Opinión

Los nudos gordianos de la universidad

La Ley de Universidades, muy lejos de resolver los problemas reales de estos centros educativos

Un profesor e ingeniero de Caminos llamado Víctor Gómez Frías se preguntaba no hace mucho:

"¿Imaginan un avión donde el piloto se eligiera entre los pasajeros de clase preferente? ¿Un Ministerio donde el responsable de la cartera emanara del sufragio entre los funcionarios?"

Pues bien, un concepto dudoso llamado autonomía universitaria ha llevado a que todas universidades públicas españolas elijan rector entre sus catedráticos y por sufragio ponderado de la comunidad universitaria. Así, la elección prioriza la protección de intereses internos, no del conjunto de la sociedad. Además, sólo se puede elegir entre quienes han progresado en su carrera profesional por méritos docentes o científicos, cuando el puesto de rector requeriría privilegiar las competencias de gestión, negociación, representación y liderazgo.

"¿Se imaginan –continúa Gómez Frías- una ley determinara cómo deben estructurarse internamente todas las empresas de un mismo sector? ¿Una organización donde no solo su máximo representante sino todos los que encabezaran departamentos intermedios se eligieran por y entre sus miembros?"

Por otro lado, son los departamentos los que cooptan a los nuevos profesores y también se les atribuye competencia para decidir el reparto entre sus miembros de las asignaturas y otras funciones académicas.

Es frecuente que a múltiples niveles (entre profesores, entre departamentos, entre instancias más altas y más bajas) los conflictos y las decisiones se enquisten en el tiempo ante la ausencia de una autoridad efectiva para arbitrar y la dificultad para alinear tantos niveles independientes que responden a cuerpos electorales diversos.

El resultado de toda esta endogamia es que la mayoría los profesores ha permanecido en el mismo centro en el que realizó sus estudios, tanto iniciales como de doctorado. Esta cuestión se refuerza por la citada limitación para elegir cargos solo entre los profesores de la propia universidad. Y ello provoca que entre los electos para responsabilidades internas la endogamia sea aún mayor.

Una vez "dentro", el sistema tiende a protegerlo, sacándole "su plaza" fija por un criterio casi estrictamente de antigüedad, donde con frecuencia no tendrá que competir con nadie. Ya se sabe: "Lo primero y principal, es tener un buen tribunal; lo segundo e importante, es no tener contrincante".

Todos estos defectos se retroalimentan y generan escaso dinamismo, miedo a la toma de decisiones y desconexión de la sociedad.

¿Tienen arreglo estos nudos gordianos? Claro que sí, pero desde luego no está en la nueva Ley de Universidades que quiere la igualdad de género y otros ataques contra el mérito y la capacidad que defiende nuestra Constitución.

Se hace cada vez más urgente construir puentes entre el empresariado y la Universidad, de suerte que ésta responda a las demandas de formación y especialidades que el país vaya necesitando. De esta forma, la rigidez actual iría desapareciendo y la agilidad y la flexibilidad crecerían, y, como resultado, la empleabilidad de los egresados también aumentaría. Cosa esta última que falla estrepitosamente en la actual Universidad española, que además de endogámica es ineficiente.

Pero no parece que la Ley de Universidades que anuncia el Gobierno pretenda abordar los verdaderos problemas que –desde luego- nunca arreglará la "cuota de género".

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Comentarios 6

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VIO
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La endogamia universitaria es un mal endémico que va a seguir por muchos años. De alguna manera se retroalimenta a sí misma, pero no creo que ocurra solo en la universidad, también se produce en otros muchos cuerpos de funcionarios, como por poner un ejemplo, el de los maquinistas de trenes. Ya a principios del siglo XX don Santiago Ramón y Cajal presidió la Junta para Ampliación de Estudios en el Extranjero, que pretendía que los mejores estudiantes completasen su formación en prestigiosas universidades europeas, y que tan buenos resultados aportó a la ciencia española. Por otra parte, la reflexión de don Joaquín vuelve a tener razón, ya que la conexión de la universidad con las empresas españolas es casi inexistente, de modo que la mejor opción para los estudiantes más destacados una vez acabados los estudios es quedarse en la misma universidad y, si pueden, en el mismo departamento. Como apunta don Joaquín, defender la igualdad de género frente al mérito carece por completo de sentido y va en detrimento de la propia esencia de la universidad que es la libertad de cátedra y la capacidad de cada uno.

