralizar la nueva variante. Y que dos dosis presentan una buena protección de cara a no desarrollar una enfermedad grave.

Además, y aunque todavía no hay evidencia científica, se está observando que el desarrollo de la enfermedad con la nueva variante no está siendo peor que con las anteriores. De hecho, parece que son incluso menores los casos graves que requieren hospitalización, respiración asistida, etc.

Ciertamente también parece que esta variante se transmite más rápido - que ya es decir - pero, si finalmente sus efectos son menos graves, podría ser hasta positivo, puesto que entre vacunaciones y contagios, que se producirían muy rápido y de forma masiva, se alcanzaría un alto grado de inmunidad de grupo a nivel global, sin tener que pagar el precio en fallecimientos que se ha pagado hasta la fecha.

Por eso, aunque el miedo seguirá presente en los mercados, conviene no perder contacto con las tendencias subyacentes que había en la economía antes de la llegada de esta nueva variante. Por el simple motivo de que probablemente una vez superado Omicron volverán a valorarse dichas tendencias.

Por ejemplo en el caso de la renta fija. Aunque la variante pudiera suponer un receso en el proceso de recuperación y vuelta a la normalidad, no estaríamos volviendo a la casilla de salida. Veríamos restricciones, algunos confinamientos y el BCE tendría una excusa para retrasar el inevitable cierre del grifo de la compra de bonos. Pero, vista la velocidad a la que occidente ha vacunado - y no les quiero decir si la variante resulta menos dañina -, hasta el BCE tendrá que dejar de inyectar liquidez en la economía. Y por supuesto la Reserva Federal de los EE.UU. seguiría con su proceso acelerado de reducción de compras de bonos.

El miedo a Omicron ha creado una especie de espejismo en el mercado de bonos. Ha hecho subir el precio porque, ante la perspectiva de una nueva pandemia, la gente prefiere pagar por protección. Pero si no hubiera aparecido esta variante y sus 50 mutaciones, el anuncio de que la Fed - el mayor comprador de bonos – deja de comprar habría sido negativo para los precios. Si finalmente resulta que lo de Ómicron no es para tanto y los inversores que se asustaron deciden vender esos bonos, coincidirá con el momento en el que la Fed deja de comprar. Y se notará en el precio. Y más si la inflación se mantiene alta.

Me dirán que nosotros estamos en Europa y que a la señora Lagarde no parece preocuparle mucho la inflación y en cambio sí le preocupa mantener bajos los costes de financiación de los países del sur de Europa.

Es cierto, pero todo tiene un límite. Si finalmente no se produjera un incremento de fallecimientos y hospitalizaciones, alguien levantará la voz, concretamente el ministro de finanzas alemán, que antes de serlo no ocultaba su disgusto porque el BCE haya abandonado su mandato de vigilar la estabilidad de precios y lo haya sustituido por mantener bajos los costes de financiación en el sur de Europa. Y lo que diga el ministro de finanzas alemán tiene un peso importante en lo que opine el consejo del BCE, donde también protestarán los representantes de los países conocidos como "frugales".

Aparte del "tapering", otra tendencia que se estaba consolidando era la de la recuperación económica, sobre todo en Estados Unidos, pero también en otras economías avanzadas. Aquí en España no tenemos esa sensación porque vamos a la cola del proceso, pero en EE.UU dos de las entidades financieras más importantes acababan de incrementar su previsión de crecimiento para 2021, del 3% al 7 % y del 3% al 8,7 % respectivamente, sorprendidas por la fuerza del consumo. Y las previsiones más conservadoras para el año que viene hablan de crecimientos en el entorno del 4 %.

Si el problema Ómicron se solucionara de forma relativamente fácil y rápida las bolsas volverían a fijarse en lo que normalmente se fijan las bolsas, es decir en las expectativas de ingresos y beneficios, que con estos niveles de crecimiento se irían confirmando como muy positivas.

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