Opinión

Presupuestos de "vacas gordas"

María Jesús Montero, ministra de Hacienda

El pasado jueves 7 de octubre, el Gobierno de España aprobó el proyecto de Presupuestos Generales para 2022. De obtener su aprobación en el Congreso de los Diputados, se convertirán en los segundos presupuestos tanto de la actual coalición de gobierno como del presidente Pedro Sánchez, quien entre 2018 y 2020 debió gobernar con las cuentas heredadas de su antecesor Mariano Rajoy.

A diferencia de los de 2021, los Presupuestos de 2022 dispararán con "pólvora del rey". Se beneficiarán nuevamente del maná de los fondos europeos de recuperación para configurar las cuentas con la mayor inversión pública de la historia, además de un importante aumento de la financiación autonómica, un tipo mínimo del 15% en el impuesto de sociedades, una subida del sueldo de los funcionarios del 2 %, una revalorización de las pensiones, de acuerdo a la inflación, y un bono vivienda y otro cultural para jóvenes.

Las cuentas del Partido Socialista y Podemos tienen unos tintes sociales nunca advertidos hasta la fecha (59,8 % de gasto social) con el objetivo, según la portavoz del Gobierno Isabel Rodríguez, de una "recuperación justa" a través de inversiones públicas que dinamicen y transformen la economía para hacer de España un país más competitivo, productivo y sostenible, garantizando la recuperación económica y el fortalecimiento del Estado del bienestar. En palabras del presidente Sánchez: "Los Presupuestos Generales del Estado tienen una prioridad: consolidar la recuperación económica y que sea justa. Que aprovechemos los fondos europeos para poder modernizar nuestra economía, también nuestra sociedad para que sea más competitiva y más cohesionada. Se trata de salir de la crisis no como en el punto de partida, que sabíamos que había cosas que resolver. Se trata de salir de la pandemia con una España mucho más sostenible, más inclusiva, y más digital".

La coalición del actual Ejecutivo consiguió alumbrar las nuevas cuentas tras desbloquear los principales puntos de fricción entre los socios de gobierno para imponer un tipo mínimo efectivo en el impuesto de sociedades del 15% para grandes empresas, y aprobar la primera Ley Estatal de Vivienda, por la que el líder de la oposición Pablo Casado ya ha prometido que recurrirá al Tribunal Constitucional.

Tal y como detalló la ministra de Hacienda María Jesús Montero, los Presupuestos 2022, cuyo techo de gasto no financiero se situará en 196.142 millones de euros, vendrán generosamente alimentados por los 27.633 millones del Plan Europeo de Recuperación, Transformación y Resiliencia, dedicándose un gran porcentaje a Industria y Energía, y precisamente el 90% de los fondos de dicho Plan a inversiones.

Asimismo, el Gobierno prevé que todos los epígrafes del Presupuesto de gastos registren incrementos, salvo el dirigido a pagar intereses de la deuda, gracias a la mejora de las finanzas públicas, algo que pone seriamente en duda la oposición a través del portavoz nacional del Partido Popular y alcalde de Madrid José Luis Martínez Almeida; para él las cuentas propuestas se sostienen sobre "dos premisas falsas": "unos ingresos tributarios que no se están produciendo y una actividad económica que no está creciendo tanto como muestran las previsiones".

Esa es precisamente una de las mayores críticas que se le hacen a los Presupuestos desde algunos foros económicos. Las cuentas son tan expansivas ya que la UE ha levantado el pie del acelerador y, con motivo de la pandemia, ha insuflado liquidez a los Estados a la vez que ha permitido aumentar la deuda y el déficit públicos. Desde Bruselas se ha congelado temporalmente la vigilancia sobre las desviaciones más pronunciadas de los Estados miembro, con intención de retomarla cuando la pandemia quede atrás, si bien sugería a los Gobiernos plantear previsiones de crecimiento creíbles para controlar sus cifras de déficit. Es ahí donde algunos sectores le afean a la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, unas previsiones excesivamente optimistas según las cuales la economía crecería un 7% en 2022; ello, unido al aumento de la demanda interna y a la creación de empleo, permitiría mejorar la recaudación fiscal y cuadrar así las cuentas. El propio Banco de España reduce la previsión de crecimiento del PIB de 2022 al 5,9 %.

Además, la política de expansionismo y mirada al costado de Bruselas no será eterna, e incluso el próximo año la UE ya se podrá plantear volver a aplicar las medidas que reconduzcan la situación, algo especialmente gravoso en el caso español, que acumula una gran cantidad de déficit estructural independiente de influencias externas. La única manera de "adelgazar" el exceso de gasto público consiste en elevar de manera exponencial los ingresos vía actividad económica, y por ello será decisivo que el Gobierno acierte en sus previsiones de crecimiento económico (crecimiento del 7 % del PIB, objetivo de déficit del 5 % del PIB, pero también del 8,1 % de la recaudación tributaria).

Como apunta Íñigo Fernández de Mesa, presidente del Instituto de Estudios Económicos, las cuentas debieran tener muy en cuenta la consecución de una mejora de la calidad y de la eficiencia del gasto público (según cifras del Instituto de Estudios Económicos, si en España se lograra que la eficiencia del gasto público fuera similar a la de la media de la OCDE, podríamos provisionar los mismos servicios públicos actuales con un 14 % menos de gasto, lo que supondría unos 60.000 millones de euros anuales menos.

En resumen, los presupuestos de la recuperación benefician mayormente a jóvenes, pensionistas y funcionarios, se centran en el gasto social y son alimentados por fondos europeos que apuestan por la inversión y la productividad. Como apunta el economista, José Carlos Díaz, "tenemos un grave problema de productividad y los fondos europeos pueden ser la última oportunidad para modernizar nuestra economía, especialmente en digitalización. Pero también hay que modernizar nuestros mercados de capitales y de trabajo para adaptarlos a la nueva era de la tecnología global". En definitiva, mientras que Europa no apriete, el desafío es aprovechar eficientemente estos Presupuestos de "vacas gordas" para construir la España del futuro.

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