Opinión

¿Qué esperamos en regulación financiera europea en el próximo semestre?

Expectativas regulatorias del sector financiero para el resto del año

La inesperada aparición de la crisis del Covid-19 en 2020 obligó a los reguladores financieros a reaccionar con agilidad para garantizar el correcto funcionamiento del sistema bancario en unas circunstancias sin precedentes, enfocando su actividad en facilitar el apoyo de los bancos a las economías y posponiendo a 2021 la ejecución de otras iniciativas ya programadas. Así lo demuestran los objetivos estratégicos y las iniciativas recogidas en los planes de trabajo publicados por los principales organismos reguladores, tanto globales como de ámbito europeo.

Según ha avanzado 2021, hemos visto una fase de "cauta vuelta a la normalidad", retomando actividades aplazadas en 2020 como la publicación de ciertas normas técnicas o el ejercicio de estrés de la EBA. Pero quizá lo más importante es que se han retomado importantes proyectos normativos que van a ser clave en el marco regulatorio europeo.

Europa está decidida a potenciar las finanzas sostenibles como vehículo hacia la recuperación económica post-covid, como bien refleja el programa europeo Next Generation. Por ello, tomarán más protagonismo los factores asociados a criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ESG) que se incorporarán en la regulación y supervisión prudencial de las entidades financieras.

Adicionalmente, otra de las preocupaciones de los reguladores europeos es impulsar modelos de buena gobernanza, por ejemplo a través de políticas de lucha contra el blanqueo de capitales y financiación del terrorismo (AML/FT). En esta materia se espera en los próximos meses un desarrollo legislativo del Plan de Acción de la Comisión que garantice que la normativa europea se aplica con efectividad en todos los Estados Miembros, y se afrontará la decisión de si se debe crear un nuevo órgano en la UE que supervise la correcta aplicación de la regulación comunitaria de AML en los diferentes Estados.

También es previsible la publicación del primer borrador europeo que transponga los últimos estándares de Basilea III, después del retraso experimentado por la pandemia. Este paquete regulatorio será muy relevante, ya que incluirá cambios muy significativos en el cálculo de requerimientos de capital para todos los riesgos, especialmente los de crédito, mercado y operacional. Y además incluye una nueva medida que limita la ventaja de usar modelos internos, el suelo de capital, que apunta a ser uno de los elementos principales de la negociación. Esperamos que la Comisión Europea publique su informe después del verano, dando así inicio a un proceso legislativo que podría extenderse entre 2 y 3 años.

Por último, Europa seguirá impulsando las iniciativas de integración económica, centradas en dos proyectos: la finalización de la Unión Bancaria, y la Unión del Mercado de Capitales. En el primero se plantea una revisión del marco de gestión de crisis hacia final de año vía la revisión de la BRRD (Banking Recovery and Resolution Directive), del mecanismo SRMR (Single Resolution Mechanism Regulation) y de la Directiva de Fondos de Garantía de Depósitos, y también continuarán las discusiones alrededor de un Esquema Europeo de Garantía de Depósitos, más conocido como EDIS. Por su parte, se prevé que el proyecto de Unión del Mercado de Capitales tenga también gran relevancia, dada su capacidad de contribuir a la recuperación económica, y a que ésta sea homogénea entre los diferentes Estados Miembros. En este sentido, en el segundo semestre de 2021 se seguirá trabajando sobre el plan de acción ya definido en 2020, destinado principalmente a facilitar la financiación para las pequeñas y medianas empresas.

En conclusión, esperamos un segundo semestre de año marcado por una progresiva vuelta a la normalidad, en el que la actividad reguladora estará muy enfocada al análisis de la situación post-Covid y a la gestión de riesgos (principalmente de crédito), impulsando en paralelo el desarrollo de objetivos de sostenibilidad y digitalización. La regulación debe ayudar al proceso de transición ecológica, y favorecer la innovación y el cambio de procesos y sistemas para que los bancos puedan seguir apoyando a las economías en su recuperación.

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