Puntuación 9
#1
Facior
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Cuando era estudiante estaba a la puerta de un laboratorio esperando la hora de una examen. Se sentó un bedel junto a mi y me dijo. Este profesor ha estado toda la noche en el laboratorio realizando experimentos. Sus descubrimientos en física nuclear han tenido resonancia mundial. Pero el rector le ha dicho que se quite de la cabeza el acceso a cátedra porque no es del Opus.

En otra Universidad, se rechazó a un físico con grandes méritos por no se de UCD, el partido que gobernaba entonces.

Otro físico fue rechazado porque ostentaba más publicaciones que el catedrático que lo tenía que contratar.

Einstein trabajaba en una oficina de patentes porque lo rechazó la Universidad. Pero los que lo rechazaron no son conocidos mientras Einstein brilla en la historia. Es que el Tiempo es insobornable y entierra toda la mediocridad.

Uno de los mecanismos psicológicos típicos de los mediocres es sustituir el mérito por la fe en alguna doctrina dogmática. Antes era la cristiana, hoy es la feminista, la igualitaria o la identitaria o la que usted sabe.

Puntuación 7
#2
yomismo
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Los diagnósticos siempre son los mismos, en las sociedades de la meritocracia siempre se denuncian las transgresiones a los principios de mérito y capacidad, así como en el Medievo denunciaban los pecados que desvían el pensamiento y la conducta del camino de Dios. Por supuesto, que esto forma parte del mismo sistema, lo sustenta, lo vivifica y permite su existencia. Lo que se critica no es tanto para cambiar las cosas, como para recordarnos que debemos seguir ahora los caminos del esfuerzo (merito y capacidad), y antaño, los caminos de Dios (la virtud, la santidad).

Construimos los mitos que nos identifican, más por lo que deseamos, que por lo que somos. Ni el hombre del Medievo era santo, ni podía serlo, ni el hombre contemporaneo es una máquina que se mide solo por lo que “vale”,por sus meritos y capacidades, ni nunca se le medirá solo por eso (afortunadamente)

Puntuación 5
#3
Usuario validado en elEconomista.es
amilcarbarsa
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¿Para cuándo una puertita giratoria, Don Joaquín? Auuuhhhhh

Puntuación -4
#4
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Estimado Sr Leguina, por favor abogue por traducir bien al castellano toda la normativa alemana relativa a la educación a todos los niveles y la relación con la empresa privada y aprobarla en el Congreso. Tienen muy buenos resultados desde hace décadas, copiémosles, no inventemos nada en este campo, por favor, los españoles somos por lo menos tan listos como los alemanes, solo tenemos una normativa pésima gestionada de forma igualmente pésima. Salud y suerte.

Puntuación 4
#5
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Lo que nos comenta es un realmente un gran problema pero existe otro aun mucho mayor. Este país, históricamente, se ha basado en la mediocridad. Creo sinceramente que toda persona tiene algún área en la que destaca por encima de los demás, pero el sistema esta pensado, solo para aquellos que rebasen un determinado nivel en todas las áreas. Dice un viejo refrán "Quien mucho abarca poco aprieta". Así, desperdiciamos muchísimas mentes que podrían haber brillado intensamente en sus respectivas áreas. No creo en un futuro cercano cambie nada, por lo que seguiremos por mucho tiempo, siendo un país condenado a la dependencia y al servilismo internacional.

Puntuación 0
#6