Opinión

Puigdemont apuntala el fracaso de la negociación en Cataluña

El expresident fugado Carlos Puigdemont es el tiro de gracia de la mesa de diálogo

"Desaguisado, disparate, acción que produce gran daño o perjuicio". Cuando los académicos de la Real Academia Española debatieron la definición de la palabra barrabasada no estaban pensando en la negociación entre Sánchez y sus socios independentistas catalanes para hablar sobre el troceado de España en pedacitos. Y ahora que Carles Puigdemont vuelve al primer plano de la actualidad política y judicial, si alguien aún piensa que esta mesa de diálogo no cojea es porque le han cercenado las cuatro patas hasta dejar el tablero a ras de suelo.

Más allá del resultado final de la detención del expresidente de la Generalitat de Cataluña a su llegada a la isla italiana de Cerdeña por la orden de búsqueda y captura del Tribunal Supremo, y dentro de mi interés por compartir mi experiencia en el día a día con las empresas, de las que considero que la política tiene mucho que aprender, quiero analizar cómo este hecho ha apuntalado definitivamente el fracaso de la negociación iniciada entre el Gobierno de España y el de Cataluña y que escenificaron con un rosario de buenas palabras que, al pasar ya unos días, se confirman que estaban vacías de contenido real.

Entrando en la materia que a mí más me interesa de esta cuestión, un proceso negociador entre dos partes que pretende lograr un objetivo común requiere una base sólida y compartida sobre aspectos como las personas que van a sentarse a negociar, la agenda de los temas a tratar o el calendario previsto para las siguientes reuniones.

Sin embargo, en el caso de esta mascarada de negociación, fallan estas tres cuestiones previas. En primer lugar, la toma de decisiones sobre las personas que participan ha sido el penúltimo circo, y no precisamente con los leones del Congreso de los Diputados como protagonistas. El siniestro juego de utilizar las instituciones públicas a las que representas para lanzarlas a la cara de tu oponente político en una especie de táctica torticera es cualquier cosa menos una estrategia digna de personas que han recibido nuestro voto. De hecho, en un Consejo de Administración de cualquier empresa medianamente sería, este tipo de comportamientos jamás tendrían cabida.

El segundo aspecto básico para una negociación es el diálogo previo para consensuar los temas a analizar durante la reunión, así como cuáles son los objetivos que pretenden lograr. En este punto, y si hacemos el inmenso esfuerzo de creer a ambas partes, lo único seguro es que el desacuerdo está asegurado, ya que las tanto unos como otros han puesto sobre la mesa la imposibilidad de acordar nada que se parezca a un acuerdo.

Aquí me va a permitir que haga un receso sobre el análisis de la propia negociación para hacerme la siguiente pregunta: "Entonces, ¿para qué diantres se reúnen si saben que no van a llegar a ningún acuerdo?". Desgraciadamente para los que creemos en el valor de la negociación como herramienta fundamental de las estrategias empresariales, el único motivo es la búsqueda de una fotografía que les haga amasar algún que otro voto y continuar con los apoyos cruzados entre ambas partes.

De hecho, lo único que realmente le importa a Pedro Sánchez de todo esto es crear un nuevo asidero para agarrarse con más fuerza aún al cetro de poder que ostenta y, si puede ser, contar con los votos de los partidos independentistas que estén dispuestos a votar a favor del próximo presupuesto del Gobierno. Unas cuentas para 2022, por cierto, aún más importante que las actuales dentro de la estrategia del PSOE, ya que serán justo antes de las próximas elecciones generales, siempre y cuando éstas no se adelanten, y que utilizarían para poner en marcha medidas puramente propagandística a la caza del votante que se deje engatusar.

El tercer aspecto que requiere una negociación seria es establecer un calendario consensuado para las reuniones de los siguientes meses. Pues bien, como en los dos puntos anteriores, aquí nadie sabía nada hasta que Sánchez decidió darlo a conocer pocas horas antes de la propia reunión. Imagine por un momento que usted es el gerente de una compañía que está diseñando un acuerdo con otra empresa de su sector y se entera a través de un comunicado de la fecha de la fecha de la primera reunión sin habérselo consultado. ¿A qué no le gustaría enterarse así, sin comunicación directa con su interlocutor?

Obviamente, así es como se hacen las cosas si quieres que todo lo siguiente salga mal. Y, aunque sea extraño de comprender para los que pensamos en la política como el arte de gestionar el bien común, las dos partes de esta reunión no tienen el menor interés en que ésta salga bien.

Y ahora, de repente, desde la caverna de Waterloo vía Cerdeña, reaparece la figura del fugado de la justicia Puigdemont, al que todo esto de la negociación y la mesa del diálogo no forma parte de su estrategia y que, si finalmente acabara llegando detenido a España, sería utilizado a conciencia para frenar cualquier intento de fructificación de esta mal llamada mesa de diálogo que, por otra parte, no necesitaba el estoque de la caída de Puigdemont para certificar su acta de defunción.

Para finalizar, y volviendo a la manoseada política que tanto deberíamos cuidar entre todos, queda claro que el único interés de Sánchez con esta reunión es contentar a un socio necesario para aferrarse al poder. Ahora, queda por ver si el regreso de Puigdemont al primer plano puede hacer explotar cualquier aparente vía de entendimiento entre Sánchez y sus socios independentistas. Veremos.

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