Opinión

Seguro de crédito: Cobertura y financiación en tiempos de incertidumbre

Es preciso una mejora de la salud financiera de muchas empresas

Incertidumbre. Este el término que mejor define la situación que vivimos desde hace ya más de un año y medio, cuando la crisis provocada por la pandemia puso entre la espada y la pared al tejido empresarial. La difícil tesitura en la que se encuentran tanto grandes como pequeñas y medianas compañías es síntoma inequívoco de una ralentización económica que previsiblemente experimentará un aumento de la morosidad empresarial cuando finalicen las ayudas gubernamentales.

De hecho, el Banco de España ya alertó en agosto del año pasado de una alta probabilidad de impago en una de cada tres compañías españolas. Una cifra reveladora que pone de manifiesto la fragilidad de la economía.

Suceda o no, lo cierto es que la incertidumbre no es buena compañera de viaje, sobre todo en los negocios, y si alguna lección hemos aprendido de las crisis anteriores es que los gigantes también se desmoronan porque nadie es demasiado grande para caer. En cualquier caso, existen herramientas para minimizar esta inseguridad y poder seguir en la senda del crecimiento, aún en tiempos complicados.

Un claro ejemplo es el seguro de crédito, un instrumento financiero que protege a las organizaciones del riesgo de impago de sus clientes, tanto nacionales como internacionales. Aunque España es un mercado maduro respecto a otros países, esta herramienta sigue sin estar del todo integrada en el tejido empresarial, con una cuota de penetración reducida.

Esto se traduce en que la mayoría de las empresas no están protegidas frente a posibles impagos, exponiendo la continuidad de su negocio a decisiones empresariales de un tercero. Además, si tenemos en cuenta que el 25% de las quiebras corporativas están relacionadas con impagos de clientes, el escenario es aún más alarmante.

Cambio de perspectiva: de gasto a inversión

Ante una situación como la actual, es de especial relevancia que las empresas tomen conciencia de la necesidad del seguro de crédito y transformen la idea de gasto para concebir esta póliza como una inversión en protección ante imprevistos que no dependen de uno mismo.

Pero, sobre todo, hay que contemplar el seguro de crédito como una herramienta con unas utilidades muy claras, como la aportación de información sobre la solvencia de los clientes, tanto activos como potenciales; la capacidad de recobro para aquellos impagos que no se hayan podido evitar o, en caso de no recobro, la indemnización. Además, permite un acceso a más y más barata financiación al tener los derechos de cobro garantizados, algo fundamental en un escenario de contención bancaria.

Por tanto, además de preservar el balance y aumentar el flujo de efectivo y la capacidad para solicitar financiación, el seguro de crédito también se erige como un excelente aliado a la hora de abrir nuevas relaciones comerciales, así como mejorar las condiciones de pago con los clientes.

Es decir, aporta la tranquilidad y bienestar tan necesarios en un negocio, permitiendo que la cadena de venta-facturación-cobro se desarrolle sin quebraderos de cabeza, algo esencial para el crecimiento sostenido de la compañía.

Salvavidas de numerosas empresas

Es inevitable recordar que más de 200.000 empresas españolas tuvieron que cerrar durante los tres primeros trimestres de 2020, tal y como constata el Instituto Nacional de Estadística (INE). Una tendencia que no está mejorando, ya que las insolvencias empresariales crecieron un 94% en los primeros cinco meses de 2021, según Iberinform.

Nos encontramos en un escenario complejísimo, con inflación, inestabilidad en el empleo por la conversión de los ERTE en ERE, una deuda enorme que castigará las finanzas del Estado, más un déficit estructural notablemente por encima de los requerimientos europeos que seguramente conlleve una subida impositiva y una disminución de renta disponible, que penalizará al consumo.

Si bien es cierto que es de suma dificultad cuantificar el número de compañías que podrían haber hecho frente a sus obligaciones en caso de disponer de un seguro de crédito, sin duda alguna hubiera significado un gran alivio en numerosos casos.

Volviendo al inicio, y como todas las buenas historias, a pesar de estar rodeados de incertidumbre y signos negativos y no poder evitar la tormenta, sí es posible minimizar sus efectos utilizando las herramientas disponibles para reducir riesgos. Por ello, la inversión en salud financiera debe ser una de las vías a explorar.

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